La UEFA ha autorizado de manera excepcional la celebración de un partido oficial de LaLiga en Estados Unidos. El encuentro, previsto entre Villarreal y Barcelona, se disputará en Miami dentro de la jornada 17 del campeonato, una decisión que marca un precedente histórico para el fútbol europeo y que ha generado una fuerte división entre instituciones, clubes y jugadores.
Desde LaLiga se presenta la iniciativa como un paso natural en su estrategia de expansión internacional, interrumpida en 2019 tras la negativa judicial al primer intento de llevar un partido oficial fuera de España. La Real Federación Española de Fútbol -RFEF- ha tramitado el permiso correspondiente, mientras que la Federación Internacional de Fútbol Asociación -FIFA- estudia aún la dimensión normativa de la medida.
El Real Madrid critica falta de consulta y advierte abuso institucional
El Real Madrid fue el primer club en expresar su rechazo a la decisión. En un comunicado oficial, la entidad afirmó que el partido en Miami “vulnera la integridad de la competición” y que la autorización “compromete la legitimidad de los resultados”. Además, el club blanco reprocha que no fue consultado previamente, algo que considera contrario al principio de igualdad entre participantes.
Fuentes internas del club han señalado que la decisión “se adoptó sin transparencia ni consenso” y que el Real Madrid ha trasladado sus quejas formales tanto a la UEFA como a la FIFA y al Consejo Superior de Deportes -CSD-, en busca de una revisión del procedimiento.
El sindicato AFE y los capitanes demandan participación y garantías
El sindicato de futbolistas, representado por la Asociación de Futbolistas Españoles -AFE-, también ha mostrado su disconformidad con el proceso. Su presidente, David Aganzo, advirtió que “si no nos dan más información, nos opondremos a jugar en Miami”, reclamando mayor diálogo sobre cuestiones logísticas, de descanso y de cumplimiento del convenio colectivo.
A estas críticas se sumaron varios capitanes de Primera División, que durante una reunión interna pidieron detalles sobre desplazamientos, calendario y seguros. Los jugadores sostienen que la decisión afecta directamente a sus condiciones laborales y piden una mesa de trabajo con LaLiga antes de que el proyecto avance.
Desafío del marco institucional español
Desde la UEFA se ha insistido en que la autorización se concede “con carácter excepcional” y que no sienta precedente para otros campeonatos nacionales. Sin embargo, la medida abre un debate sobre los límites regulatorios del fútbol profesional europeo y sobre el papel de las federaciones nacionales en la internacionalización de sus competiciones.
El entrenador del Rayo Vallecano, Íñigo Pérez, fue uno de los primeros en pronunciarse al respecto: “No me gusta jugar un partido de LaLiga en Miami. Me parece que no es lo adecuado, pero pertenecemos a la industria”. En la misma línea, el portero del Athletic Club, Unai Simón, calificó la medida como “una falta de respeto a los aficionados”, recordando que “el fútbol forma parte de los aficionados y de los socios, y sin ellos no existiría”.
