La WNBA atraviesa uno de los momentos más decisivos de su historia. En apenas un año, el valor conjunto de sus trece franquicias creció un 59%, hasta alcanzar una tasación agregada de US$5.551 millones, una cifra que confirma el salto estructural que vive la liga y que, durante años, pareció postergado frente al desarrollo comercial de otras grandes propiedades del deporte estadounidense. Más allá del número, el dato refleja un cambio de escala: el baloncesto femenino profesional dejó de ser visto como una apuesta de largo plazo para convertirse en un activo con peso propio dentro del negocio global del deporte.
La valoración media de los equipos ya se ubica en US$427 millones, con una liga que no solo gana tracción financiera, sino también centralidad cultural. El crecimiento responde a una combinación de factores que venían madurando desde hace años: mayor visibilidad mediática, expansión del interés comercial, nuevas audiencias y una generación de jugadoras capaces de convertir rendimiento deportivo en impacto económico. La WNBA ya no solo crece en popularidad; empieza a traducir esa relevancia en valor tangible, en un mercado que históricamente había subestimado el potencial del deporte femenino.
Golden State marca el nuevo techo económico de la WNBA
La irrupción de Golden State Valkyries reconfiguró de inmediato la escala financiera de la WNBA. En su temporada inaugural, la nueva franquicia fue valorada en US$850 millones, muy por encima del resto de la liga y muy lejos también de los US$50 millones que se estima costó su ingreso, incluyendo inversiones operativas y de infraestructura. La diferencia entre ambos números no solo ilustra una valorización acelerada; también evidencia cuánto cambió la percepción del mercado sobre el negocio del baloncesto femenino en un lapso muy corto. Lo que hace pocos años era una expansión experimental, hoy se entiende como una inversión premium.
Detrás de las Valkyries aparecen New York Liberty, con una valoración de US$600 millones, e Indiana Fever, con US$560 millones, dos franquicias que condensan buena parte del nuevo impulso comercial de la liga. En el caso de Indiana, el efecto Caitlin Clark ayudó a convertir al equipo en uno de los activos más observados del deporte estadounidense reciente, mientras que New York consolidó un modelo de franquicia con fuerte tracción en patrocinio, audiencia y posicionamiento de marca. Seattle Storm, tasada en US$425 millones, completa el grupo de organizaciones que hoy sostienen el nuevo mapa económico de una liga que comienza a separar con claridad a sus activos más fuertes del resto del mercado.
Más ingresos, mejores salarios y una nueva relación con sus jugadoras
El crecimiento de la valoración no llegó solo. En 2025, las trece franquicias generaron ingresos por US$410 millones, con una media de US$31,5 millones por equipo, un aumento del 56% respecto al año anterior. El salto es relevante no solo por su magnitud, sino porque expone una contradicción histórica dentro de la liga: durante años, la WNBA generó valor sin redistribuirlo en proporción a su crecimiento. Hasta ahora, cada franquicia apenas recibía cerca de US$2,5 millones, en parte por una estructura de propiedad condicionada por la participación mayoritaria de dueños vinculados a la NBA e inversores externos que moldearon durante años el reparto económico de la competición.
Ese desequilibrio comenzó a corregirse en marzo, cuando la liga alcanzó un nuevo convenio colectivo con el sindicato de jugadoras (WNBPA), cerrando una negociación clave para redefinir la relación entre crecimiento e ingresos laborales. El acuerdo garantiza a las jugadoras el 20% de los ingresos de la competición durante su vigencia y eleva el tope salarial a US$7 millones, más de cuatro veces por encima del límite anterior. En términos concretos, el nuevo marco transforma la vida económica de las protagonistas de la liga: el salario promedio ascenderá a US$600.000 y el mínimo superará los US$300.000. Detrás de esos números hay algo más profundo que una mejora contractual: el reconocimiento cuantificable de cuánto valor generan quienes sostienen el espectáculo dentro de la cancha.
