El COI está construyendo una relación cada vez más directa con los deportistas olímpicos. Las federaciones internacionales mantienen el control técnico de sus deportes, pero el organismo de Lausana concentra más espacios de contacto con el atleta: financiación, comunicación, representación, servicios digitales, clasificación y experiencia olímpica.
La nueva estrategia Fit for the Future ofrece el ejemplo más claro. Desde los Juegos de Invierno de Milán-Cortina 2026, cada deportista olímpico podrá recibir una ayuda directa de 10.000 dólares. El COI entregará por primera vez dinero a todos los participantes sin limitar el apoyo a becas gestionadas a través de comités olímpicos nacionales o programas destinados a grupos concretos.
El 7 de julio, el COI abrió además una consulta para reforzar su relación directa con la comunidad mundial de olímpicos. El objetivo declarado es aumentar su sentimiento de pertenencia y mantener el vínculo antes, durante y después de los Juegos. La iniciativa amplía una estructura que ya incluye Athlete365, la identificación olímpica, programas de formación, recursos profesionales, apoyo psicológico y comunicación personalizada.
El atleta se convierte en el centro estratégico
El atleta genera el valor que mantiene unido al Movimiento Olímpico. Las competiciones, los patrocinadores, las audiencias, las federaciones y los comités nacionales dependen de su participación. El COI ha decidido acercarse directamente a esa fuente de valor y reducir la distancia institucional que históricamente existía entre Lausana y quienes compiten.
La pregunta relevante afecta a la relación institucional. El deportista pertenece únicamente a sí mismo, pero varias organizaciones compiten por ser su referencia principal. Quien financia, comunica, escucha, protege y acompaña al atleta adquiere también capacidad para orientar sus prioridades y representar sus intereses.
Las federaciones internacionales ocuparon durante décadas una posición privilegiada en esa cadena. Regulaban el deporte y servían de enlace entre el COI y los competidores. Los comités olímpicos nacionales completaban el recorrido preparando y llevando a sus delegaciones a los Juegos.
Ese modelo sigue vigente, aunque el COI controla ahora más puntos del recorrido. Su Comisión de Atletas participa en las decisiones olímpicas; Athlete365 ofrece servicios directos; Olympic Solidarity financia la preparación; y el nuevo programa económico entregará recursos a cada olímpico. El contacto ya no necesita pasar siempre por una federación o un comité nacional.
Las federaciones conservan el deporte
Las federaciones mantienen una autoridad imprescindible. Elaboran las reglas, organizan competiciones, forman árbitros, gestionan rankings y establecen las vías deportivas de clasificación. La Carta Olímpica sigue reconociendo que cada federación diseña su sistema clasificatorio y lo presenta al Comité Ejecutivo del COI para su aprobación.
El cambio afecta a su posición estratégica. Una federación puede conservar todo el control técnico de su disciplina y perder parte de su función como intermediaria institucional. El COI puede hablar con los deportistas, financiarlos, ofrecerles herramientas y diseñar la experiencia olímpica sin cuestionar quién decide las reglas del deporte.
La clasificación muestra bien ese equilibrio. Las federaciones preparan sus sistemas, pero el COI fija principios generales, exige varias oportunidades para clasificarse, protege la representación continental y aprueba finalmente cada modelo. También ha creado productos propios como las Olympic Qualifier Series, que agrupan varias disciplinas en una competición de clasificación vinculada directamente a la marca olímpica.
Una redistribución sin ruptura
La estrategia tiene una lógica clara para el COI. Los Juegos Olímpicos son su principal producto y los atletas son quienes le dan valor. Cualquier institución que quiera proteger su futuro busca una relación más próxima con las personas que sostienen su actividad.
El movimiento tampoco implica necesariamente un conflicto con las federaciones. El COI necesita su conocimiento técnico, sus competiciones y sus estructuras internacionales. Las federaciones necesitan los Juegos para conservar visibilidad, financiación y relevancia mundial.
La relación cambia porque el COI deja de depender exclusivamente de ellas para llegar hasta el atleta. El nuevo reparto mantiene a las federaciones como autoridades deportivas y refuerza a Lausana como centro financiero, comunicativo y estratégico del sistema.
La transformación de cara a Los Ángeles 2028 dependerá de cómo se repartan esas funciones. El COI puede consolidarse como principal referencia institucional del olímpico, mientras las federaciones concentran su poder en la regulación y el desarrollo de cada deporte. Las federaciones seguirán siendo indispensables, pero su valor puede residir cada vez más en gobernar el deporte y cada vez menos en controlar la relación entre el atleta y los Juegos Olímpicos.
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