Más Mundiales significan menos valor: el debate que ha abierto la FIS
Javier Nieto
septiembre 7, 2026

La International Ski and Snowboard Federation -FIS- pretende aumentar la frecuencia de sus Campeonatos Mundiales para celebrarlos en todos los años sin Juegos Olímpicos de Invierno. Su Consejo respaldó la idea durante una reunión de dos días en Thun, después de recibir un estudio preliminar sobre el valor deportivo, el calendario y el potencial comercial y audiovisual. El modelo comenzaría en 2032 y añadiría ediciones en los años pares no olímpicos a los Mundiales que actualmente se organizan cada dos años, en temporadas impares. La FIS también estudiará la posibilidad de adelantar el cambio a 2028, aunque para ello espera una evaluación más detallada. Por tanto, existe una decisión de principio, pero todavía no un calendario definitivo con sedes, disciplinas y formatos confirmados.

La reforma llenaría las temporadas que actualmente quedan sin Mundial ni Juegos, pero ha abierto una discusión sobre el valor de esas competiciones. Johannes Høsflot Klæbo y Calle Halfvarsson temen que la abundancia reduzca la importancia del título, mientras que Halvor Egner Granerud y varios técnicos y antiguos deportistas consideran que ofrecerá más oportunidades y proporcionará un gran objetivo a cada temporada. Entre ambos lados aparecen otras preguntas: si la Copa del Mundo perderá protagonismo, si los atletas seleccionarán todavía más sus participaciones, si existirán suficientes organizadores y si el aumento de los derechos audiovisuales beneficiará también a las sedes. La conversación pública se concentra por ahora en el esquí de fondo, el salto y la combinada nórdica, sin respuestas relevantes de grandes figuras actuales del esquí alpino, el freestyle o el snowboard.

El valor que proporciona la espera

Klæbo, una de las principales referencias del esquí de fondo, recibió la propuesta con escepticismo. “Un Mundial debe ser suficientemente especial para que signifique algo”, afirmó. El noruego no rechaza que la FIS estudie cambios, pero duda de que el modelo anual utilizado por otros deportes de invierno proteja adecuadamente el prestigio de sus campeonatos. Su comparación son los Juegos Olímpicos, cuya celebración cada cuatro años limita las oportunidades y aumenta la trascendencia de cada actuación. Un fondista puede atravesar varias temporadas de preparación antes de volver a competir por una medalla olímpica; con el nuevo calendario de la FIS, dispondría de un Mundial prácticamente todos los años. La posibilidad de ganar más títulos sería mayor, pero también disminuiría el tiempo durante el que cada edición ocupa el centro del deporte.

Halfvarsson utilizó una fórmula todavía más directa: “Menos es más”. El sueco considera que aquello que se repite con demasiada frecuencia deja de resultar excepcional y aseguró que preferiría conservar el sistema actual. Su crítica también afecta al procedimiento seguido por la federación: “La FIS suele seguir su propio camino”. El nuevo responsable del equipo sueco de fondo, Niklas Jonsson, reconoció que desconocía que la cuestión estuviera sobre la mesa y aclaró que Suecia no había promovido el cambio. El antiguo fondista y comentarista Anders Blomquist añadió una consecuencia competitiva: si cada temporada contiene un Mundial, los atletas podrían renunciar a más pruebas de la Copa del Mundo para concentrar su preparación en el campeonato. El circuito correría así el riesgo de perder regularmente a algunos de sus mejores participantes.

Austria teme una inflación de títulos

La posición institucional más dura procede de la Federación Austriaca de Esquí -ÖSV-, cuya conferencia de presidentes ya había votado por unanimidad contra la reforma antes de la reunión del Consejo. El organismo teme una “inflación” de campeonatos, una devaluación del título mundial y una pérdida de relevancia de la Copa del Mundo. También ha reclamado conocer el estudio de viabilidad utilizado por la FIS y aclarar hasta dónde llega realmente la decisión. Su director deportivo, Mario Stecher, doble campeón olímpico de combinada nórdica, comparte la oposición: considera que el Mundial perdería su carácter especial y que el circuito regular pagaría parte del precio. La crítica austríaca reúne así las dos preocupaciones principales: el valor simbólico de las medallas y el equilibrio de una temporada que no puede construirse únicamente alrededor de una gran cita.

Granerud observa el mismo calendario desde una perspectiva diferente. El doble ganador de la Copa del Mundo de salto considera que una edición anual puede ser incluso más adecuada que el ciclo bienal porque el rendimiento cambia mucho entre temporadas. Un saltador puede dominar durante un invierno y encontrarse lejos de su mejor nivel dos años después, cuando regrese el Mundial. Multiplicar las oportunidades evitaría que una lesión o un periodo de baja forma condicione buena parte de la carrera de una generación. El medallista olímpico y mundial Teodor Peterson tampoco cree que los nuevos títulos vayan a perder valor y destaca que más deportistas podrán construir su trayectoria alrededor de grandes medallas. Petter Soleng Skinstad, antiguo director de equipo, añade que las temporadas sin Juegos ni Mundial carecen actualmente de un desenlace comparable.

Un escaparate para salir del norte de Europa

El seleccionador finlandés de fondo, Joakim Abrahamsson, respalda la reforma por su posible impacto fuera de los mercados tradicionales. Noruega, Suecia y Finlandia pueden mantener un interés elevado mediante la Copa del Mundo, pero el circuito encuentra más dificultades para atraer público y cobertura en otros territorios europeos. Un campeonato mundial proporciona una narrativa sencilla, concentra la atención durante varios días y permite presentar cada disciplina a espectadores que no siguen toda la temporada. Abrahamsson asegura que no ha encontrado rechazo entre los fondistas finlandeses, aunque reconoce que será necesario proteger el Tour de Ski. Los expertos noruegos Torgeir Bjørn y Fredrik Aukland comparten esa lectura: los Mundiales pueden generar relevancia mediática y comercial, además de ofrecer otra plataforma a modalidades como la combinada nórdica, excluida del programa de los Juegos Olímpicos de 2030.

Ese posible crecimiento no elimina las dificultades económicas y organizativas. Stefan Schwarzbach, directivo de la Federación Alemana de Esquí -DSV-, se muestra abierto a estudiar el nuevo ciclo porque aumentaría las oportunidades de los atletas y la exposición de disciplinas como la combinada nórdica o el telemark. Sin embargo, recuerda que las modalidades alpinas y nórdicas no trabajan bajo las mismas condiciones comerciales y duda de que puedan encontrarse sedes viables para organizar todos los años los diferentes campeonatos. Un Mundial puede producir más contenidos y derechos para la FIS, pero no garantiza beneficios al territorio anfitrión. A ello se añaden la carga para federaciones, voluntarios y organizadores, la disponibilidad de instalaciones y la necesidad de encajar el evento sin comprimir todavía más la Copa del Mundo.

Una propuesta pensada para los atletas que divide a los atletas

El presidente de la FIS, Alexander Ospelt, defiende que el cambio busca proporcionar mayor visibilidad y más oportunidades a los deportistas. Asegura haber mantenido numerosas conversaciones con ellos sin escuchar opiniones negativas y sostiene que un campeón sentirá el mismo orgullo tanto si el Mundial se celebra cada año como si lo hace cada dos. Las respuestas posteriores de Klæbo y Halfvarsson contradicen, al menos, la idea de que la propuesta cuenta con una aceptación general entre los competidores. La FIS deberá concretar ahora cómo afectará el nuevo ciclo a cada campeonato, qué lugar conservarán la Copa del Mundo y el Tour de Ski y cómo se repartirán los costes y los ingresos. Aumentar las oportunidades puede ayudar a deportistas y disciplinas necesitadas de exposición; conservar el valor de cada título dependerá de que esas nuevas ediciones no conviertan el principal acontecimiento de la temporada en una cita rutinaria.