Mientras buena parte de la atención pública en torno a la 146ª Sesión del Comité Olímpico Internacional de esta semana se centra en la neutralidad política y en la futura participación de los deportistas rusos, otra propuesta sobre la mesa puede tener un impacto mucho más profundo en el futuro a largo plazo del deporte olímpico.
El COI estudia cambios en la Carta Olímpica que eliminarían la lista fija de Federaciones Internacionales del propio texto y darían a la organización una mayor flexibilidad para determinar la composición y la gobernanza del programa olímpico. A primera vista, puede parecer un ajuste jurídico menor. No lo es.
Una nueva relación con las federaciones
La medida supondría un cambio de fondo en el equilibrio entre el peso histórico de cada deporte y la evaluación continua de su valor dentro del Movimiento Olímpico. Durante décadas, formar parte del programa olímpico ofrecía una cierta estabilidad institucional, muy vinculada al reconocimiento histórico y a las estructuras de gobernanza incluidas en la Carta Olímpica.
Con la reforma planteada, el COI ganaría margen para definir los futuros programas olímpicos en función de criterios estratégicos como la eficiencia de costes, la viabilidad operativa, el atractivo global o la sostenibilidad a largo plazo. En la práctica, cada FI podría entrar en una etapa en la que su relevancia olímpica ya no se dé por hecha, sino que tenga que ganarse de forma constante.
Un cambio alineado con ‘Fit for the Future’
Esto no significa que los deportes olímpicos tradicionales estén de repente en riesgo de desaparecer del programa. Sí implica, sin embargo, que los criterios con los que se mide a los deportes y a sus federaciones pueden volverse más dinámicos y estar más conectados con la realidad actual de la gobernanza deportiva.
El momento también resulta especialmente significativo. La propuesta llega en paralelo a la agenda ‘Fit for the Future’, con la que el COI busca hacer que el Movimiento Olímpico sea más ágil, sostenible y capaz de adaptarse a un contexto global cambiante. La dirección parece clara: más flexibilidad, menos rigidez; más rendimiento estratégico, menos derechos adquiridos; más futuro y menos comodidad histórica.
Qué tendrán que demostrar las federaciones
Para las FI, las consecuencias pueden ser importantes. La conversación podría dejar de girar únicamente en torno a la excelencia técnica de cada deporte y abrirse a una evaluación más amplia, en la que entren cuestiones como la calidad de la gobernanza, la sostenibilidad financiera, la relevancia comercial, la participación global, la conexión digital, la capacidad de organizar eventos y la contribución de cada disciplina a la marca olímpica.
Algunas federaciones líderes ya han empezado a trabajar en esa dirección. Otras tendrán que acelerar su transformación si no quieren quedarse atrás en un ecosistema en el que el COI se ve cada vez más no sólo como guardián de la tradición olímpica, sino como gestor de una plataforma deportiva global que debe ser sostenible, eficiente y atractiva para las nuevas generaciones.
El peso real de la reforma
Para los Comités Olímpicos Nacionales y las Federaciones Internacionales, el mensaje es directo. El futuro olímpico puede premiar a las organizaciones capaces de demostrar valor, adaptación y visión estratégica, no sólo a aquellas que han ocupado históricamente un espacio dentro del programa.
Si estas enmiendas salen adelante, probablemente no generarán los titulares de una disputa geopolítica ni de una decisión polémica sobre elegibilidad. Pero pueden terminar siendo una de las reformas de gobernanza más importantes de la era Coventry… Una vez dicho esto, ¿qué deportes, federaciones y organizaciones están mejor preparadas para contribuir al Movimiento Olímpico del futuro?
