Nikola Jokic afronta un nuevo desafío con la selección de Serbia al asumir, por primera vez, la capitanía del equipo nacional en un momento decisivo. La estrella de la NBA volverá a vestir la camiseta de su país para disputar las eliminatorias europeas rumbo a la Copa del Mundo de Baloncesto FIBA 2027, con la responsabilidad de conducir a un grupo que necesita recuperar terreno tras un irregular inicio de la clasificación. El debut de Jokic como capitán llegará frente a Suiza en Friburgo, antes de recibir a Bosnia y Herzegovina en Belgrado, dos compromisos que podrían marcar el futuro de Serbia en la carrera hacia el Mundial de Qatar.
Aunque el propio Jokic reconoce que nunca buscó portar el brazalete, el seleccionador Dusan Alimpijevic no tuvo dudas al confiarle el liderazgo del plantel. La decisión responde tanto a su impacto dentro de la cancha como a la influencia que ejerce en el vestuario, donde su profesionalismo y compromiso se han convertido en un ejemplo para compañeros de distintas generaciones. Con un balance de 2-2 tras las derrotas sufridas frente a Turquía, Serbia sabe que necesita sumar victorias para mantenerse con opciones reales de clasificación, y la presencia de su máxima figura representa un impulso tanto deportivo como emocional.
Jokic asume un liderazgo basado en el ejemplo
Para Nikola Jokic, convertirse en capitán supone un honor que recibe con humildad. Durante su presentación con la selección, reconoció que siente un enorme respeto por todos los grandes jugadores que anteriormente llevaron el brazalete y admitió que incluso hay compañeros con más experiencia dentro del equipo. Sin embargo, aceptó la responsabilidad convencido de que responderá como mejor sabe hacerlo: compitiendo y dando el máximo en cada entrenamiento y cada partido.
Ese perfil explica por qué Alimpijevic nunca consideró otra alternativa. El entrenador destacó que desde el inicio de su gestión siempre contó con la disposición del tres veces MVP de la NBA para representar a Serbia cada vez que sus compromisos profesionales se lo permitieran. Más allá de sus extraordinarias condiciones deportivas, el seleccionador valora especialmente su comportamiento cotidiano, su capacidad para unir al grupo y la naturalidad con la que inspira a quienes lo rodean. En un vestuario repleto de talento, Jokic lidera sin necesidad de grandes discursos, dejando que su actitud marque el camino.
El sueño del Mundial y una deuda pendiente con Serbia
Pese a haber conquistado la NBA con Denver y consolidarse como uno de los mejores jugadores del planeta, Jokic asegura que representar a Serbia despierta emociones imposibles de comparar. Para él, vestir la camiseta nacional significa representar a su ciudad, a su familia y a todo un país, una responsabilidad que describe como mucho más intensa que cualquier otra experiencia deportiva. Ese vínculo explica por qué continúa respondiendo al llamado de la selección cada verano, incluso después de temporadas especialmente exigentes.
La motivación también nace de las cuentas pendientes. Serbia viene de sufrir una inesperada eliminación en el EuroBasket 2025, una derrota que el propio Jokic confesó haber cargado durante mucho tiempo. El pívot reconoció, incluso con una sonrisa, que parte de su deseo de volver responde a la necesidad de dejar atrás esa decepción y devolver a la selección al lugar que considera que le corresponde entre las grandes potencias del baloncesto mundial. Con dos partidos fundamentales por delante y el boleto al Mundial FIBA 2027 en juego, Serbia deposita en su nuevo capitán la esperanza de iniciar un nuevo capítulo.
