Mohebi, la FIFA y la política que no abandona el fútbol
Farzad Youshanlou
junio 16, 2026

Existe una idea persistente en el fútbol global: que la política puede mantenerse fuera del juego. La controversia en torno a la celebración de Mohammad Mohebi contra Nueva Zelanda demuestra lo poco realista que es esa suposición.

Mohebi, centrocampista de la selección iraní, generó una reacción inmediata tras marcar el gol del empate y celebrar con un gesto de disparo dirigido hacia sectores del público. No se trataba de espectadores neutrales. Muchos de ellos se oponen abiertamente al actual sistema político iraní y rechazan a la selección como representante legítimo del país.

Aislada, una celebración podría interpretarse como una reacción emocional. Pero este momento no puede separarse de su contexto. Se produjo tras las protestas de enero de 2026 en Irán, donde, según múltiples informes, manifestantes fueron tiroteados, detenidos y en algunos casos ejecutados. Algunos relatos describen víctimas encontradas con ropa hospitalaria, lo que ha generado aún más cuestionamientos.

En este contexto, el gesto de Mohebi ha sido interpretado por críticos no como una simple celebración, sino como un símbolo cargado de significado político. Para algunos, refleja alineación con la violencia estatal. Para otros, constituye un mensaje dirigido a los aficionados disidentes dentro del estadio.

Al mismo tiempo que se jugaba el partido entre Irán y Nueva Zelanda en el SoFi Stadium de Los Ángeles, surgieron informes sobre la ejecución de dos jóvenes manifestantes detenidos durante las protestas de enero.

Partido Irán vs Nueva Zelanda – FIFA 2026

Además, varios futbolistas detenidos durante esas protestas han sido identificados entre los afectados, incluidos Ehsan Hosseini Pour, Amir Nasr Azadani, Abbas Yahya Begi, Rashid Mazaheri y Mohammad Hossein Hosseini. Permanecen en prisión, y algunos enfrentan, según informes, el riesgo de pena de muerte.

Y sin embargo, pese a la magnitud de la polémica, la FIFA ha permanecido en silencio.

Este silencio resulta aún más llamativo si se compara con la aplicación activa de restricciones simbólicas por parte de la organización. Durante el Mundial, la FIFA impidió la entrada de banderas y prendas con el símbolo del León y el Sol, calificándolo como “pre-revolucionario”. Aunque se presenta como una decisión neutral, este tipo de medidas define qué identidades pueden ser visibles.

Una demanda presentada por el ciudadano iraní-estadounidense Kermanian en California terminó reforzando la autoridad de la FIFA para regular la expresión dentro de sus estadios. Pero más allá de lo legal, queda una pregunta más profunda: ¿quién decide qué es político en un espacio que ya lo es?

La bandera del León y el Sol de Irán

A pesar de las restricciones, muchas banderas del León y el Sol estuvieron presentes en el estadio. Al mismo tiempo, otros símbolos políticos también fueron visibles. Seguidores del gobierno, grupos pro-palestinos e incluso personas con banderas de Israel contribuyeron a un ambiente claramente politizado.

Los reportes de enfrentamientos fuera del estadio no hicieron más que confirmar lo evidente: no era solo un partido de fútbol, sino un espacio de confrontación de identidades y posturas.

Este episodio no demuestra que la política haya entrado en el fútbol. Demuestra que siempre ha estado ahí. Lo que ha cambiado es que ahora resulta imposible ignorarlo.

La FIFA puede regular gestos y símbolos, pero no puede controlar el significado que jugadores y aficionados les atribuyen. Tampoco puede sostener plenamente una postura de neutralidad mientras aplica criterios selectivos.

La pregunta ya no es si el fútbol debe ser político. Lo es. La verdadera cuestión es si instituciones como la FIFA están dispuestas a reconocer esa realidad.