Los Casula, dos hermanos que se entienden a ritmo de breaking
Javier Nieto
noviembre 1, 2026

A Leonardo Casula le bastaba su habitación para entrenar cuando la pandemia cerró los espacios donde practicaba breaking. Aquellos días también estrecharon su relación con su hermana pequeña, Ginevra. “Nos hemos entrenado siempre uno al lado del otro, ayudándonos a mejorar cada día”, cuenta en una entrevista con la Federación Mundial de Danza Deportiva -WDSF-. Hoy compiten como ‘B-Boy Leo’ y ‘B-Girl Gintonic’. Discuten, tienen estilos diferentes y encuentran en el baile una forma de colaborar. “Recordad su nombre, porque estoy seguro de que oiréis hablar mucho de B-Girl Gintonic en el futuro”, dice él.

Leonardo, de quince años, representará a Italia en los Juegos Olímpicos de la Juventud de Dakar 2026, cuya competición de breaking se disputará los días 12 y 13 de noviembre. Nació en Cagliari y creció con su hermana en Serdiana, un pueblo de unos 2.500 habitantes rodeado de viñedos en Cerdeña. Ambos han ganado títulos italianos en sus respectivas categorías. La preparación de Leonardo para Dakar añade ahora una cita internacional a una historia familiar construida entre el agua, las tablas y el baile.

Una infancia entre el agua y el baile

Sus padres son instructores de natación y Leonardo comenzó a familiarizarse con el agua cuando tenía apenas dos meses. Después llegaron el skate, el tenis y el surf. “A veces descubres tu talento dando un rodeo”, reflexiona. Durante su infancia probó formas distintas de moverse antes de encontrar la que más le gustaba: “Cuando descubrí el breaking, encontré la mejor manera de expresarme y decidí dedicarme a ello por completo”. El mar había ocupado ya una parte importante de su vida, tanto para practicar deporte como para descansar.

En diciembre de 2019, con ocho años, fue el participante más joven del Buggerru Surf Trophy. A esa misma edad descubrió el breaking y empezó a trasladar al baile lo que había aprendido sobre la tabla. “Gracias a los deportes que había practicado antes, especialmente el surf, pude progresar rápidamente; ya tenía un buen control de mi cuerpo e incluso incorporé elementos de mi experiencia a algunos movimientos”, explica. Aunque el breaking ganó protagonismo durante el confinamiento, siguió participando en pruebas de surf: las clasificaciones federativas todavía lo sitúan en una competición nacional en Buggerru en 2023.

Discusiones como todos los hermanos

Ginevra también está construyendo su propio recorrido. Su escuela, Black Stars, confirmó su título italiano absoluto en la categoría de ocho a once años en 2025, mientras Leonardo terminó segundo entre los participantes de doce a quince. Él había comenzado su experiencia internacional en 2022, viajando por Europa para conocer a otros bailarines y medirse con ellos. En el Mundial juvenil de Oporto, en 2025, encontró una referencia más clara de sus posibilidades: “Fue entonces cuando comprendí a dónde quería llegar y de qué era capaz”.

La complicidad no elimina las discusiones. “Como todos los hermanos, discutimos a menudo… pero en el breaking siempre encontramos un punto de encuentro, una forma de ayudarnos y beneficiarnos el uno del otro”, reconoce Leonardo. Habla de Ginevra con entusiasmo y distingue lo que cada uno aporta: “Tenemos estilos diferentes, pero juntos creamos una conexión perfecta”. Esa relación también tiene un proyecto pendiente. Le gustaría participar con ella en batallas por parejas, quizá en un formato como ‘Bonnie & Clyde’, y convertir en una actuación conjunta lo que practican uno al lado del otro.

Un maestro que terminó siendo padrino

En ese recorrido aparece Claudio Cogoni, conocido como ‘Yaio’, integrante de la crew Ormus Force. Fue el primer maestro de Leonardo y continúa siendo su entrenador de referencia. Su relación fue creciendo más allá de las sesiones de práctica hasta convertirse en padrino y ahijado. “Desde el principio percibí su dedicación absoluta al breaking y a todo lo que representa; fue inmediatamente una inspiración y una guía”, explica. La cercanía se ha construido durante años, desde sus primeros pasos hasta la preparación de una cita olímpica juvenil.

Cuando necesita bajar el ritmo, Leonardo vuelve al mar. “Amo mi isla, Cerdeña, y especialmente el mar. Es mi lugar favorito para relajarme, normalmente sobre mi tabla de surf”, cuenta. La costa sigue siendo su refugio aunque los viajes y los entrenamientos ocupen cada vez más espacio. Él encuentra una explicación sencilla para esa convivencia entre el movimiento y la calma: “Siempre he sido una persona llena de energía, así que el efecto tranquilizador que el mar tiene sobre mí crea el equilibrio perfecto. El contacto con la naturaleza tiene el poder de dar serenidad al alma”.