LIV Golf ha iniciado uno de los procesos más delicados desde su irrupción en el golf profesional al solicitar la protección por bancarrota bajo el Capítulo 11 de la Ley de Quiebras de Estados Unidos. La liga, que nació respaldada por el enorme poder financiero del Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudita, busca ahora reorganizar sus operaciones en medio de una profunda crisis de financiación y asegurar la continuidad de un proyecto que, desde su creación, desafió directamente el orden establecido del deporte.
La decisión llega después de meses de incertidumbre sobre el futuro del respaldo económico saudí y de una búsqueda de nuevos inversores para sostener las operaciones de la organización. LIV Golf ha firmado un acuerdo de apoyo a la reestructuración con BC Partners Credit, mientras mantiene negociaciones con sus propios jugadores para avanzar hacia un modelo de propiedad mayoritaria en manos de los deportistas. El proceso, que todavía requiere aprobación judicial, podría transformar profundamente la estructura de una liga que construyó su identidad a partir de grandes inversiones y contratos millonarios.
La crisis financiera que llevó a LIV Golf al Capítulo 11
El camino hacia la protección por bancarrota comenzó a tomar forma cuando se hizo evidente la creciente incertidumbre sobre la financiación procedente del Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudita (PIF). A principios de 2026, LIV Golf se enfrentó a una importante escasez de recursos y puso en marcha una ronda de presentaciones ante potenciales inversores con el objetivo de recaudar hasta 350 millones de dólares. La necesidad de encontrar nuevas fuentes de capital representaba un cambio significativo para una organización que, desde su nacimiento, había contado con el respaldo de uno de los fondos soberanos más poderosos del mundo.
Según los antecedentes conocidos durante el año, el PIF tenía previsto retirar su financiación al término de 2026, aunque las dudas sobre la continuidad del apoyo llegaron a generar preocupación incluso antes. En medio de ese escenario, la organización necesitaba ganar tiempo para reorganizar su estructura financiera. El acuerdo alcanzado contempla que el PIF aporte 49,6 millones de dólares en financiación durante el proceso de bancarrota, permitiendo que LIV Golf continúe operando mientras avanza la reestructuración. Una vez que la liga salga de la protección del Capítulo 11, se espera que BC Partners Credit y otros accionistas minoritarios asuman un papel relevante en la nueva etapa financiera.
Los jugadores podrían convertirse en los principales propietarios
Uno de los elementos más llamativos de la propuesta de reestructuración es el cambio que podría producirse en la relación entre LIV Golf y sus jugadores. Como parte del acuerdo presentado, y siempre que reciba la aprobación judicial necesaria, la empresa conjunta pasaría a ser propiedad mayoritaria de los propios deportistas. La organización ha señalado que mantiene negociaciones avanzadas con los jugadores, en una transformación que podría convertirlos no solo en las principales figuras deportivas del circuito, sino también en actores directamente vinculados al futuro económico del proyecto.
La propuesta supone un giro importante para una liga que irrumpió en el golf como rival del PGA Tour, utilizando contratos de enormes cifras para atraer a algunos de los nombres más reconocidos del deporte. LIV construyó buena parte de su estrategia sobre la capacidad de ofrecer salarios y condiciones que alteraron el mercado del golf profesional y provocaron una profunda división dentro de la disciplina. Ahora, en un momento en que su principal fuente de financiación busca dar un paso atrás, la posibilidad de entregar una participación mayoritaria a los jugadores plantea una nueva fórmula para sostener la competición y redefine el papel que estos podrían tener en una organización que todavía busca consolidar su lugar dentro del ecosistema global del golf.
