Así es como Brisbane 2032 equilibra la balanza económica
Juan José Saldaña
marzo 2, 2026

En el corazón de Las Vegas, lejos de las playas australianas, Andrew Liveris defendió una promesa que se ha convertido en eje central del relato de los Juegos: que Brisbane 2032 Summer Olympics no funcionarán con dinero del contribuyente. El presidente del comité organizador insistió en que el evento será operativo y financieramente neutro para el erario público, incluso cuando la expansión regional del proyecto ha elevado la complejidad logística y presupuestaria. Su mensaje fue directo: si el coste crece, el mercado deberá acompañar.

La afirmación no llega en un vacío. En un contexto donde otros organizadores olímpicos han reconocido desviaciones presupuestarias, Liveris minimizó las comparaciones y sostuvo que las preocupaciones sobre sobrecostes han sido exageradas o sacadas de contexto. Sin conceder entrevistas formales, pero sí aprovechando cada foro empresarial, el directivo ha colocado el foco en la captación de patrocinio internacional como pieza clave para sostener el modelo económico que propone para 2032.

Patrocinio global para blindar el presupuesto

La estrategia de Liveris se apoya en su trayectoria como expresidente y director ejecutivo de Dow Chemical y en su red de contactos en Estados Unidos. En la conferencia de negocios deportivos celebrada en Las Vegas —en el marco del lanzamiento de temporada de la NRL— apeló directamente a las grandes corporaciones estadounidenses para que vean en Brisbane una plataforma de expansión global. “Vamos a ofrecer esto sin costo para el contribuyente”, reiteró, trasladando implícitamente la responsabilidad financiera al sector privado.

El argumento comercial se nutre también del calendario olímpico. Liveris subrayó que la celebración previa de los Juegos en California en 2028 y los Juegos Olímpicos de Invierno de 2034 en Salt Lake City generarán un ciclo continuo de visibilidad en territorio estadounidense. Para una empresa con ambición global, dijo, el olimpismo representa una oportunidad de posicionamiento de marca en mercados en expansión. El desafío es traducir esa narrativa en contratos concretos que respalden el presupuesto operativo.

Descentralización, política y marca internacional

Parte de la presión presupuestaria proviene de la decisión del gobierno estatal de distribuir las sedes a lo largo de la costa de Queensland en lugar de concentrarlas exclusivamente en Brisbane. Esa descentralización, concebida como una apuesta por el desarrollo regional, elevó interrogantes ante el International Olympic Committee sobre la evolución del presupuesto operativo. Liveris defendió que el modelo es viable y que las cifras se mantendrán bajo control.

En paralelo, el primer ministro de Queensland, David Crisafulli, garantizó que la inversión pública destinada a infraestructuras —7.100 millones de dólares para sedes nuevas y modernizadas— no se incrementará. Más allá de los números, Liveris reconoció que Brisbane y Queensland todavía no poseen el reconocimiento internacional de Sídney o Melbourne. Convertir esa aparente debilidad en oportunidad de posicionamiento global forma parte del delicado equilibrio económico y simbólico que el comité organizador intenta sostener a ocho años del encendido del pebetero.

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