Snow volleyball, el deporte que se juega a más de dos mil metros y con botas de fútbol
Javier Nieto
marzo 24, 2026

La edición de este año del Campeonato de Italia de snow volleyball tuvo una sola parada, las finales de Kronplatz, y volvió a dejar una de esas imágenes que explican por sí solas por qué esta disciplina sigue despertando curiosidad: una pista instalada en plena montaña, a más de dos mil metros de altitud, con 16 equipos y 32 partidos disputados en el paisaje de los Dolomitas. En categoría femenina ganó el equipo liderado por la eslovaca Silvia Poszmikova junto a Anna Dalmazzo, Giulia Toti y Sofia Arcaini, mientras que en la masculina se impuso la formación integrada por Jakob Windish, Markus Groeber y Theo Hanni.

Pero la verdadera historia va más allá de ese torneo italiano. El snow volleyball sigue siendo un deporte poco conocido para gran parte del público, una variante nacida sobre nieve que traslada el voleibol de playa a la montaña y que ha ido creciendo de forma lenta pero constante en Europa y en algunos otros mercados. Su rareza no está solo en el escenario, sino también en la imagen de los jugadores: todavía no existe una equipación específica para esta disciplina, por lo que los deportistas suelen competir con ropa térmica bajo camisetas sintéticas y pantalón corto de voleibol, además de botas de fútbol para ganar agarre sobre la nieve y evitar resbalar. La propia Federación Internacional de Voleibol -FIVB- resume su idea como voleibol “en cualquier momento, en cualquier lugar”, de la playa a la montaña y del verano al invierno.

Un boceto a lápiz que se hizo realidad en los Alpes

Aunque existen referencias recreativas mucho más antiguas, el snow volleyball como producto deportivo moderno empezó a tomar forma en 2008 en Wagrain-Kleinarl, en Austria. Allí, Martin Kaswurm, entonces con 22 años, quiso imaginar un evento distinto para el invierno, más allá del esquí y el snowboard. En una noche en el restaurante Gipfelstadl, junto a la estación del telecabina Flying Mozart, empezó a dar vueltas a una idea que en aquel momento sonaba casi improbable: llevar a jugadores de voleibol playa a competir sobre nieve en una pista instalada en altura. Años después recordaría aquel momento con una frase que resume bastante bien el origen de todo: “Al final de aquella noche se encendió algo dentro de mí que me decía: probémoslo, no tenemos nada que perder”.

La intuición se convirtió en proyecto con muy pocos medios y bastante empeño. Kaswurm llegó a dibujar a lápiz el esquema de la pista central, con gradas y restaurante, y fue enseñando ese boceto de empresa en empresa hasta reunir alrededor de 50.000 euros en patrocinios. El primer torneo se celebró el 7 de marzo de 2009. El tiempo fue muy frío y apenas hubo entre 20 y 30 espectadores, la mayoría amigos y familiares, pero la sensación no fue de fracaso. “No me vine abajo, porque vi el potencial”, contó después. La segunda edición, ya en 2010, aprovechó las imágenes del debut para lanzar una promoción más agresiva y ahí empezó a percibirse que aquella ocurrencia alpina podía transformarse en algo con recorrido.

El salto al paraguas de la CEV y después a la estructura de la FIVB

El crecimiento institucional llegó unos años después. La Confederación Europea de Voleibol -CEV- asumió la organización del Snow Volleyball European Tour desde 2016, lo que dio al deporte una estructura más reconocible y un calendario continental. En sus primeras etapas se jugaba en formato de dos contra dos, pero desde la temporada 2019 el circuito europeo pasó al tres contra tres, formato con el que ha seguido desarrollándose. El tour se ha apoyado en sedes de montaña y en un sistema abierto a equipos inscritos a través de las federaciones nacionales, con plazas repartidas por ranking, cuota del país anfitrión y wild cards.

La FIVB dio otro empujón importante al reconocer el snow volleyball como una de sus disciplinas y lanzar en 2019 el primer Snow Volleyball World Tour. Aquella cita inaugural, de nuevo en Wagrain-Kleinarl, reunió equipos de los cinco continentes y confirmó la ambición de sacar esta modalidad del marco estrictamente europeo. El propio Kaswurm reconoció entonces que lo que estaba ocurriendo iba mucho más lejos de lo que habían imaginado una década antes. “Hace diez años teníamos nuestra visión y nuestros sueños, pero esto está claramente más allá de lo que podíamos haber imaginado”, dijo en aquel momento, cuando el proyecto ya había superado los 40 eventos entre torneos, exhibiciones y citas promocionales.

Un crecimiento desigual, pero con base nacional y regreso del World Tour

El desarrollo no fue completamente lineal. La pandemia y otros problemas frenaron la continuidad internacional del circuito, pero el deporte siguió vivo a través de tours nacionales, eventos promocionales y actividad europea. En 2023, la FIVB señaló que alrededor de 20 países habían estado organizando campeonatos nacionales o tours nacionales de snow volleyball en las temporadas recientes, y que en ese mismo año se habían sumado seis países más con nuevas actividades. La federación insistió además en que su objetivo pasa por aumentar el conocimiento del deporte, trabajar desde programas juveniles y favorecer que más confederaciones continentales y federaciones nacionales se impliquen en su desarrollo.

Ese intento de relanzamiento se vio de nuevo en 2025, cuando el FIVB Snow Volleyball World Tour regresó por primera vez desde 2019 con un torneo en Erzurum Palandoken, en Türkiye, a más de tres mil metros sobre el nivel del mar. Allí compitieron equipos de Francia, Georgia, Irán, Italia, Ucrania y del país anfitrión, mientras el European Tour seguía programando paradas en lugares como Bakuriani, Erzurum o Prato Nevoso. En ese contexto, la final italiana de Kronplatz no fue solo una anécdota alpina, sino otra señal de que el snow volleyball mantiene una estructura todavía pequeña, pero real, con presencia nacional, circuito europeo y una estrategia internacional que sigue intentando convertir un deporte raro para muchos en una disciplina reconocible dentro del voleibol.