Nueva York y Lake Placid, en Estados Unidos, han comenzado a examinar cómo podrían compartir unos Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Invierno en 2042. El comité exploratorio celebró el lunes su primera reunión plenaria en el New York Athletic Club, en Manhattan, con cerca de noventa integrantes de administraciones, empresas, organizaciones deportivas y entidades comunitarias. El objetivo es combinar las instalaciones de montaña de una antigua sede olímpica con los recintos, conexiones y capacidad hotelera de una metrópoli. Todavía no es una candidatura formal, sino una evaluación de si esa combinación resulta viable.
La gobernadora Kathy Hochul ha encargado el trabajo a un grupo presidido por Ashley Walden, responsable de la Autoridad de Desarrollo Regional Olímpico -ORDA-, y apoyado por cinco áreas dedicadas a operaciones, finanzas, asuntos jurídicos, participación comunitaria y asesoramiento estratégico. Durante aproximadamente un año estudiarán infraestructuras, modelos económicos y de gobernanza, y recogerán aportaciones públicas antes de presentar sus recomendaciones al Gobierno estatal. “Tenemos la historia, tenemos las instalaciones”, afirmó Hochul. El examen deberá determinar qué falta para convertir esos activos en un proyecto conjunto.
Las instalaciones existen; las conexiones están por resolver
Lake Placid organizó los Juegos de 1932 y 1980 y mantiene instalaciones en uso para competiciones internacionales, entrenamientos y actividades recreativas. Whiteface Mountain aporta las pistas de esquí alpino; Mount Van Hoevenberg, espacios nórdicos y el circuito de bobsleigh, skeleton y luge; y el conjunto se completa con los trampolines y el Olympic Center. El Estado cifra en más de 750 millones de dólares la inversión destinada a modernizar la infraestructura olímpica regional. Es una inversión ya realizada, no el presupuesto de unos Juegos en 2042, cuya dimensión económica debe evaluar el comité.
La parte metropolitana ofrece otras posibilidades. El asambleísta Robert Carroll, promotor de la iniciativa e integrante del comité, ha señalado recintos existentes como Madison Square Garden, Barclays Center y UBS Arena para deportes de hielo. En un artículo publicado en abril también propuso imágenes menos convencionales: big air en un estadio de béisbol o un esprint de esquí de fondo en Central Park. Son ideas para explorar, no un mapa aprobado. Su planteamiento busca llevar disciplinas invernales a escenarios urbanos y utilizar instalaciones habituales de otras competiciones.
La distancia obliga a estudiar cómo funcionaría esa distribución. Nueva York y Lake Placid están separadas por unos 470 kilómetros por carretera y no existe un tren directo hasta la localidad de los Adirondacks. Walden reconoció el lunes a ‘Reuters’ que el transporte será uno de los mayores desafíos y que las mejoras deben responder también a necesidades posteriores a los Juegos. Carroll plantea combinar ferrocarril hasta Albany o Saratoga Springs con autobuses. Reutilizar recintos puede reducir obra deportiva, pero exige resolver los tiempos de viaje, las conexiones y la proximidad del alojamiento a cada competición.
Alojar a los atletas y dejar vivienda
El alojamiento aparece como una oportunidad de inversión con una función posterior. Carroll propone explorar acuerdos con universidades o reconvertir oficinas infrautilizadas en Nueva York para crear una villa que después pueda convertirse en residencia estudiantil o vivienda asequible. Para Lake Placid contempla combinar edificios permanentes y estructuras temporales. No existe todavía una villa diseñada ni financiada: son alternativas defendidas por uno de los impulsores, que deberán contrastarse con las necesidades de atletas, acompañantes y organización, además de los costes de adaptación y el uso posterior.
La necesidad residencial del norte del Estado precede al proyecto. ‘City & State New York’ recogió en agosto la escasez de vivienda para residentes y la posibilidad, planteada por ORDA, de transformar alojamientos olímpicos en apartamentos asequibles para quienes trabajan en la región. El antecedente de 1980 muestra hasta qué punto importa decidir ese destino desde el comienzo: aquella villa se construyó con financiación federal bajo la condición de convertirse después en una prisión. La comparación sitúa una cuestión concreta sobre la mesa: qué alojamiento necesita el evento y qué vivienda necesita la comunidad cuando termine.
Qué invierno habrá en 2042
La adaptación climática ya forma parte de la operación de las instalaciones. En Mount Van Hoevenberg se acumula nieve al final del invierno y se cubre con astillas de madera para conservarla durante el verano y adelantar la apertura de los circuitos nórdicos. ORDA también utiliza seguimiento meteorológico, drones y sistemas de bombeo para ajustar la producción a la cobertura existente. A ello se suman instalaciones solares que apoyan el suministro de Whiteface y Gore, y una refrigeración modernizada que, según la autoridad, consume un 20% menos de energía. Son actuaciones anteriores al proyecto olímpico, no un plan ambiental específico para 2042.
ORDA cita investigaciones que sitúan a Lake Placid entre los antiguos anfitriones mejor posicionados climáticamente hasta mediados de siglo. Esa ventaja relativa no garantiza nieve natural ni elimina la necesidad de producirla. Un estudio publicado en 2026 por investigadores encabezados por Daniel Scott subraya, además, que el riesgo aumenta para los Paralímpicos, habitualmente celebrados en marzo. Examina adelantar las fechas y mejorar la sostenibilidad de la producción de nieve como posibles adaptaciones generales. El proyecto deberá evaluar condiciones para ambos acontecimientos, incluyendo disponibilidad de agua, energía y temperaturas adecuadas; esas propuestas científicas no son decisiones adoptadas para Nueva York.
El horizonte de 2042 tampoco representa una reserva de sede. Los Alpes franceses organizarán 2030 y Utah, 2034, mientras Suiza mantiene un diálogo privilegiado para 2038, sin adjudicación definitiva. El trabajo neoyorquino debe establecer primero si existe un modelo asumible de financiación, transporte, alojamiento y operación, junto con apoyo comunitario. La reunión del lunes activa ese examen: aprovechar la herencia de Lake Placid y los recursos metropolitanos exige demostrar que las inversiones necesarias servirían también a sus habitantes y que el proyecto puede responder al invierno que habrá cuando llegue el momento de competir.
