La revalorización del dobles mixto: del impulso del COI al nuevo gancho del tenis para audiencias y marcas
Javier Nieto
abril 9, 2026

El dobles mixto ha dejado de ser en muchos casos un cuadro accesorio para convertirse en una herramienta de activación anticipada del torneo. En el tenis, varios eventos han empezado a utilizarlo como escaparate en los días previos al arranque de la competición principal, con un objetivo muy claro: dar más visibilidad al evento antes de que empiece el cuadro individual, atraer más atención mediática y comercial y prolongar la conversación pública desde el inicio de la semana. El cambio más visible ha estado en los nombres. Donde antes dominaban especialistas del dobles, ahora aparecen figuras del circuito individual como Carlos Alcaraz, Emma Raducanu, Novak Djokovic, Iga Swiatek, Daniil Medvedev o Mirra Andreeva.

El mixto ha empezado a empaquetarse como una competición más breve, más concentrada y más fácil de consumir, con partidos de menor duración, menos dispersión en la programación y mayor capacidad para retener al espectador. Los torneos han encontrado ahí una fórmula útil para llenar gradas, activar antes a los patrocinadores y reducir la fuga de audiencias que arrastraba el formato anterior. En paralelo, esa revalorización del mixto coincide con una tendencia más amplia del deporte internacional: el Comité Olímpico Internacional -COI- lleva años impulsando las pruebas mixtas como herramienta de igualdad de género, pero también como vía de innovación competitiva y como formato con mayor capacidad de encaje televisivo.

El tenis convierte el dobles mixto en un producto de arranque

El US Open ha sido el mejor ejemplo de esa transformación. En su última gran apuesta por el mixto, multiplicó por cinco el premio para la pareja ganadora, que pasó de 200.000 dólares a 1 millón, y repartió un total de 4,5 millones de dólares entre todos los participantes. Esa subida fue decisiva para atraer a estrellas del circuito individual y convertir el cuadro en un producto reconocible para el gran público. El resultado fue inmediato también fuera de la pista: el torneo reunió a 78.000 espectadores en el recinto durante los dos días de competición, fue emitido por 17 cadenas en 170 países y contó con 13 horas de retransmisión en ESPN.

El impacto se dejó notar también en el consumo digital y en el atractivo comercial del formato. La app y la web del US Open registraron 2,2 millones de visitas, más del doble que en la edición anterior, y generaron más de 11,6 millones de visualizaciones, un 94 por ciento más que el año anterior. La cobertura digital en YouTube alcanzó 12,8 millones de visualizaciones en un solo día, mientras que el tiempo de permanencia por usuario superó los 7 minutos, un 30 por ciento por encima de la media de la industria. En ese contexto, las marcas encontraron una plataforma mucho más clara para activarse. Vital Proteins se convirtió en patrocinador oficial del dobles mixto del torneo y aprovechó la exposición con activaciones de pista, podcasts en directo, degustaciones y experiencias VIP, una señal de que el nuevo mixto ya no se percibe como un añadido menor, sino como un espacio con valor propio.

Indian Wells y la United Cup amplían el recorrido del formato

La apuesta del US Open ha encontrado eco en otros torneos. Indian Wells aprovechó esa misma lógica al transformar la Eisenhower Cup, hasta entonces una exhibición previa, en un mixto de mayor perfil para espectadores y marcas. El torneo se disputó en una sola noche y ofreció 200.000 dólares a la pareja ganadora, con un cartel que incluyó duplas como la formada por Iga Swiatek y Casper Ruud, mientras que Elena Rybakina y Taylor Fritz terminaron imponiéndose. El cuadro oficial de dobles mixtos del BNP Paribas Open también elevó su dimensión económica: la bolsa se triplicó hasta 1 millón de dólares y 468.000 dólares fueron para los ganadores, Belinda Bencic y Flavio Cobolli.

La United Cup dio un paso más allá al convertir la participación masculina y femenina en parte central de la identidad competitiva del torneo. Su formato por selecciones nacionales la sitúa en un terreno distinto al de una simple exhibición previa. En la última edición ofreció un prize money mínimo de 11,8 millones de dólares, por encima de los 11,1 millones de 2025, aunque todavía lejos de los 15 millones del torneo inaugural de 2023, lo que supone una caída del 21,3 por ciento respecto a aquel arranque.

El COI refuerza las pruebas mixtas como herramienta de igualdad, innovación y televisión

Ese movimiento del tenis encaja con una línea de trabajo que el COI viene desarrollando desde hace años dentro del programa olímpico. El organismo ha impulsado las pruebas mixtas sobre todo por igualdad de género, pero no solo por eso. También las presenta como una señal de innovación de formato, como competiciones más imprevisibles y emocionantes hasta el final y como una vía para hacer el producto deportivo más comprensible y atractivo para aficionados, broadcasters y audiencias jóvenes. Kit McConnell, director deportivo del COI, lo resumió con una idea muy concreta al defender que estos eventos “encarnan de verdad la igualdad entre deportistas masculinos y femeninos en el terreno de juego”. Andy Murray, en plena competición de Tokio, llegó a calificarlos como “a huge asset”.

La evolución numérica del programa olímpico respalda ese impulso. Los Juegos de Londres 2012 contaron con 8 pruebas mixtas; Tokio 2020 elevó esa cifra a 18; y París 2024 la llevó hasta 22 dentro del primer programa olímpico de verano con participación exacta del 50 por ciento entre hombres y mujeres y una cuota total de 10.500 atletas. En ese crecimiento aparecen disciplinas como el dobles mixto en tenis, el dobles mixto en bádminton, el relevo mixto 4×400 en atletismo, el relevo mixto de triatlón, la prueba por equipos mixtos en judo, el relevo mixto 4×100 estilos en natación, el dobles mixtos de tenis de mesa, el equipo mixto en tiro con arco, varias pruebas mixtas en tiro o el 470 mixto en vela. La expansión alcanza también a los Juegos de invierno, con casos como el relevo mixto de biatlón, el dobles mixtos de curling, el equipo mixto de saltos de esquí, el relevo mixto de short track o el snowboard cross por equipos mixtos.

La apuesta del COI no se ha limitado a introducir pruebas nuevas, sino que ha afectado también a la arquitectura televisiva de los Juegos. En Tokio 2020, el organismo rediseñó el calendario para equilibrar la visibilidad de mujeres y hombres en las franjas más relevantes del programa. El contraste con Río 2016 fue muy claro: en el último domingo de competición, Río había concentrado 27 horas de competición masculina frente a solo 2 horas femenina, mientras que Tokio pasó a 13 horas masculinas y 17 femeninas. En el reparto de medallas del último día, Río ofreció 10 masculinas y 2 femeninas, mientras que Tokio pasó a 5 y 8, respectivamente. También mejoró el equilibrio en el fin de semana intermedio y en el final. Esa reorganización ayuda a entender por qué el formato mixto interesa cada vez más a propiedades deportivas muy distintas entre sí: en el tenis sirve para encender antes el torneo con estrellas, marcas y ruido mediático; en el ecosistema olímpico, para dar más equilibrio al programa y construir una competición más visible, más moderna y más apta para televisión.