Nike ha firmado a Anna Leigh Waters en un acuerdo de patrocinio que marca la primera incursión de la marca en el pickleball, un movimiento que sitúa a esta disciplina en un nuevo escalón de visibilidad comercial. La jugadora estadounidense, considerada la principal figura del circuito profesional como número uno en todas las disciplinas, pasa a formar parte del grupo de atletas patrocinados por la compañía en un contexto de fuerte expansión del deporte.
La operación se produce en paralelo al crecimiento sostenido del pickleball, especialmente en Estados Unidos, donde se ha consolidado como una de las disciplinas con mayor aumento de participación en los últimos años. La Federación de la Industria del Deporte y el Fitness (SFIA) sitúa en 13,6 millones los participantes en 2023, con un aumento interanual del 51,8% y un crecimiento acumulado del 223,5% desde 2020. El incremento de practicantes, competiciones y audiencias ha convertido al pickleball en un fenómeno deportivo que empieza a atraer a grandes marcas globales más allá del ámbito del equipamiento específico.
El salto del pickleball en cifras
La aceleración no se refleja solo en participación, también en oferta de instalaciones y localizaciones registradas. USA Pickleball señala que su base de datos ‘Places to Play’, en colaboración con Pickleheads, incorporó 4.000 nuevas ubicaciones en 2024 y alcanzó 15.910 localizaciones en Estados Unidos, mientras que la base total de Pickleheads recopiló 68.458 pistas con 18.455 añadidas durante ese año.
Ese crecimiento ha ido acompañado de una profesionalización rápida, con circuitos y ligas que han consolidado calendarios y audiencias, y con una presencia creciente de marcas y patrocinadores. En ese contexto, la entrada de Nike no se limita a un acuerdo individual: funciona como indicador de que el pickleball ya compite por espacio en el mercado del deporte de alto rendimiento, donde la equipación y el calzado se convierten en parte del relato del espectáculo.

Qué significa que Nike entre en el pickleball
El fichaje de Waters se produce, además, en una etapa de expansión de su perfil comercial. Medios especializados y de negocio la sitúan como una de las deportistas más influyentes del pickleball, y su presencia en grandes escaparates mediáticos ha sido utilizada como termómetro de la llegada del deporte a audiencias más amplias.
En el plano deportivo, Waters aparece como número uno en las clasificaciones del PPA Tour en individuales, dobles y dobles mixtos, un dominio que refuerza el valor de un acuerdo de patrocinio para una marca que busca asociarse con la figura más reconocible del circuito. La apuesta por ropa y calzado, y no por material, también apunta a un espacio de mercado propio: el pickleball ya no solo vende palas, también vende equipación “de pista” con identidad propia.
La vía olímpica del pickleball
El crecimiento y la profesionalización se conectan con un objetivo que el deporte ha empezado a verbalizar con más insistencia: entrar en el programa olímpico. A nivel internacional, organizaciones como la Global Pickleball Federation han enmarcado parte de su trabajo en el camino hacia el reconocimiento del Comité Olímpico Internacional (COI), citando la necesidad de reforzar gobernanza, marcos éticos y estructura federativa global como pasos previos.
En ese horizonte, la propia Waters ha vinculado públicamente la evolución del deporte con la ambición olímpica, apuntando a 2032 como una meta plausible dentro del calendario de futuros Juegos. Con ese telón de fondo, acuerdos como el de Nike funcionan como una señal de madurez comercial en paralelo a la búsqueda de estructura internacional, dos elementos que suelen ser relevantes cuando un deporte intenta consolidarse en el ecosistema olímpico.




