El deporte ya no termina cuando se cruza la meta. Para muchas mujeres, ese momento marca apenas el inicio de un nuevo recorrido: uno que las lleva desde la exigencia del alto rendimiento hacia los espacios donde se define el rumbo del Movimiento Olímpico. En los Juegos Olímpicos de Invierno Milán Cortina 2026, esa transición se vuelve visible a través de liderazgos que no solo representan una evolución personal, sino también un cambio estructural en la forma en que se construye el deporte.
En ese escenario, figuras como Fiona Stevens, Regula Meier, Elena Sorina Ticu y Kim Forge reflejan una tendencia que gana fuerza: la experiencia deportiva como base de liderazgo. No se trata solo de ocupar cargos, sino de trasladar aprendizajes profundamente humanos —la resiliencia, la disciplina, la gestión de la presión— hacia la toma de decisiones. En paralelo, el crecimiento de la representación femenina en organismos como el Comité Olímpico Internacional confirma que este cambio ya está en marcha, aunque todavía en construcción.
El alto rendimiento como escuela de liderazgo
Las trayectorias de estas mujeres tienen un punto en común: el deporte como espacio formativo que trasciende lo físico. En organizaciones como la Federación Internacional de Esquí y Snowboard, la Federación Internacional de Esquí de Montaña o la Federación Internacional de Luge, su presencia no es simbólica, sino funcional. Han llegado a esos espacios con una mirada construida desde la experiencia directa, entendiendo no solo las dinámicas de competencia, sino también las necesidades de los atletas y los desafíos del sistema.
En el caso de Stevens, su paso por el esquí alpino y su experiencia olímpica moldearon una forma de liderar basada en habilidades difíciles de enseñar fuera del deporte: atención al detalle, organización y capacidad para responder bajo presión. Esa misma lógica se repite en Forge, quien entiende el liderazgo como una extensión natural de años de competencia internacional. Para ambas, el deporte no fue solo una etapa, sino una escuela que les permitió adquirir herramientas valoradas incluso fuera del ámbito deportivo, abriendo puertas en entornos donde la credibilidad se construye con experiencia tangible.
Representación, confianza y el desafío de abrir camino
El avance en la representación femenina dentro del deporte organizado es innegable, pero también revela tensiones. Aunque una parte significativa de las Federaciones Internacionales ha alcanzado niveles relevantes de participación, el acceso a los espacios de mayor influencia sigue condicionado por factores culturales, entre ellos la confianza. Meier lo identifica con claridad: muchas mujeres no dudan de su capacidad, pero sí de su lugar en la toma de decisiones, en un entorno históricamente dominado por hombres.
En esa línea, el rol de referentes visibles como Kirsty Coventry adquiere una dimensión clave. Su presencia no solo valida el camino, sino que también lo amplía. Ticu, desde su experiencia como atleta y dirigente, pone el foco en la necesidad de generar más oportunidades y formación para sostener este avance, mientras que Forge insiste en la responsabilidad de quienes ya están en la sala de juntas: abrir puertas, acompañar procesos y construir un entorno donde las próximas generaciones puedan desarrollarse con mayor naturalidad.
