Los Mundiales del calor: de Qatar al reto de Arabia Saudí
Javier Nieto
mayo 17, 2026

El Mundial de 2026 llega con una alerta añadida para la organización del fútbol internacional. El torneo de Estados Unidos, México y Canadá será el primero con 48 selecciones y 104 partidos, pero también aparece como una prueba para medir hasta qué punto el calor extremo puede condicionar la planificación de las grandes competiciones. La cuestión va más allá de una edición concreta: afecta al calendario tradicional de junio y julio, al precedente de Qatar 2022, al Mundial 2030 de España, Portugal y Marruecos y, especialmente, al futuro torneo de Arabia Saudí 2034.

La alerta llega después de que un análisis de World Weather Attribution, recogido por Reuters, haya advertido de que alrededor de una cuarta parte de los partidos del Mundial 2026 podrían jugarse en condiciones por encima de los límites de seguridad recomendados por FIFPRO. El estudio calcula además que unos cinco encuentros podrían disputarse en condiciones consideradas inseguras, en las que el sindicato mundial de futbolistas recomienda valorar el aplazamiento, una estimación que vuelve a situar la salud de jugadores, árbitros, trabajadores y aficionados dentro de la planificación del torneo.

El calor como límite para el calendario tradicional

El informe utiliza el índice Wet Bulb Globe Temperature -WBGT-, que combina temperatura, humedad, radiación solar y viento para medir el estrés térmico. La referencia es importante porque el riesgo no depende solo de los grados del termómetro: una sede con elevada humedad puede generar condiciones más exigentes para el organismo que otra con temperaturas más altas, pero con ambiente seco. FIFPRO recomienda medidas de enfriamiento cuando ese índice supera los 26 grados y plantea el aplazamiento de partidos a partir de los 28.

FIFA sostiene que ha trabajado en una planificación específica para 2026, con pausas de hidratación de tres minutos en cada parte, infraestructuras de enfriamiento, ciclos adaptados de trabajo y descanso y dispositivos médicos preparados según las condiciones reales de cada sede. “FIFA está comprometida con proteger la salud y la seguridad de jugadores, árbitros, aficionados, voluntarios y personal”, señaló el organismo a Reuters.

El precedente de Qatar: mover el Mundial también tiene coste

Qatar 2022 ya demostró que FIFA puede mover un Mundial cuando el clima hace inviable mantener la ventana tradicional. El torneo se disputó en noviembre y diciembre para evitar el verano del Golfo, una decisión que redujo la exposición directa al calor extremo y rompió por primera vez con la ubicación habitual del campeonato en junio y julio. Aquella edición confirmó que el calendario no es una pieza intocable, pero también que cualquier cambio de fechas tiene consecuencias sobre el resto del ecosistema futbolístico.

La solución, sin embargo, no fue neutra. El Mundial de invierno comprimió el calendario de clubes, redujo los márgenes de preparación y recuperación y obligó a adaptar la temporada europea a una competición situada en mitad del curso. Tampoco fue una fórmula especialmente cómoda para clubes ni futbolistas, que en general han mostrado recelos ante un modelo que altera rutinas deportivas, planificación física, ventanas comerciales y negocio televisivo. Qatar resolvió parte del problema climático, pero trasladó parte del coste al calendario.

De España, Portugal y Marruecos a Arabia Saudí

El Mundial 2030, organizado por España, Portugal y Marruecos, no plantea el mismo escenario climático que Arabia Saudí, pero tampoco queda fuera de la discusión. Si mantiene la ventana habitual, algunas sedes del sur de Europa y del norte de África podrían quedar expuestas a temperaturas elevadas en junio y julio, en muchas franjas horarias con temperaturas cercanas a los 40 grados, lo que obligaría a revisar horarios, zonas de entrenamiento, desplazamientos, fan zones, protocolos médicos y condiciones de trabajo para voluntarios y personal operativo. El debate, por tanto, ya no se limita a países del Golfo, sino que alcanza también a regiones tradicionalmente integradas en el calendario de verano.

Arabia Saudí 2034 aparece como el gran examen pendiente. Por clima, disputar el torneo en verano sería mucho más complejo que en la mayoría de sedes de 2030, y la experiencia de Qatar hace pensar que FIFA tendrá que decidir entre ampliar la climatización de estadios, apostar por horarios nocturnos, endurecer sus protocolos de calor o volver a estudiar un cambio de ventana. El informe sobre 2026 convierte así el calor en una variable central para el futuro del Mundial y deja abierta una pregunta cada vez más difícil de evitar: si el cambio climático ya ha empezado a cambiar también la fecha del mayor torneo del fútbol.