La Copa del Mundo de FIFA de 64 selecciones: hasta el infinito y más allá
Víctor García
julio 13, 2026

Gianni Infantino ha abierto la puerta a que la Copa del Mundo de 2030 tenga 64 selecciones. La FIFA estudiará la propuesta cuando termine el actual torneo, apenas unas semanas después de comprobar por primera vez el funcionamiento del formato de 48 equipos. El salto supondría alcanzar los 128 partidos y encadenar dos ampliaciones consecutivas después de más de dos décadas con 32 participantes.

El principal argumento de Infantino es que este Mundial está siendo atractivo, ha acercado la competición a nuevos países y ha demostrado que el fútbol de selecciones ya no pertenece únicamente a Europa y Sudamérica, aunque sean ellos los que continúan dominando el deporte. Todos los continentes han sumado puntos y marcado goles, mientras que nueve de los diez representantes africanos superaron la fase de grupos. El aficionado está contento con el torneo y la ampliación no ha provocado, por ahora, la caída de nivel que muchos anticipaban.

Pero que el formato de 48 selecciones haya funcionado no quiere decir que pueda funcionar una nueva ampliación. La FIFA corre el riesgo de interpretar cualquier éxito como una invitación a seguir creciendo hasta el infinito y más allá. El Mundial necesita ser global, pero también debe conservar una dimensión que permita distinguirlo de cualquier otra competición y mantener el valor deportivo de participar en él.

Más partidos en un calendario al límite

Un Mundial con 64 selecciones pasaría de los 104 encuentros actuales a 128. Encajar 24 partidos adicionales probablemente obligaría a sumar varios días de competición, acercándose a una semana más de campeonato y a concentrar todavía más el calendario. Ambas soluciones aumentarían la presión sobre los futbolistas, los clubes y las competiciones nacionales, que ya tienen enormes dificultades para encontrar espacio durante la temporada de Mundial.

La salud de los jugadores vuelve a aparecer como la parte más débil de la discusión. Cada ampliación genera más ingresos, más audiencias y más oportunidades comerciales, pero también más minutos, desplazamientos y exigencia física (y menos descanso). El problema no afecta únicamente a quienes disputen el Mundial. Todo el calendario internacional tendría que adaptarse alrededor de un campeonato todavía más largo y pesado.

Clasificarse dejaría de ser una conquista

Con 64 participantes se acerca al tercio de las 211 federaciones que forman parte de la FIFA estaría presente en la fase final. La clasificación perdería buena parte de su sentido en varias confederaciones y correría el riesgo de convertirse en un trámite para las grandes selecciones. Aleksander Ceferin, presidente de UEFA, ya ha advertido de que la propuesta perjudicaría tanto al propio Mundial como a las eliminatorias europeas, mientras que Victor Montagliani, presidente de la Concacaf, tampoco considera adecuada una nueva ampliación.

La única justificación diferenciadora sería convertirlo en una excepción por el centenario. La propuesta sudamericana pretende que Uruguay, Argentina y Paraguay puedan organizar grupos completos en lugar de acoger únicamente un partido conmemorativo antes de que el torneo continúe en España, Portugal y Marruecos. Como homenaje puntual al Mundial de 1930 podría existir un debate, pero convertir las 64 selecciones en el nuevo estándar cambiaría definitivamente el tamaño de la competición.

También elevaría todavía más el listón para ser anfitrión. Harían falta más estadios, hoteles, transportes, centros de entrenamiento, seguridad y capacidad económica. Un Mundial que ya necesita seis países y tres continentes para celebrar su centenario podría terminar siendo inaccesible para casi cualquier candidatura individual. El formato de 48 selecciones ha demostrado que el torneo podía crecer. El siguiente paso debería ser consolidarlo y protegerlo, no asumir que el único camino posible para el Mundial es hacerse cada vez más grande. Salvo que se haga una excepción… o se quiera realizar un nuevo experimento.