La lucha que enfrentan las atletas iraníes no es un fenómeno reciente. Sus raíces se remontan a la Revolución de 1979, cuando los islamistas derrocaron a la monarquía e instauraron un nuevo orden político que transformó profundamente el marco social y legal de Irán. En los años posteriores, se introdujo una serie de leyes discriminatorias en la vida pública. El deporte fue uno de los sectores más afectados, con las mujeres siendo progresivamente excluidas de numerosas disciplinas y espacios competitivos.
Este giro supuso una ruptura radical con el pasado deportivo del país. Antes de 1979, las mujeres iraníes se encontraban entre las principales competidoras de Asia en deportes como la natación, el voleibol y el baloncesto. La imposición del régimen islamista provocó, por tanto, un profundo impacto social. Desde el inicio, las mujeres respondieron con resistencia: organizaron protestas, desafiaron las directrices oficiales y rechazaron la segregación de género y la discriminación impuestas en el ámbito deportivo.
A pesar de este historial, la respuesta de las instituciones deportivas internacionales ha sido limitada. Durante décadas, el constante trabajo de lobby de las autoridades iraníes contribuyó a consolidar dentro del Comité Olímpico Internacional y sus organismos afiliados un relato que presenta las restricciones al deporte femenino como una cuestión de cultura o tradición. Esta interpretación oculta un hecho fundamental: las limitaciones impuestas a las atletas iraníes no tienen su origen en costumbres sociales, sino en políticas estatales introducidas y aplicadas tras 1979.

Selección nacional femenina de voleibol de Irán, 1966
Errores de cálculo del COI
Durante la presidencia de Antonio Samaranch, la expansión de la influencia del movimiento olímpico en Medio Oriente, especialmente en países de mayoría musulmana, fue considerada una prioridad estratégica. Sin embargo, la falta de un conocimiento profundo por parte del Comité Olímpico Internacional condujo a Samaranch a un grave error de apreciación. Subestimó el papel político del islam, no comprendió las rivalidades religiosas entre los países del Golfo Pérsico y creyó que podría convencer a los líderes religiosos de que el olimpismo era compatible con los valores islámicos.
Samaranch consideró la política de apaciguamiento como la mejor vía para asegurar, aunque fuera de forma mínima, la participación de mujeres atletas. Ignoró las voces de innumerables mujeres que fueron excluidas de la competición en países como Irán debido a los códigos de vestimenta obligatorios. En este contexto, apoyó abiertamente las iniciativas de Faezeh Hashemi Rafsanjani, hija de uno de los clérigos más influyentes de Irán, durante su etapa en el Comité Olímpico Nacional iraní.
La familia Hashemi Rafsanjani constituye uno de los mayores bloques de poder político y económico del país. Aunque Faezeh Hashemi ya no goza de respaldo popular, históricamente ha defendido reformas internas dentro de la República Islámica con el objetivo de evitar su colapso. Se define a sí misma como activista de derechos humanos que actúa dentro del marco legal iraní y ha sido encarcelada en varias ocasiones en medio de tensiones políticas internas.

Faezeh Hashemi Rafsanjani
Los Juegos Islámicos Femeninos
Los Juegos Islámicos Femeninos y la creación de la Federación Islámica de Deportes Femeninos fueron iniciativas impulsadas por Faezeh Hashemi, con el respaldo de Juan Antonio Samaranch, entonces presidente del Comité Olímpico Internacional, y del jeque Ahmad Al-Fahad Al-Sabah, presidente del Consejo Olímpico Asiático.
Hashemi buscó dotar al deporte femenino iraní de una identidad islámica y atraer a atletas musulmanas a estas competiciones. Sin embargo, estas iniciativas no tenían como objetivo ampliar la libertad de las mujeres en el deporte. Por el contrario, reforzaron las estrictas regulaciones islámicas y contribuyeron a mantener el sistema de control sobre las atletas en Irán. Aunque las perspectivas políticas de muchos países de mayoría musulmana diferían del enfoque iraní, con el respaldo del COI los programas de Hashemi sirvieron para legitimar las restricciones existentes en lugar de cuestionarlas.
Hashemi ingresó oficialmente en el ámbito deportivo en 1992 como vicepresidenta para Asuntos Femeninos del Comité Olímpico Nacional de la República Islámica de Irán. Organizó competiciones en 1993, 1997, 2001 y 2005, pero estos eventos se desarrollaron dentro del marco islámico del Estado y no ofrecieron a las atletas iraníes un acceso real a competiciones internacionales. Las mujeres en disciplinas como la gimnasia, la natación, los saltos, el ciclismo, el boxeo, la lucha, el judo, el culturismo y los deportes ecuestres han estado excluidas de campeonatos mundiales y de los Juegos Olímpicos desde la Revolución de 1979, y esta exclusión continúa hasta hoy.




