Los Premios Laureus volverán a colocar este año uno de sus focos más significativos lejos de las medallas, los récords o las grandes estrellas. La categoría Laureus Sport for Good Award 2026 reúne de nuevo a organizaciones que utilizan el deporte como herramienta de inclusión, protección y acompañamiento en contextos atravesados por la discapacidad, la pobreza educativa, la violencia, la exclusión urbana o la vulnerabilidad infantil. Más que una lista de proyectos inspiradores, la shortlist funciona como una radiografía de todo lo que el deporte puede llegar a hacer cuando deja de medirse solo en victorias.
Ese es, en realidad, el gran sentido de esta nominación. Mientras otras categorías premian el rendimiento, aquí lo importante es otra cosa: la capacidad de sostener comunidades, abrir espacios seguros, mejorar la convivencia, trabajar la salud emocional o ofrecer continuidad a niños y jóvenes que crecen en entornos frágiles. Las seis candidaturas seleccionadas este año lo hacen además desde lenguajes muy distintos, desde el multideporte de barrio hasta el boxeo social, pasando por el tenis en vivienda pública, la danza como itinerario educativo, el rugby como intervención psicosocial o el fútbol comunitario convertido en metodología internacional.
Seis nominaciones para entender el deporte cuando importa más fuera del marcador
En Turín, A.S.D. Gruppo Sportivo Valanga representa probablemente la candidatura más pegada al barrio y menos reconocible desde una lógica de gran marca. Su trabajo mezcla deporte, territorio y acompañamiento social con menores que conviven con discapacidad, absentismo escolar, pobreza educativa o riesgo de marginación en zonas como Borgo Vittoria y Vallette. Laureus la presenta como una estructura que utiliza atletismo, baloncesto, danza o esquí para mejorar el bienestar físico y mental de jóvenes con discapacidad, pero lo más distintivo del proyecto parece estar en otra parte: en esa forma de intervenir muy cerca de las familias, sin venderse como un modelo universal, sino como una presencia estable dentro del vecindario. Una de las imágenes que mejor resume esa lógica es la colaboración con el paralímpico Massimo Giandinoto, invitado a compartir tiempo con los niños del proyecto en una escena sencilla y poderosa, más ligada a la pertenencia y a la continuidad que al evento puntual.
Desde un origen también comunitario, aunque con una proyección mucho más amplia, Fútbol Más convierte el juego en una herramienta educativa y emocional con alcance internacional. Nacido en Chile en 2008, el proyecto trabaja mediante sesiones socio deportivas y ha hecho de la Green Card su gran seña de identidad pedagógica: una tarjeta que no castiga la conducta negativa, sino que reconoce comportamientos prosociales vinculados al respeto, la alegría, la responsabilidad, la creatividad y el trabajo en equipo. Con el tiempo dejó de ser un proyecto barrial chileno para expandirse por países de África, Europa y América Latina, con presencia en barrios, escuelas, residencias y contextos humanitarios. Entre las anécdotas que mejor retratan su filosofía está la visibilidad que ganó la Green Card durante la Copa América 2015, cuando se utilizó como gesto de respeto durante los himnos y ayudó a proyectar a escala continental una metodología que hoy ya no se entiende solo como fútbol comunitario, sino como intervención sobre convivencia, salud mental e integración.
Del espacio público al gimnasio de barrio: deporte donde la ciudad más lo necesita
En Brooklyn, Kings County Tennis League parte de una escena casi fundacional que explica por sí sola el sentido del proyecto. Su impulsor, Michael McCasland, estaba jugando en una pista deteriorada cerca de Marcy Houses cuando el contacto directo con niños y familias del entorno acabó derivando en clases de verano en ese mismo lugar. Esa historia importa porque resume bien la diferencia de la organización: no nace desde un club tradicional ni desde una academia, sino desde el espacio público y desde una comunidad sin acceso real a ese deporte. Hoy el proyecto reutiliza canchas dentro de entornos de vivienda pública para ofrecer instrucción gratuita de tenis y desarrollo de habilidades para la vida, pero además deja una huella física muy visible en el barrio. La reapertura de la pista de Marcy Playground o la ampliación en De Hostos Park muestran que su impacto no se limita a formar jóvenes, sino que también transforma rincones urbanos deteriorados en lugares seguros, accesibles y reconocibles para la comunidad.
En Tacubaya, en Ciudad de México, Transformación Social TRASO trabaja en un terreno distinto, pero con una lógica parecida de arraigo local. Su herramienta principal es el boxeo, junto a otras disciplinas de contacto, en uno de los entornos más vulnerables y violentos de la capital mexicana. Laureus la sitúa como una organización que combate problemas profundamente instalados en el tejido social del barrio, como el consumo de sustancias, la violencia, la pobreza o la exposición temprana a dinámicas delictivas. Lo más llamativo de TRASO es que no se queda en la imagen clásica del gimnasio como lugar de disciplina o desahogo físico, sino que articula ese espacio con un acompañamiento más amplio y con sesiones de terapia grupal profesional para niños, niñas y adolescentes. Esa alianza entre la organización comunitaria y Box Gym Lupita, un gimnasio con décadas de historia boxística, explica por qué su candidatura resulta tan singular: no solo entrena, también contiene, orienta y ofrece una estructura de apoyo en un barrio que muchas veces ha aparecido en la conversación pública por razones muy distintas.

Cuando el deporte también sirve para medir confianza, autonomía y futuro
MindLeaps presenta quizá el modelo más estructurado y menos intuitivo de toda la shortlist, precisamente porque no convierte la danza en un fin, sino en una vía de acceso a educación, empleabilidad y autonomía. La organización, nacida en 2005 y con presencia internacional, combina su programa de Dance & Data con tutoría, escolarización, trabajo con familias y, en algunos países, acompañamiento hacia el empleo o el microemprendimiento. Su rasgo más distintivo es que intenta medir de forma concreta el progreso socioemocional y cognitivo de los participantes, algo poco habitual en este tipo de iniciativas. Pero incluso dentro de esa arquitectura metodológica, su historia más elocuente sigue siendo profundamente humana: la de Emmy Turikumwe, que empezó en 2009 como alumno, se graduó, se incorporó al equipo y terminó convirtiéndose en director en Rwanda. Ese recorrido, de beneficiario a responsable del proyecto, resume mejor que ninguna cifra la aspiración de MindLeaps.
También Rugby for Good, en Hong Kong, entiende el deporte como algo más que actividad física o entretenimiento de grupo. Se presenta como la primera charity de la ciudad centrada específicamente en el deporte y ha construido una red amplia con proyectos en 18 distritos, cientos de escuelas asociadas y decenas de miles de beneficiarios. Dentro de esa estructura, uno de sus trabajos más diferenciales es el programa con niños con TDAH y sus familias, donde el rugby y el juego estructurado se utilizan para desarrollar habilidades emocionales y sociales. El valor del proyecto se aprecia precisamente en esos pequeños cambios cotidianos que muchas veces quedan fuera de los grandes titulares: en su propia web aparece el testimonio de un participante que cuenta que ahora tiene menos rabietas y mayor capacidad de control en el campo. Ahí está una de las claves de esta candidatura, en demostrar que el deporte también puede convertirse en una herramienta muy concreta de regulación, vínculo y aprendizaje para perfiles que no siempre han encontrado su lugar dentro del deporte comunitario.
La categoría que mejor explica para qué sirve el deporte más allá del éxito
Vista en conjunto, la shortlist del Laureus Sport for Good Award 2026 no premia un único modelo, sino varias formas de entender el impacto social del deporte. Valanga aporta la cercanía de barrio y el acompañamiento multideportivo; Fútbol Más, una metodología reconocible y exportable que ha convertido la Green Card en símbolo; Kings County Tennis League, la combinación entre acceso gratuito y recuperación de espacio urbano; MindLeaps, la medición del cambio y las trayectorias de largo recorrido; Rugby for Good, una intervención psicosocial muy estructurada; y TRASO, el valor híbrido de un gimnasio convertido en refugio comunitario. Son proyectos muy distintos entre sí, pero todos coinciden en algo esencial: no esperan a que los niños y jóvenes lleguen al deporte en condiciones ideales, sino que llevan el deporte allí donde la realidad es más áspera.
Eso es, probablemente, lo que hace de esta categoría una de las más relevantes de todo el ecosistema Laureus. En un tiempo en el que buena parte del deporte de élite se mide en audiencias, contratos o palmarés, estas nominaciones devuelven la atención a otra escala del éxito: la de la permanencia escolar, la autoestima, la convivencia, la salud emocional, el acceso a espacios seguros o la posibilidad de imaginar un futuro distinto. Ahí, lejos de la foto del campeón, el deporte sigue encontrando una de sus razones más profundas.
