Para todos aquellos que tuvieron la oportunidad de vivir la época dorada del karate, Christophe Pinna es una figura conocida y respetada. El campeón francés llevó cuatro títulos mundiales a Francia y más tarde también fue entrenador de la selección nacional francesa.
También fue bajo su liderazgo que tomó forma la Comisión de Atletas de la World Karate Federation. Muchos creen que el fuerte carácter deportivo de Pinna y sus firmes principios éticos fueron precisamente la razón por la que se le confió esa responsabilidad. A lo largo de su carrera ha sido conocido como un atleta guiado por la integridad.
Pinna es plenamente consciente de los profundos problemas estructurales dentro del karate. Por esta razón, siempre ha intentado unir un deporte que se ha vuelto fragmentado.
Para muchos de nosotros que lo conocemos, está claro que si hubiera decidido acomodarse a las estructuras de poder corruptas dentro del karate, hoy podría haber ocupado posiciones influyentes en el escenario internacional. En cambio, Pinna eligió un camino diferente. Prefirió mantenerse fiel a sí mismo y permanecer cerca de los atletas. Se apartó de las estructuras de poder y siguió siendo lo que siempre ha sido: Christophe Pinna.
Para mí personalmente, Christophe Pinna es un verdadero campeón. Su vida ha tenido muchos altibajos desde su adolescencia y siempre ha luchado por construir una vida mejor. Incluso hoy afronta la vida con la misma determinación, tratando de aprovechar cada momento al máximo.
Esta es mi segunda entrevista con él y, una vez más, presento nuestra conversación en formato de preguntas y respuestas.
Christophe, gracias por hablar conmigo nuevamente.

En los últimos años, la Federación Francesa de Karate ha aparecido a menudo en los titulares por cuestiones de gobernanza más que por éxitos deportivos. ¿Cómo viviste esa situación?
Dejé la federación hace más de seis años porque no estaba de acuerdo con lo que estaba ocurriendo. En ese momento había muchas situaciones que no reflejaban los valores que el karate representa para mí. Algunas personas me sugirieron que si quería cambiar las cosas debía hacerlo desde dentro del sistema. Pero ese no era mi papel. No renovar mi licencia fue simplemente mi manera de decir que no quería apoyar ese entorno.
¿Fue una decisión difícil a nivel personal?
Sí, no fue fácil. El karate ha sido parte de mi vida desde la infancia. Dejar la federación se sintió como separarme de algo que había moldeado una gran parte de mi identidad. En cierto modo, sentí que me había quedado huérfano de una gran parte de mi vida.
Antes de la reciente elección presidencial apoyaste abiertamente a Gilles Cherdieu. ¿Qué te convenció para tomar esa posición?
Gilles y yo compartimos una larga historia. Fuimos rivales en el tatami y también compañeros en la selección nacional francesa. Juntos ganamos tres títulos mundiales por equipos en 1994, 1996 y 1998. Lo que siempre me ha impresionado de él es su calma y su capacidad para analizar situaciones complejas. Eso es exactamente lo que la federación necesitaba: calma, claridad y estabilidad.
¿Consideraste tu apoyo como un gesto político?
En absoluto. Hablé como practicante de karate y como alguien que ama este deporte. Simplemente dije que si se producía un cambio real, volvería a sacar mi licencia en Francia. Mi objetivo era regresar y compartir mi experiencia con la nueva generación. El karate lo merece. Debería ser una gran familia.

Después de la elección de Cherdieu decidiste regresar.
Sí, cumplí mi palabra y renové mi licencia. A partir de septiembre trabajaré como experto federal en karate deportivo y competición. Mi función será compartir mi experiencia al más alto nivel de la competición internacional. También actuaré como delegado internacional, ayudando a mantener conexiones entre el karate francés y la comunidad mundial del karate.
¿Tendrás algún papel en la estructura política de la federación?
No. No tengo ni tendré ningún cargo político ni de toma de decisiones. Mi papel está centrado en la experiencia y la representación.
También has estado activo a nivel internacional. ¿Cómo ves la situación del karate en el mundo hoy?
El karate necesita unidad y respeto mutuo. Fui el primer presidente de la Comisión de Atletas dentro de la World Karate Federation. En aquel momento mi objetivo era reunir a los diferentes componentes del karate mundial. Desafortunadamente esa visión no fue ampliamente compartida, y sigo creyendo que fue un error. Finalmente decidí dimitir. Los errores del pasado no deben dañar el futuro de nuestro deporte.
¿Qué tipo de unidad crees que necesita el karate?
Debe existir, por supuesto, una federación oficial que represente al deporte ante las instituciones. Pero las otras federaciones no deberían ser tratadas como grupos disidentes. Deben ser consideradas como socios. La diversidad dentro del karate puede ser una fortaleza si se respeta. Todo atleta debería tener la oportunidad de competir sin discriminación, independientemente de la federación a la que pertenezca.
¿Tienes intención de promover ese diálogo a nivel internacional?
Sí. En los próximos meses me gustaría reunirme con dirigentes de diferentes federaciones alrededor del mundo para abrir discusiones y construir puentes. Cada federación puede continuar existiendo con su propia identidad, pero la cooperación debería reemplazar a la rivalidad.
Después de tantos años en el karate, ¿qué te motiva hoy?
En los últimos años he dado seminarios en muchos países. Cuando veo a alguien con un gi, no pienso en la federación a la que pertenece. Simplemente veo a un practicante de karate como yo. Cuando era niño, mi sueño era convertirme en campeón del mundo. Veinticinco años después ese sueño se hizo realidad. Hoy mi sueño es diferente. Quiero ver un karate unido y fraternal que respete sus diferencias. Sobre todo, sigo siendo alguien profundamente y apasionadamente enamorado del karate.
