Los deportes que podrían desaparecer de los Juegos Olímpicos (y los nuevos)
Javier Nieto
marzo 24, 2026

La gran batalla del programa olímpico ya no gira solo en torno a qué deportes merecen estar, sino a cuáles encajan mejor en el producto que el Comité Olímpico Internacional -COI- quiere proyectar en la próxima década. Con el programa inicial de Brisbane 2032 aplazado hasta una decisión del COI en 2026, el tablero se ha desplazado hacia una lógica más estratégica: ya no se trata solo de tradición deportiva, sino de mercado, visibilidad, gobernanza y capacidad de adaptación a nuevas audiencias.

Esa lógica ya quedó expuesta en Los Ángeles 2028. El COI aprobó en 2023 la entrada de cricket en formato T20, flag football, lacrosse sixes, squash y baseball/softball como deportes adicionales propuestos por la ciudad sede, y en 2025 confirmó un programa de 351 pruebas con una cuota base de 10.500 atletas, a la que se suman 698 plazas extra para esos cinco deportes. En ese modelo, el programa olímpico se parece cada vez más a una optimización de cartera: mantener el núcleo, abrir ventanas en mercados de alto potencial y ajustar el tamaño del producto sin perder atractivo comercial.

Los deportes que llegan con más impulso ya enseñan por dónde va el COI

La lista de ganadores recientes ofrece una radiografía bastante clara. Cricket entra por el peso específico de India, por su valor audiovisual y por su capacidad para ampliar la huella global del movimiento olímpico en uno de los mayores mercados del deporte. Flag football responde a otra lógica muy reconocible: la influencia de la National Football League -NFL- y la búsqueda de una pieza de fuerte acento estadounidense en el camino hacia LA28. Lacrosse sixes aporta formato rápido y televisivo, con el respaldo de Norteamérica, mientras que squash llega por la combinación de persistencia institucional, presencia internacional y una narrativa de inclusión largamente postergada.

También baseball/softball encaja en esa ecuación de sede, mercado y tradición local. En Los Ángeles tiene sentido por contexto cultural, por comercialización y por encaje en el ecosistema deportivo estadounidense, pero su valor para el futuro también depende de lo que ocurra más allá de 2028. La experiencia de LA28 deja además otra lectura importante: la ciudad anfitriona conserva capacidad para empujar deportes que conectan con su propio mercado y con sus prioridades de proyección. En ese esquema, el programa olímpico no se decide solo desde la tradición, sino también desde la capacidad de la sede para introducir piezas con valor local y comercial dentro del marco que autoriza el COI.

Los deportes históricos que siguen dentro, pero con menos margen

Seguir dentro del programa ya no significa estar blindado: en algunos casos, el COI ha evitado la ruptura inmediata, pero mantiene la presión sobre deportes que siguen sin ofrecer una respuesta plenamente convincente en gobernanza, coste, formato o credibilidad.

Boxeo ya no está fuera del programa de LA28: el COI concedió reconocimiento provisional a World Boxing en febrero de 2025 y en marzo la Session aprobó su inclusión en los Juegos. Pero esa reincorporación no ha despejado del todo las dudas sobre el rumbo institucional del deporte. La nueva federación nació precisamente para ofrecer una salida al vacío dejado por la ruptura con la IBA, aunque su evolución reciente ha seguido generando interrogantes por la confusión en su dirección política, la retirada de Boris van der Vorst, la llegada sin oposición de Gennadiy Golovkin a la presidencia, las dudas sobre la integración real de la voz de los atletas y la controversia por sus nuevas reglas obligatorias de verificación de sexo. En otras palabras, el boxeo ha vuelto, pero no puede decirse todavía que haya encontrado la estructura sólida, transparente y cohesionada que el COI buscaba como garantía de futuro.

La presión también se mantiene sobre halterofilia y pentatlón moderno, aunque por motivos distintos. La International Weightlifting Federation -IWF- conservará en LA28 una cuota de 120 atletas y 10 categorías, una cifra muy reducida para un deporte olímpico histórico y todavía condicionada por el largo lastre del dopaje. A eso se añade que la federación sigue presentando la estabilidad institucional y financiera como una tarea todavía en construcción, de modo que el recorte no solo castiga el pasado, sino que mantiene abierta la duda sobre cuánto margen real conserva el deporte si no convence del todo en gobernanza, credibilidad y sostenibilidad. En pentatlón moderno, la cuota baja de 72 a 64 atletas para Los Ángeles, un golpe recibido con “considerable decepción” por la UIPM incluso después del reemplazo de la equitación por la carrera de obstáculos. Ese recorte sugiere que el cambio de formato, por sí solo, no ha bastado para despejar todas las dudas sobre identidad, popularidad y coste organizativo dentro del nuevo mercado olímpico.

Dinero, medios y gobernanza: el filtro real del nuevo programa olímpico

Detrás de ese reparto hay una lógica económica mucho más visible que en décadas anteriores. El COI sostiene que redistribuye el 90% de sus ingresos al deporte y al movimiento olímpico, y ha situado en 7.500 millones de dólares los ingresos ya asegurados para el ciclo 2025-2028. Eso convierte el programa en mucho más que una lista competitiva: es el escaparate desde el que se reparte visibilidad global, acceso a financiación y peso político dentro del ecosistema olímpico

Por eso la gobernanza se ha convertido en un filtro tan útil para el organismo. Transparencia, estructura federativa, cumplimiento antidopaje, estabilidad operativa y adaptación a nuevas exigencias pesan hoy junto al atractivo digital, el equilibrio de género o la potencia de mercado. El programa inicial de Brisbane 2032 se decidirá en 2026 y llegará con esa doble lectura ya instalada: algunos deportes pelearán por entrar porque representan nuevos públicos y nuevos territorios; otros lo harán para no perder una centralidad global de la que dependen buena parte de su financiación, su presencia mediática y su capacidad de seguir siendo relevantes dentro del ecosistema olímpico.