“En una sociedad moderna, apoyar el embarazo no debería ser una cuestión”, señaló la directora general de Györ, Edina Fata, equipo de la Federación Internacional de Balonmano -IHF-. “Un buen lugar de trabajo lo hace, y el mejor club de balonmano no puede ser diferente”. Cómo garantizar que la maternidad no se traduzca en inseguridad laboral, pérdida de ingresos o un freno irreversible a la carrera deportiva, es un debate estructural en el deporte femenino. Lejos de ser un caso aislado, la reflexión conecta con experiencias compartidas por atletas de distintas disciplinas y niveles competitivos.
En un contexto en el que cada vez más mujeres prolongan su trayectoria profesional y deciden formar una familia durante su etapa en activo, el deporte se enfrenta al reto de adaptar sus marcos laborales y competitivos. Aunque las políticas de permisos parentales han avanzado en otros sectores, su aplicación en el alto rendimiento sigue siendo desigual y, en muchos casos, dependiente de decisiones internas de clubes y federaciones.
De la experiencia individual al reto institucional
En disciplinas con estructuras contractuales consolidadas, algunos organismos internacionales han comenzado a fijar marcos mínimos en maternidad. FIFA incorporó en su normativa la obligación de conceder baja por maternidad remunerada y garantías de reincorporación, mientras que la WNBA estableció salario íntegro durante el permiso, además de ayudas para conciliación y cuidado infantil.
En deportes con modelos laborales más fragmentados, como el tenis, el avance ha sido más reciente y motivado en gran medida por la presión de las propias jugadoras. La WTA lanzó un programa de maternidad remunerada y protección de ranking tras años de debate interno. “Durante mucho tiempo, tener un hijo significaba empezar desde cero”, explicó Victoria Azarenka, representante del consejo de jugadoras. “No se trataba solo del dinero, sino de saber si ibas a tener una oportunidad real de volver a competir”.
En el balonmano, la ausencia de una regulación internacional específica ha trasladado el peso de la decisión a clubes y ligas. La International Handball Federation no cuenta con un marco obligatorio sobre permisos de maternidad, lo que genera respuestas desiguales según el contexto económico y cultural. Las directivas europeas sobre embarazo y conciliación ofrecen un suelo legal, pero no contemplan las particularidades del alto rendimiento. Ante este vacío, algunos clubes han optado por desarrollar políticas propias. Tanto Györi Audi ETO KC como Metz Handball han asumido el embarazo como una fase más de la carrera deportiva.

Medidas concretas y asumir costes
El apoyo efectivo implica decisiones con impacto económico y deportivo. Mantener el salario íntegro, conservar vivienda, coche y otros beneficios, y al mismo tiempo reforzar la plantilla con sustituciones temporales supone un esfuerzo presupuestario real. En Metz, el presidente Thierry Weizman explicó que el club asume directamente la gestión administrativa: “La jugadora sabe que después del embarazo sigue teniendo un puesto en el mismo club. Pagamos todo como antes y luego nos ocupamos nosotros de recuperar el dinero del seguro. Para ella, nada cambia”.
Weizman subrayó que este enfoque genera un retorno intangible pero decisivo: “Cuando una jugadora ve lo que el club hizo por ella, quiere luchar por el club cuando regresa”. En Györ, Fata reconoció que la planificación de la temporada se complica cuando varias jugadoras están embarazadas al mismo tiempo, pero insistió en que “el valor a largo plazo de este apoyo supera con creces los desafíos a corto plazo”.
Las atletas y la brecha entre norma y realidad
Pese a los avances normativos, muchas deportistas han señalado que las medidas no siempre cubren la experiencia real del embarazo y el regreso a la competición. En tenis, Naomi Osaka habló tras su vuelta al circuito de la presión añadida que sienten muchas madres. “Volver después de tener un hijo no es solo una cuestión física”, explicó. “Mentalmente es un proceso muy exigente, y muchas veces se espera que regreses al mismo nivel inmediatamente”.
En atletismo, varias atletas han denunciado públicamente la pérdida de contratos de patrocinio durante la maternidad, lo que llevó a federaciones nacionales a revisar sus políticas de apoyo. Las quejas coinciden en distintos deportes: incertidumbre contractual, ingresos interrumpidos y falta de protocolos claros. Incluso cuando existen normas, la ausencia de comunicación previa sigue siendo uno de los principales factores de estrés.
Los modelos que mejor funcionan comparten patrones similares, independientemente del deporte. Garantía explícita de retorno, protección económica mínima, coordinación médica individualizada y comunicación transparente aparecen como elementos clave. “No siempre es una cuestión de presupuesto”, apuntó Fata. “Muchas veces, lo más importante es que la jugadora sepa con claridad qué va a pasar”.




