Los Carrick-Smith, una familia entre el ganchillo y los esquís
Javier Nieto
octubre 26, 2026

En los viajes a las carreras, los niños de la familia Carrick-Smith hacían ganchillo. Su abuela les había enseñado los puntos básicos y ellos llenaban las horas de carretera con gorros, bufandas y animales de juguete que después vendían para comprar esquís o tablas de surf. En diciembre de 2018, cuando ‘PlanetSKI’ los visitó en Tignes, Francia, Luca tenía trece años y los gemelos Zak y Freddy, once. Su madre, Emma Carrick-Anderson, agradecía aquella afición que los mantenía entretenidos mientras la familia recorría kilómetros de una estación a otra.

Este domingo, Freddy terminó duodécimo en el gigante de la Copa del Mundo de Sölden, Austria. Ahora tiene diecinueve años, como Zak, mientras Luca tiene veintiuno. Detrás de los tres siguen estando Emma, participante en cuatro Juegos Olímpicos, y su padre, Phil Smith. Juntos forman un equipo en el que entrenar, preparar el material, organizar desplazamientos y encontrar dinero para la siguiente carrera son tareas familiares. El resultado de Freddy es una nueva etapa de una historia que comenzó mucho antes de sus primeras salidas internacionales.

Cinco personas y un baño convertido en despacho

Cuando nació Luca, vivían en Escocia y viajaban cada invierno a Francia para enseñar esquí. Con una familia que crecía, aquellos desplazamientos se complicaban, así que decidieron instalarse en los Alpes. El precio de vivir en una estación obligó a reducir espacio: pasaron de una casa de cinco dormitorios a compartir, durante una etapa, un apartamento de uno. “Utilizábamos el baño como despacho”, recordó Phil en una entrevista con King’s InterHigh en 2021. Allí también contó que sus hijos se habían puesto los primeros esquís hacia los dos años y medio: Luca disfrutaba compitiendo, Freddy le sorprendía por cómo movía los pies y Zak les había dejado sin aliento bajando una pendiente en línea recta.

La organización fue cambiando con ellos. Emma y Phil alternaban sus semanas como instructores en Snoworks para entrenar a los niños. Las ausencias escolares exigían permisos; después llegaron profesores particulares, clases en casas y hoteles y, finalmente, enseñanza en línea. El calendario familiar se acomodaba a los entrenamientos y los viajes, pero también procuraban reservar un día a la semana para esquiar juntos sin preparar ninguna carrera. Aquella combinación de trabajo, estudios y montaña les permitía seguir compartiendo el deporte del que los cinco habían hecho su vida.

Quince pares de esquís y turnos para cocinar

Los padres acabaron convirtiéndose en entrenadores y técnicos de material a tiempo completo. En enero, Emma describió a ‘PlanetSKI’ una jornada que empezaba en la pista, seguía con el análisis de vídeos y dejaba al menos tres horas diarias en la sala de esquís. Cada deportista utilizaba cinco pares que había que preparar. A eso se añadían las reservas, los desplazamientos y la compra. La cocina terminó repartiéndose: los hermanos asumieron turnos porque sus padres ya no llegaban a todo. “Ahora sí que somos un equipo”, resumió Emma.

Las cuentas también se hacen entre cinco. Emma cifró en 220.000 libras el coste del programa durante el año anterior, con Phil y ella cobrando apenas lo suficiente para cubrir la hipoteca. El viaje a Levi, Finlandia, costó 12.000 libras pese a que los padres condujeron cuatro días para ahorrar mientras los chicos volaban. Dos pruebas estadounidenses quedaron fuera: enviar a Freddy con un entrenador habría supuesto otras 17.000. Los patrocinadores aportaban material y las donaciones ayudaban a pagar el resto. A finales de diciembre de 2025, tenían fondos solo hasta el 15 de enero, cuando la ayuda de un benefactor les dio margen para continuar.

Celebrar y sufrir en la misma carrera

En marzo, el Mundial júnior de Narvik, Noruega, concentró las emociones más difíciles. Luca lideraba el eslalon después de la primera manga, Freddy era segundo y Zak, décimo. En la bajada definitiva, Luca amplió su ventaja, pero un error a unas diez puertas de la llegada lo dejó fuera. Freddy consiguió la plata; Zak terminó vigésimo pese a unas molestias de espalda y fue a felicitar a su gemelo. “Se rompieron varios corazones en ese momento, incluidos los nuestros”, contó Emma. La misma familia tenía una medalla que celebrar y una victoria que había visto escaparse.

El 2 de septiembre llegó una fotografía muy distinta en Coronet Peak, Nueva Zelanda: Luca primero, Zak segundo y Freddy tercero. Los tres ocuparon todas las posiciones del podio de un eslalon internacional. Aquel día incluso hubo una coincidencia entre los gemelos, que marcaron exactamente el mismo tiempo en la segunda manga: 44,98 segundos. Después de tantos años entrenando juntos, sus carreras individuales habían terminado reuniéndolos en una imagen familiar que la Federación Internacional de Esquí y Snowboard -FIS- destacó por lo poco habitual.

Tres caminos dentro del mismo equipo

Compartir padres, entrenamientos y viajes deja espacio para intereses diferentes. De adolescente, Luca había creado una marca de ropa, Traax, y hablaba de dedicarse a los negocios; Zak se imaginaba viajando para hacer películas y fotografías. También han buscado cómo convivir deportivamente: Freddy explicó en diciembre de 2025 que los gemelos habían acordado centrarse entonces en disciplinas distintas, él en gigante y Zak en eslalon, ante la posibilidad de competir por plazas limitadas. Sobre sus entrenadores, en cambio, lo tenía claro: “No querría que me entrenara nadie que no fueran mis padres”, dijo a ‘SW Londoner’.

Cuando todavía eran niños, Emma explicaba que aquellas jornadas de esquí libre les ayudaban a salir de la intensidad de las carreras. “Para Phil y para mí, lo importante es que les apasione esquiar”, decía. En las fotografías de entonces aparecen los tres con sus creaciones de ganchillo; años después, aparecen juntos en un podio. Entre unas y otras quedan apartamentos compartidos, clases durante los viajes, esquís que preparar y comidas por turnos: la vida cotidiana de una familia que sigue recorriendo el invierno junta.