La WSL2 paga a menores de 23 años por debajo del salario mínimo nacional
Juan José Saldaña
enero 28, 2026

La introducción de salarios mínimos en la Women’s Super League 2 fue presentada como un paso decisivo hacia la profesionalización del fútbol femenino en Inglaterra. Por primera vez, las jugadoras contaban con un piso salarial garantizado, una señal clara de que la liga buscaba consolidar un entorno donde el foco estuviera en el rendimiento deportivo y no en la supervivencia económica. Sin embargo, bajo esa mejora histórica asoma una tensión evidente entre profesionalización y realidad salarial: para las futbolistas menores de 23 años, ese mínimo no alcanza el equivalente al salario mínimo nacional que recibiría un trabajador típico a tiempo completo.

La paradoja se vuelve más compleja al considerar el contexto. Mientras la WSL afirma estar comprometida a elevar progresivamente estos estándares y los clubes enfrentan sanciones severas si superan el límite salarial, muchas jugadoras jóvenes siguen percibiendo ingresos que, en términos legales comparativos, quedan por debajo de lo que marca la normativa laboral del Reino Unido. El nuevo marco busca equilibrar sostenibilidad financiera y profesionalización, pero deja al descubierto las fricciones propias de una liga que intenta crecer sin desbordar su estructura económica.

Salarios mínimos históricos que aún no alcanzan el estándar laboral nacional

Los clubes de la WSL2 deben pagar un mínimo de £22.200 a las jugadoras de 21 y 22 años, y £17.500 a las de entre 18 y 20. Para las mayores de 23 años, el mínimo asciende a £26.900. El reglamento establece que estas futbolistas deben cumplir al menos 20 horas semanales de contacto físico, sin considerar partidos ni comidas. Sobre el papel, se trata de un avance significativo frente a temporadas anteriores, cuando algunas jugadoras recibían apenas £9.000 anuales y muchas dependían de un segundo empleo para sostenerse.

Pero al contrastar estas cifras con la legislación laboral británica, surge la diferencia. Un trabajador mayor de 21 años debe percibir £12,21 por hora, lo que equivale a £23.810 anuales con una jornada estándar de 37,5 horas semanales. El salario mínimo vital real asciende a £26.227, e incluso más en Londres. Aunque desde la WSL se enfatiza que el cálculo se basa en 20 horas semanales y que los mínimos superan el salario por hora para esa carga, el resultado anual sigue dejando a las jugadoras jóvenes por debajo de lo que ganaría cualquier empleado a tiempo completo en otro sector.

Control financiero estricto en una liga que todavía construye su modelo

A esta discusión se suma la implementación de normas de límite salarial. Los clubes no pueden destinar a su plantilla más del 80 % de sus ingresos más £4 millones, o un 25 % adicional de esos ingresos, lo que sea mayor. En la práctica, esto significa que un propietario con alta liquidez puede invertir hasta £4 millones en salarios sin infringir la norma, una cifra que para la mayoría de los clubes supera ampliamente su 25 % de ingresos reales. Cualquier exceso puede derivar en multas y deducción de puntos: en la WSL2, un punto menos por cada £50.000 gastados de más.

El trasfondo financiero de la liga explica parte de esta cautela. Las primeras cuentas publicadas tras la separación de la FA muestran una pérdida operativa de £8,2 millones, aunque con ingresos en crecimiento que ya se habrían triplicado a nivel comercial. La organización cuenta con un préstamo de £20 millones de la Premier League, a devolver desde 2030-31, y mantiene un saldo de caja de £10,7 millones. En ese escenario, la WSL sostiene que los salarios mínimos son una base sobre la cual seguir construyendo, mientras intenta evitar que el impulso por profesionalizar el fútbol femenino genere desequilibrios que los clubes no puedan sostener.

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