LIV Golf retrasa evento en Nueva Orleans por crisis de financiamiento
Juan José Saldaña
abril 28, 2026

LIV Golf vuelve a quedar bajo presión en un momento clave de su calendario. El circuito respaldado por Arabia Saudí pospondrá, salvo un giro de última hora, su esperado estreno en Nueva Orleans, un movimiento que vuelve a instalar dudas sobre la estabilidad de una liga que nació con ambición disruptiva, promesas de expansión y una billetera aparentemente inagotable. El torneo, previsto para finales de junio en Bayou Oaks at City Park, ahora apunta al otoño, según reportes locales que encendieron las alarmas en torno al futuro inmediato de la competencia y a la solidez de su estructura financiera.

El aplazamiento no solo altera una fecha en el calendario: reabre una discusión más profunda sobre el verdadero estado del proyecto. Durante meses, LIV Golf intentó proyectar normalidad en medio de crecientes especulaciones sobre el desgaste del respaldo saudí y la viabilidad de sostener una operación que, desde su irrupción en 2022, ha consumido miles de millones de dólares. La reprogramación en Luisiana, sumada a un vacío de torneos en Estados Unidos durante casi tres meses, golpea la narrativa de estabilidad que la liga había intentado consolidar y deja expuesta la fragilidad de un modelo que todavía busca legitimidad deportiva y equilibrio financiero.

Un calendario alterado y una señal que inquieta

Los primeros reportes sobre el cambio llegaron desde Nueva Orleans. La cadena WDSU y el medio local nola.com informaron que el evento inaugural de LIV Golf en Bayou Oaks sería reprogramado para más adelante en el año, una noticia que rápidamente adquirió peso nacional por lo que implica más allá del plano logístico. Aunque el argumento oficial apunta a evitar el calor extremo del verano, proteger el estado del campo y esquivar conflictos de audiencia con la Copa del Mundo, el contexto hace difícil separar esa explicación de las crecientes dudas sobre la salud económica del circuito.

El movimiento deja además una imagen incómoda para la organización: si el cambio se confirma, LIV Golf pasará casi tres meses sin disputar torneos en territorio estadounidense, desde el evento en Trump National, en Virginia, a inicios de mayo, hasta su siguiente parada en Trump Bedminster en agosto. Para una liga que todavía necesita consolidar presencia en su mercado más importante, desaparecer del mapa estadounidense durante tanto tiempo representa más que un ajuste operativo. Es una pausa que enfría visibilidad, debilita tracción comercial y alimenta preguntas sobre la capacidad real del circuito para sostener su ritmo de crecimiento.

El peso del dinero y las dudas sobre el proyecto

La noticia llega apenas dos semanas después de que el director ejecutivo de LIV Golf, Scott O’Neil, intentara apagar las especulaciones con un mensaje de calma hacia jugadores y personal. El ejecutivo aseguró entonces que la temporada seguiría “sin interrupciones y a toda máquina”, una declaración que buscaba blindar al circuito frente a los rumores de que el Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudí podría reducir o reconsiderar su apoyo. El problema para LIV es que ese discurso de continuidad empieza a chocar con señales cada vez más difíciles de ignorar.

Desde su creación en 2022, LIV Golf ha gastado más de 5.000 millones de dólares en fichajes, operaciones y expansión, una cifra que convirtió al circuito en uno de los experimentos más agresivos y costosos en la historia reciente del deporte. En Luisiana, ese modelo también dejó compromisos concretos: el estado acordó pagar 5 millones de dólares a LIV y destinar otros 2,2 millones a mejoras en Bayou Oaks, mientras que ya había desembolsado un millón por adelantado que ahora será reembolsado. Ese dato no solo expone el costo institucional del aplazamiento, también revela cómo la incertidumbre de LIV ya no afecta únicamente a su calendario o a sus golfistas, sino también a las ciudades, gobiernos y comunidades que apostaron por la promesa de su llegada.