La pérdida de los Juegos Panamericanos de Barranquilla 2027 dejó una herida profunda en el deporte colombiano. La decisión de Panam Sports, comunicada el 3 de enero de 2024 por los “reiterados incumplimientos del contrato vigente por parte del Gobierno colombiano”, no solo apartó al país de una de las grandes citas multideportivas del continente, sino que también golpeó la credibilidad de sus instituciones deportivas dentro y fuera de Colombia. Para Ciro Solano Hurtado, presidente del Comité Olímpico Colombiano -COC-, las consecuencias fueron “incalculables” y el proceso de recuperación apenas comienza.
Solano llevaba tiempo alejado de las entrevistas internacionales desde aquel episodio. La opinión pública y una parte del entorno deportivo señalaron al propio Comité Olímpico, pese a que la garantía institucional y financiera de unos Juegos de esta dimensión recae sobre el Estado colombiano. En ese contexto, los Juegos Suramericanos de la Juventud Panamá 2026 abrieron el espacio para volver a hablar con el dirigente, en una conversación con SportsIn en el Hotel Westin de Costa del Este, en Panamá City, donde el olimpismo colombiano intenta pasar de la herida a la reconstrucción.
La pérdida de Barranquilla y el golpe a la credibilidad
Preguntado por la salud actual del Comité Olímpico Colombiano, Solano defendió el trabajo realizado en los últimos años, pero admitió el impacto institucional de la pérdida de la sede panamericana. “Desde la época de Baltasar Medina y esta administración, hemos creído firmemente que Colombia puede ser una potencia continental. Hemos capacitado a nuestros entrenadores, hemos sellado alianzas exitosas con los gobiernos. Desafortunadamente, en este último cuatrienio hemos tenido bastantes dificultades por el tema económico que está atravesando el país”, explicó.
El dirigente reconoció una “gran tristeza personal e institucional” por no organizar los Juegos en Barranquilla, una cita que, en su opinión, habría generado infraestructura, legado deportivo, actividad económica y descentralización. “El golpe que recibimos fue devastador para nosotros. Algunas organizaciones perdieron confianza en Colombia, nuestra imagen país se vio seriamente dañada y, al final del día, somos nosotros los dirigentes deportivos quienes perdemos uno de nuestros pocos activos: la credibilidad”, afirmó Solano. Ese impacto, añadió, explica su decisión de alejarse de la exposición pública: “Esa fue una de las grandes razones para alejarme de lo público y abocarme con más fuerza a mi rol de presidente del Comité Olímpico Colombiano y ponernos de pie como nos enseña el deporte de alto rendimiento cuando te has caído y tienes que seguir adelante”.
La herida, sin embargo, no ha cerrado la aspiración panamericana del país. “No vamos a claudicar en seguir buscando para Colombia unos Juegos Panamericanos, porque en nuestra memoria recordamos con especial cariño y nostalgia los Juegos Panamericanos de Cali 1971”, señaló.
Una política deportiva que no puede empezar de cero cada cuatro años
El presidente del COC también situó el caso de Barranquilla dentro de una debilidad más amplia de varios países sudamericanos: la falta de políticas deportivas de Estado. “No hay una política de Estado, hay una política del gobierno de turno que dura cuatro años y muere inmediatamente cuando asume el otro gobierno. No hay concordancia con nada, todo parte de cero”, señaló Solano, antes de resumir su diagnóstico con una frase especialmente crítica: “Es una visión nefasta que existe en Colombia y en todos los países de este lado del hemisferio”.
El dirigente defendió que el deporte necesita planes estables que trasciendan gobiernos, calendarios electorales y cambios administrativos. “Uno espera como dirigente que una política de Estado perdure en el tiempo y esté por encima de los gobiernos del momento”, apuntó. En esa lectura, la pérdida de los Juegos Panamericanos no se explica únicamente por un incumplimiento puntual, sino por una fragilidad estructural en la relación entre Estado, deporte, financiación, planificación e instituciones olímpicas.

Panamá 2026 y el balance del relevo colombiano
Los Juegos Suramericanos de la Juventud Panamá 2026 ofrecieron al olimpismo colombiano una primera fotografía del relevo generacional. Solano valoró de forma positiva el resultado, aunque reconoció que Colombia quedó por debajo de sus antecedentes recientes. “El balance es positivo, a pesar de que bajamos en la obtención de medallas y quedamos relegados a un cuarto lugar, quizás impensado teniendo la experiencia de los Juegos de 2022, donde terminamos en un segundo lugar y con un alto rendimiento”, explicó.
El presidente del COC destacó el dominio de Brasil, al que definió como un país con un nivel “superlativo” tanto por población como por rendimiento deportivo, y asumió que Colombia perdió medallas en disciplinas tradicionalmente fuertes. “Nos superaron otros países que fueron mejores que nosotros, el caso de Venezuela y Argentina. No vamos a buscar excusas, pero los técnicos y nosotros los dirigentes tenemos la obligación de hacer una bajada de lo que pasó y trabajar con esta generación que se proyecta para los próximos ciclos olímpicos”, señaló.
Santo Domingo 2026 y el reto de sostener el protagonismo
La cosecha colombiana en Panamá terminó con 87 medallas, repartidas en 26 oros, 18 platas y 43 bronces, un resultado que Solano interpreta como una base de trabajo para los próximos años. “Al final me quedo con la sumatoria de las 87 medallas, donde llegamos a 26 oros, 18 platas y 43 bronces, una cosecha que nos ilusiona para seguir con los procesos”, señaló el presidente del COC, que también advirtió sobre uno de los grandes retos de estas edades: mantener a los jóvenes dentro del sistema deportivo ante el paso a la universidad, la falta de financiación y las dificultades para sostener procesos de alto rendimiento en categorías de formación.
El siguiente examen llegará pronto con los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, donde Colombia buscará sostener el protagonismo alcanzado en San Salvador 2023, cuando terminó en segundo lugar. Solano sabe que el país tendrá que competir medalla a medalla con potencias como México y Cuba, mientras intenta recuperar la confianza perdida tras Barranquilla y “volver al sitial” que, según defiende, el olimpismo colombiano se ganó durante las dos últimas décadas como una institución capaz de formar, organizar, cooperar y proyectar talento deportivo en la región.
