A medida que se acerca la Copa Mundial de la FIFA 2026, que se celebrará en Estados Unidos, Canadá y México, la participación de Irán ya está emergiendo como una de las narrativas más políticamente sensibles del torneo. Con partidos previstos en California, es probable que la intersección entre deporte, identidad y geopolítica se haga especialmente visible tanto dentro como fuera de los estadios.
El fútbol sigue siendo el deporte más popular en Irán, pero la relación de la selección nacional con parte de su propia afición se ha vuelto cada vez más compleja. Desde las protestas de 2022, ampliamente conocidas como el movimiento “Mujer, Vida, Libertad”, la percepción pública de los símbolos nacionales, incluida la selección de fútbol, ha cambiado entre sectores de la sociedad tanto dentro del país como en la diáspora.
Los críticos sostienen que el fútbol iraní ha operado durante mucho tiempo bajo la influencia de instituciones estatales, incluidas figuras vinculadas al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica. En los últimos años, esos vínculos han sido cada vez más documentados, y se ha confirmado que varios altos funcionarios del deporte tienen o han tenido conexiones con la Guardia Revolucionaria. Esto ha reforzado la percepción entre los observadores de que la frontera entre deporte y política en Irán es limitada.
La atención se ha centrado en particular en Mehdi Taj, el presidente de la federación de fútbol de Irán, cuyos vínculos pasados con el IRGC han generado escrutinio, en medio de informes de que las restricciones de viaje podrían complicar la participación oficial en un Mundial organizado en Norteamérica. Tales desarrollos sitúan tanto a los organizadores como a los organismos rectores en una posición diplomática delicada.

Por su parte, la FIFA, liderada por Gianni Infantino, sigue insistiendo en que el fútbol debe mantenerse separado de la política. Sin embargo, torneos anteriores han demostrado repetidamente lo difícil que es mantener ese principio cuando las tensiones geopolíticas están estrechamente vinculadas a los equipos participantes.
Estados Unidos, y en particular California, alberga una de las mayores comunidades de la diáspora iraní en el mundo. Desde 1979, millones de iraníes han emigrado, muchos de los cuales siguen políticamente comprometidos y expresan con frecuencia su opinión sobre los acontecimientos en Irán.
Figuras populares como el príncipe Reza Pahlavi también ilustran cómo la política iraní probablemente se cruzará con el torneo de manera altamente visible. Para muchos en la comunidad iraní, los partidos de fútbol en los que participa Irán no son eventos políticamente neutrales, sino momentos simbólicos dentro de una lucha nacional mucho más amplia. Esta dinámica se espera que sea especialmente marcada en California, donde la selección iraní disputará sus partidos del Mundial.

Durante la Copa Mundial de 2022 en Qatar, controles estrictos limitaron supuestamente la exhibición de banderas históricas iraníes y símbolos políticos entre los aficionados iraníes. Es posible que restricciones similares sean más difíciles de aplicar en Estados Unidos y Canadá, donde las protecciones legales a la libertad de expresión son más fuertes. Esto podría generar tensiones entre las decisiones de la FIFA y los marcos legales nacionales.
Imágenes que circulan en los últimos días parecen mostrar a jugadores iraníes haciendo fila en instalaciones diplomáticas de Estados Unidos en terceros países para obtener visados. Para algunos observadores, estas escenas subrayan el contraste entre la retórica política de larga data hacia Estados Unidos y las realidades prácticas del deporte internacional.
Irán participará en la Copa Mundial de 2026, por lo que su presencia es un hecho confirmado y no especulativo. La cuestión no es si Irán estará allí, sino cómo se interpretará y experimentará su participación en un contexto marcado por la geopolítica, la activación de la diáspora y la atención mediática global. Esta combinación probablemente convertirá a Irán en uno de los equipos más observados del torneo, tanto dentro como fuera del campo.
