La Federación Internacional de Fútbol Asociación -FIFA- plantea destinar 6.350 millones de dólares al desarrollo del fútbol entre 2027 y 2030, según un documento examinado por ‘Associated Press’. La propuesta incluye 25 millones por federación nacional, 99 millones por confederación y más de 3.500 millones procedentes de reservas. El plan aparece antes del Consejo del jueves en Zúrich, Suiza, y sitúa a Gianni Infantino como promotor de un aumento de recursos mientras sus críticos reclaman reformas institucionales. Las cantidades todavía no están aprobadas.
La comparación requiere distinguir tres referencias. El programa FIFA Forward 3.0 contempla hasta ocho millones por federación para 2023-2026, además de ayudas específicas para asociaciones que cumplen determinados requisitos. Para 2027-2030, AP señala una previsión anterior de diez millones, que la nueva propuesta elevaría a veinticinco: quince millones más durante el ciclo. Por su parte, la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol -UEFA- y la Confederación de Fútbol de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe -CONCACAF- habían reclamado al menos diez millones adicionales sobre los compromisos de Forward. La asignación total propuesta y aquella petición extraordinaria son conceptos distintos, cuyo alcance también depende de las condiciones de acceso.
Las reservas cambian el planteamiento
El documento descrito por AP vincula la financiación al éxito comercial del Mundial de 48 selecciones y prevé un énfasis en fútbol femenino y juvenil. Utilizar reservas recoge el planteamiento de quienes defendían que FIFA podía aumentar las ayudas sin vender participaciones vinculadas a sus competiciones. El proyecto retirado FIFA Forward Enterprise -FFE- pretendía generar recursos mediante una nueva estructura comercial y entrada de capital privado. La alternativa actual cambia la fuente de financiación de ese incremento, aunque examinar su sostenibilidad exige considerar los compromisos futuros y el margen financiero que conservaría la organización.
El calendario descrito contempla finalizar el plan en el Consejo de diciembre y someterlo a aprobación del Congreso en marzo de 2027. La reunión del jueves, por tanto, no debe confundirse con el cierre de todo el procedimiento. En su carta del 28 de septiembre, examinada por ‘Reuters’, Infantino había condicionado cualquier reparto a comprobaciones financieras y aprobación formal. También situó entre las decisiones del Consejo los importes, los plazos, las reservas necesarias y los requisitos de elegibilidad, información y auditoría. Las cifras propuestas no equivalen a desembolsos inmediatos ni acreditan que las ayudas vayan a concederse sin condiciones.
Una respuesta económica a sus críticos
La propuesta puede modificar la posición de Infantino en la negociación: pasa de aceptar que se estudie una petición de sus críticos a promover un incremento concreto de la financiación. Una federación podría respaldar ese aumento y mantener sus objeciones sobre la dirección de FIFA. Esa posibilidad obliga a separar el apoyo a un presupuesto del respaldo a un presidente. El éxito comercial invocado ofrece una justificación económica para ampliar los recursos; la coincidencia con la disputa institucional y electoral no demuestra, por sí misma, que el plan responda a una finalidad de campaña.
Las demandas europeas abarcan cuestiones que una mayor asignación no resuelve automáticamente. El 8 de octubre, UEFA y 54 de sus asociaciones, con la excepción de Azerbaiyán, respaldaron propuestas para separar funciones de presidencia y gestión, fortalecer la intervención del Consejo antes de asumir compromisos y proteger los órganos de control. También reclamaron una política transparente sobre las reservas y asignaciones de Forward garantizadas para las federaciones que cumplan los requisitos, al margen de interferencias políticas. Esa posición precede a la nueva propuesta financiera y no debe interpretarse como una reacción a ella.
Financiación, confianza y decisiones pendientes
La dimensión electoral aparece porque las 211 federaciones beneficiarias también participan en la elección presidencial prevista para marzo. Sin embargo, el reparto de recursos es una función institucional de FIFA y apoyar una medida de desarrollo no permite deducir el sentido de un voto. El desacuerdo europeo incluye una pérdida de confianza en el liderazgo actual y una petición de relevo. La oportunidad política para Infantino dependería de cómo valoren las asociaciones la propuesta y su aplicación, mientras las exigencias sobre FFE y la rendición de cuentas requieren respuestas propias.
La agenda del jueves incluye por separado la revisión de FFE, las reservas y la financiación de las federaciones, y el marco de gobernanza de FIFA. Esa división permitirá distinguir un avance presupuestario de un acuerdo sobre controles o de un encargo para continuar el análisis. Infantino ya había manifestado su disposición a plantear al Consejo una evaluación externa independiente y consultas sobre la toma de decisiones. La reunión permitirá comprobar qué pasos se adoptan en cada materia, mientras el calendario descrito por AP contempla diciembre y marzo para la finalización y aprobación del nuevo plan económico.
