La pregunta de los 2.100 millones de la FIFA: ¿puede el dinero resolver una crisis de poder?
Javier Nieto
octubre 12, 2026

Aleksander Čeferin, presidente de la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol -UEFA-, y Victor Montagliani, presidente de la Confederación de Fútbol de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe -CONCACAF-, han enviado una nueva carta a Gianni Infantino, con copia a los miembros del Consejo de la Federación Internacional de Fútbol Asociación -FIFA-, según ‘The Times’. Reiteran la propuesta de entregar diez millones de dólares adicionales a cada una de las 211 federaciones, alrededor de 2.100 millones en total, y reclaman respuestas sobre el retirado proyecto FIFA Forward Enterprise -FFE-. La discusión llega al Consejo del jueves en Zúrich, Suiza, con dos asuntos relacionados: la financiación del desarrollo y la autoridad para decidir cómo se obtiene y distribuye.

La petición económica tiene un antecedente en la carta de septiembre, que planteaba una asignación extraordinaria para el ciclo 2027-2030, por encima de los compromisos de FIFA Forward. Su argumento era que la organización podía destinar más recursos al fútbol sin vender participaciones vinculadas a sus competiciones. Esa propuesta cuestiona la necesidad financiera de FFE, pero no demuestra por sí sola que cualquier entrada de capital privado hubiera sido injustificada. Para determinarlo hacen falta las hipótesis de ingresos, costes, riesgos y obligaciones que sustentaban el proyecto. El desacuerdo afecta tanto al modelo económico como a la información que debía recibir el órgano encargado de evaluarlo.

Las reservas y quién decide sobre ellas

Según ‘The Times’, la nueva carta añade 36 millones de dólares para cada una de las seis confederaciones y tres millones para cada unión regional. Los autores proponen una reserva prudente de 2.300 millones, equivalente a un año de gasto recurrente previsto, y calculan que después del reparto quedarían 2.600 millones. También piden un acceso más sencillo a los fondos. Son sus estimaciones, no una distribución aprobada. Reservas contables, liquidez y capacidad de gasto no son conceptos intercambiables: un patrimonio elevado no elimina compromisos futuros ni garantiza que todo pueda desembolsarse inmediatamente. La cuestión institucional es quién comprueba los cálculos, qué documentación utiliza y cómo explica el margen disponible.

Infantino ha aceptado estudiar una financiación adicional, sin comprometer una cantidad. En la carta del 28 de septiembre examinada por ‘Reuters’, encargó evaluar los modelos financieros y someter cualquier reparto a comprobaciones y aprobación formal. “No prejuzgaré la cantidad”, escribió. También situó entre las decisiones del Consejo el importe, los plazos, las reservas necesarias y las condiciones de elegibilidad, información y auditoría. Esa posición merece reflejarse: exigir prudencia financiera no equivale a rechazar el desarrollo. Pero el procedimiento necesita permitir que el Consejo contraste las opciones, además de recibir una cifra preparada por la administración.

FFE dejó preguntas sobre la autoridad

FFE pretendía agrupar actividades comerciales y operativas de la FIFA en una nueva sociedad y atraer inversión privada mediante la venta de una participación minoritaria del 20%. La organización defendía que permitiría aumentar los recursos para sus federaciones y que solo avanzaría con la aprobación correspondiente. El proyecto fue retirado, pero su abandono no responde automáticamente a las preguntas sobre su preparación. La nueva carta insiste, según ‘The Times’, en que quedan cuestiones pendientes que deben abordarse en el Consejo. Aquí aparece la diferencia entre consultar sobre una propuesta ya desarrollada y participar suficientemente pronto para examinar sus alternativas, supuestos y consecuencias antes de asumir compromisos.

Un acuerdo para repartir más dinero podría resolver parte de la discusión sobre recursos, pero no sustituye esa rendición de cuentas. Las propuestas oficiales respaldadas la semana pasada por la UEFA y 54 asociaciones europeas permiten concretar el problema: separan las funciones de presidencia y gestión, reclaman participación del Consejo antes de asumir compromisos y protegen los órganos de control frente a interferencias. También plantean que las federaciones que cumplan los requisitos tengan garantizadas sus asignaciones de Forward mediante un marco transparente. El vínculo entre financiación y gobernanza está en esas reglas: recibir fondos como un derecho institucional sujeto a condiciones conocidas, no como una concesión dependiente de relaciones políticas.

La revisión y las decisiones del jueves

Infantino también ha manifestado su disposición a plantear al Consejo una evaluación externa independiente y una consulta sobre la toma de decisiones. Esa apertura constituye una respuesta al conflicto, aunque todavía debe traducirse en un mandato aprobado. Su utilidad dependerá del alcance: examinar el diseño general de los órganos de la FIFA es distinto de reconstruir cómo se preparó FFE y qué información circuló entre ellos. Una revisión capaz de abordar ambas cuestiones necesitaría acceso documental, independencia en la evaluación y un procedimiento para trasladar sus recomendaciones a decisiones institucionales. Aprobarla sería un primer paso; definir esas condiciones determinaría qué puede esclarecer.

El Consejo es el principal órgano decisorio de la FIFA entre congresos y reúne a 37 miembros. El jueves deberá distinguirse entre una cantidad aprobada, una recomendación financiera y un encargo para continuar el análisis. También importará si se acuerda una revisión, quién la realizará y qué asuntos podrá examinar. En su carta de septiembre, Infantino contemplaba presentar una recomendación cuando hubiera evidencia suficiente o fijar el plazo más breve razonable para completar el trabajo. La reunión del jueves permitirá comprobar qué decisiones se adoptan sobre el reparto y qué procedimiento se establece para responder a las preguntas de gobernanza.