Fit for the Future: Coventry’s 21st-Century Olympic Revolution Español:\ Fit for the Future: La revolución olímpica de Coventry para el siglo XXI
Farzad Youshanlou
noviembre 1, 2026

El modelo olímpico centrado en las disciplinas deportivas que plantea el COI podría transformar el futuro del deporte internacional. Sin embargo, su éxito dependerá de algo más que las audiencias televisivas y el atractivo comercial. La gobernanza, los derechos de los deportistas y la integridad deportiva deben tener el mismo peso.

Los cambios que Kristy Coventry está proponiendo para los Juegos Olímpicos, con un mayor énfasis en las disciplinas deportivas individuales, parecen estar cada vez más cerca de su implementación. Se espera que estas propuestas atraigan una considerable atención durante la 147.ª Sesión del COI, en abril de 2027, cuando el futuro de los Juegos Olímpicos de Brisbane 2032 probablemente ocupe un lugar destacado en los debates.

Las Federaciones Internacionales esperan conocer cómo funcionará el nuevo modelo y qué mecanismos regirán su aplicación. Necesitan claridad antes de poder definir sus futuras políticas en torno a un programa olímpico cada vez más organizado en función de las distintas disciplinas deportivas.

Por ahora, muchas FI siguen sin tener claro cuál será su papel en el futuro ni si conservarán el mismo nivel de participación e influencia que tradicionalmente han tenido. Lo que sí comprenden es que la gestión técnica y deportiva de las disciplinas olímpicas no puede llevarse a cabo eficazmente sin su experiencia y participación.

La experiencia del boxeo en París 2024, tras la exclusión de la Asociación Internacional de Boxeo del Movimiento Olímpico, ofrece un importante recordatorio. Los problemas y las controversias que rodearon al boxeo durante los Juegos pusieron de manifiesto los riesgos de alterar las relaciones establecidas entre el COI y los organismos internacionales que gobiernan cada deporte.

Las FI siguen siendo un componente esencial para la organización y el desarrollo satisfactorio de los grandes eventos multideportivos, especialmente los Juegos Olímpicos. Su contribución no puede ser sustituida simplemente por el COI, independientemente de los recursos y la capacidad organizativa de los que disponga.

El COI no puede esperar razonablemente organizar unos Juegos al nivel que exigen los deportistas, los espectadores y la comunidad deportiva internacional sin la cooperación de las federaciones responsables de las propias disciplinas.

Esto no significa, sin embargo, que todas las federaciones internacionales, independientemente de su historial de gobernanza o del atractivo deportivo de sus disciplinas, deban tener garantizada una plataforma olímpica. Tanto la calidad de la administración deportiva como la capacidad para atraer audiencias deben formar parte de los criterios de evaluación.

Lin Yu-ting y París 2024

Las audiencias televisivas no pueden ignorarse

La gobernanza de las FI merece una atención especial. Al mismo tiempo, el programa olímpico debe responder a las expectativas cambiantes de las audiencias. Algunas disciplinas han tenido dificultades para atraer espectadores televisivos, lo que plantea preguntas legítimas sobre su lugar en un entorno olímpico cada vez más competitivo.

Taekwondo, hockey, remo, pentatlón moderno, piragüismo en esprint, voleibol de playa, vela y tiro deportivo estuvieron entre los deportes cuyas cifras de audiencia televisiva en Japón durante Tokio 2020 se situaron en los niveles más bajos de la clasificación.

Tokio fue, por supuesto, una edición excepcional de los Juegos. Celebrada bajo las restricciones impuestas por la pandemia de COVID-19, se desarrolló sin espectadores en las sedes de competición, por lo que la televisión se convirtió en el principal medio para seguir las pruebas. No obstante, las cifras disponibles ofrecen una indicación importante de las diferencias de popularidad entre los distintos deportes.

El karate ofrece un ejemplo especialmente interesante. Después de años de campaña, la Federación Mundial de Karate consiguió finalmente un lugar en los Juegos Olímpicos, con la inclusión de este deporte entre las cinco disciplinas adicionales propuestas por los organizadores de Tokio.

Al competir en su país de origen, Japón, cabía esperar razonablemente que el karate atrajera una audiencia televisiva considerable. Sin embargo, su cuota de espectadores fue de apenas un 20,6 %. La cifra contrastó con el 48 % del béisbol y sóftbol, el 36,9 % del skateboarding y el 21,4 % de la escalada deportiva.

Para un deporte que debutaba en los Juegos Olímpicos en su propio país, estos datos plantearon una pregunta importante sobre la decisión de incluirlo en el programa.

El judo, por el contrario, demostró la fuerza de su atractivo en Japón. Alcanzó un 49 % de audiencia televisiva, lo que lo convirtió en el segundo deporte más visto de Tokio 2020, solo por detrás del tenis de mesa.

El béisbol y sóftbol, el atletismo, la natación, la gimnasia artística, el fútbol, el skateboarding, el baloncesto, el bádminton, el tenis, el voleibol, la lucha, el golf y la escalada deportiva también figuraron entre los 15 deportes más vistos.

Estas cifras no determinan por sí solas el valor deportivo de una disciplina olímpica. Sin embargo, constituyen un indicador comercial importante que el COI y las federaciones internacionales ya no pueden permitirse ignorar.

Juegos Olímpicos de París 2024

La orientación comercial del programa olímpico

El enfoque emergente del COI hacia un programa olímpico centrado en las disciplinas refleja una visión cada vez más comercial de los Juegos. La exposición televisiva y la capacidad de cada disciplina para atraer audiencias probablemente tendrán una influencia creciente en las decisiones sobre el programa olímpico.

El alcance geográfico y el desarrollo de un deporte en distintas regiones también serán importantes. Una disciplina con una presencia internacional limitada puede tener dificultades para demostrar el valor comercial necesario para justificar su inclusión, incluso cuando cuenta con una larga trayectoria dentro de su respectiva federación.

Sin embargo, un enfoque exclusivamente comercial entraña riesgos. Podría debilitar los fundamentos tradicionales de los Juegos Olímpicos y relegar a un segundo plano prioridades fundamentales, especialmente los derechos humanos de los deportistas.

Un modelo centrado en las disciplinas puede obligar a las federaciones internacionales a modernizarse, innovar y replantearse la manera de presentar sus deportes ante las audiencias globales. Esa presión podría ser positiva. Pero si se ignoran las culturas y los valores deportivos propios de cada disciplina, las consecuencias podrían ir más allá del fracaso comercial y dar lugar a problemas éticos y de comportamiento dentro del deporte.

El desafío, por tanto, no consiste simplemente en identificar qué disciplinas atraen a las mayores audiencias televisivas. Se trata de establecer un marco que reconozca las responsabilidades más amplias de la gobernanza deportiva internacional.

Una revolución necesita criterios coherentes

En mi opinión, un modelo olímpico exitoso centrado en las disciplinas debe construirse sobre un conjunto coherente de criterios de evaluación.

Estos deberían incluir la popularidad y el atractivo deportivo a escala mundial, y no simplemente el número de países afiliados a una federación; el alcance geográfico y la representación de deportistas de diferentes continentes; el número de participantes; la calidad y el nivel competitivo de los eventos deportivos; y las oportunidades reales de participación tanto para mujeres como para hombres.

También debe tenerse en cuenta el interés de las audiencias, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Sin embargo, por encima de todo, la integridad de las instituciones que gobiernan estas disciplinas debe convertirse en un elemento central de la evaluación.

La transparencia en la gobernanza, unas elecciones democráticas y creíbles, la independencia de los deportistas, las medidas contra la corrupción y unas políticas eficaces de lucha contra el dopaje deben tener el mismo peso que los criterios comerciales y de audiencia.

Una federación no debería poder asegurar su presencia olímpica simplemente porque su disciplina atraiga espectadores, del mismo modo que una amplia base de afiliación no debería garantizar automáticamente su inclusión en el programa. La popularidad deportiva y la credibilidad institucional deben ir de la mano.

Coventry ha presentado este proyecto al mundo del deporte bajo el lema Fit for the Future. Lo considero una potencial revolución del Movimiento Olímpico en el siglo XXI.

Pero las revoluciones no se juzgan por la magnitud de sus promesas. Se juzgan por los principios sobre los que se construyen y por los resultados que consiguen.

Si el COI logra crear un modelo que combine sostenibilidad comercial, diversidad deportiva, responsabilidad institucional y protección de los derechos de los deportistas, podría redefinir el futuro de los Juegos Olímpicos.

Sin embargo, si los intereses comerciales se convierten en el principal criterio para determinar el valor olímpico, sin prestar la misma atención a la gobernanza, la integridad y las culturas deportivas representadas por las federaciones internacionales, este ambicioso proyecto podría acabar sin alcanzar sus objetivos.