La relación entre Gianni Infantino y Donald Trump ha entrado en el terreno de la supervisión política de Estados Unidos. Jamie Raskin, principal representante demócrata en el Comité Judicial de la Cámara de Representantes, ha abierto una investigación sobre los vínculos entre la FIFA, el presidente estadounidense, su Administración y las empresas de su familia. El congresista ha solicitado que Infantino comparezca para una entrevista transcrita y entregue la documentación antes de las 17:00 horas del 9 de agosto.
La petición abarca cualquier regalo, pago, premio, aparición pública o beneficio concedido a Trump, sus familiares, miembros de su Gobierno o entidades relacionadas con la Trump Organization. Raskin también reclama el contrato de la oficina que la FIFA abrió en la planta 17 de la Trump Tower, las comunicaciones mantenidas desde 2024 con funcionarios estadounidenses, la información sobre la venta de entradas del Mundial y los registros de visitantes de las sedes de Nueva York y Miami. La carta ordena conservar incluso los mensajes enviados mediante Signal, Telegram, WhatsApp, X o Truth Social.
La Trump Tower y el Premio FIFA de la Paz
La investigación parte de una posible relación de intercambio que Raskin todavía debe demostrar. La FIFA inauguró oficialmente una oficina de representación en la Trump Tower en julio de 2025, durante un acto encabezado por Infantino, Eric Trump y Ronaldo Nazário. Según la carta, el espacio podría alcanzar un coste anual de alrededor de 600.000 dólares pese a que su utilización principal estaba vinculada a los 39 días de competición del Mundial.
El segundo gesto fue la creación del Premio FIFA de la Paz, entregado por primera vez a Trump durante el sorteo del Mundial en Washington. Infantino aseguró entonces que el presidente estadounidense podía contar siempre con su apoyo y con el de la comunidad del fútbol. Raskin considera que el alquiler de la oficina y el nuevo galardón pueden haber servido para buscar un trato favorable de la Administración, aunque la carta no aporta por ahora una prueba directa de ese intercambio.
El congresista relaciona estas decisiones con el desenlace de varias causas procedentes del escándalo de corrupción que sacudió a la FIFA en 2015. Aquella investigación estadounidense alcanzó a más de dos decenas de dirigentes y ejecutivos y documentó más de 200 millones de dólares en sobornos y comisiones durante 24 años. La Administración Trump terminó apoyando la anulación de condenas y el archivo de acusaciones en uno de los procesos, por lo que Raskin pide conocer si existieron contactos entre la FIFA y el Departamento de Justicia sobre esos expedientes. La retirada de las causas está acreditada; la vinculación con los gestos de Infantino hacia Trump forma parte de la hipótesis política del demócrata.
Las entradas y el caso Balogun amplían el conflicto
La política de entradas ha añadido una dimensión económica a la investigación. La candidatura norteamericana había presentado un precio máximo de 1.550 dólares para la final, mientras que algunas localidades llegaron a ofrecerse por cerca de 33.000 dólares. Raskin también cuestiona los precios dinámicos, la posible creación de una escasez artificial y la facultad de la FIFA para trasladar después a los compradores a localidades peores. Las fiscalías generales de Nueva York y Nueva Jersey ya han enviado citaciones a la organización para investigar si los aficionados recibieron información engañosa sobre los asientos y los precios.
La intervención de Trump en el caso de Folarin Balogun trasladó el problema al propio terreno de juego. El presidente reconoció que llamó a Infantino para pedir una revisión de la expulsión del delantero estadounidense antes del partido de octavos de final ante Bélgica. FIFA mantuvo la tarjeta roja, pero suspendió durante un año la ejecución del partido de sanción, una decisión que permitió jugar a Balogun y que el organismo atribuyó a su comité disciplinario. Parlamentarios europeos han pedido una investigación y la Federación Noruega estudia presentar una denuncia ante los órganos éticos de la FIFA por una posible vulneración de la neutralidad política.
Infantino ha respondido al conjunto de las críticas con un mensaje de 15 apartados en el que acusa a periodistas y detractores de difundir “odio y rumores falsos” y defiende el Mundial como un éxito (Infantino, cada vez que era enfocado por las televisiones de un estadio, era abucheado). FIFA, sin embargo, todavía no ha contestado directamente a la petición de Raskin. El congresista tampoco puede obligar por sí solo a Infantino a comparecer porque los demócratas no controlan la Cámara de Representantes y necesitaría respaldo republicano. La carta tiene por ahora más capacidad para exponer la relación entre ambos que para forzar la entrega de documentos, pero convierte todos esos gestos de cercanía entre el presidente de la FIFA y Trump -que tanto han chirriado a los aficionados de todo el mundo- en el objeto formal de una investigación política.
