Astrit Hasani y la separación entre deporte y política
Javier Nieto
enero 2, 2026

El Dr. Astrit Hasani, presidente de la European Weightlifting Federation -EWF- y fundador del Sport Above Politics Movement, ha hecho pública una declaración en la que reflexiona sobre el papel del deporte como espacio de igualdad y competición justa, defendiendo que “el deporte ha demostrado durante décadas su capacidad para situarse por encima de la política”, incluso en contextos de fuerte división internacional.

En su posicionamiento, Hasani recuerda que la historia del deporte ofrece ejemplos claros de cómo la competición ha servido como canal de diálogo cuando la política no lo ha permitido. En este sentido, alude a los partidos de fútbol disputados entre Alemania Oriental y Occidental durante la Guerra Fría, que, según expone, “no resolvieron las diferencias políticas, pero abrieron espacios de reconocimiento y coexistencia cuando otros ámbitos estaban cerrados”.

El deporte como espacio de diálogo más allá de los conflictos políticos

El presidente de la EWF menciona también el Campeonato de Europa de judo celebrado en abril de 2016 en Kazán, Rusia, donde Kosovo logró una medalla de oro. Pese a que el país anfitrión no reconocía su independencia, “la bandera fue izada y el himno interpretado conforme al protocolo deportivo”, un gesto que, en palabras de Hasani, evidenció que “el deporte siguió siendo deporte, sin alterar posiciones geopolíticas”.

A partir de estos ejemplos, Hasani subraya que “los atletas deben ser juzgados por su rendimiento, no por sus pasaportes ni por circunstancias políticas”, y aclara que el principio de Sport Above Politics “no es neutralidad frente a la injusticia”, sino “respeto por la equidad, la dignidad y las reglas universales que unen a la humanidad más allá del conflicto”.

Excluir atletas no resuelve los conflictos

En su declaración, el dirigente de la European Weightlifting Federation recuerda también las consecuencias de la interferencia política en grandes eventos deportivos, citando los boicots de los Juegos Olímpicos de Moscú 1980 y Los Ángeles 1984. En ambos casos, afirma, “los verdaderos perdedores fueron los atletas”, que se vieron privados de oportunidades irrepetibles de competir, ganar medallas y asegurar premios o pensiones asociadas a sus resultados. Hasani señala que la participación conjunta de deportistas de ambos bloques en Seúl 1988 fue posible cuando el contexto político mejoró, lo que refuerza, a su juicio, la idea de que “excluir a atletas por conflictos ajenos a ellos genera daños duraderos sin resolver las causas que los provocan”.

En este contexto, Hasani insiste en que “la neutralidad en el deporte no implica respaldo, reconocimiento ni validación de ninguna posición política”, sino únicamente “el respeto a la integridad de la competición y a las normas compartidas”. Según expone, el deporte “no necesita acuerdos políticos para funcionar, sino reglas claras, equidad y respeto mutuo”.

Como ejemplo reciente de las consecuencias de ignorar este principio, el fundador del Sport Above Politics Movement cita la decisión adoptada en octubre de 2025 por Indonesia, que canceló los visados de gimnastas de Israel inscritos en el Campeonato del Mundo de gimnasia artística previsto en Yakarta, lo que impidió su participación. “Situaciones como esta podrían evitarse si existiera una mayor comprensión pública de los valores del deporte”, sostiene.

Sport Above Politics Movement y su aplicación en el contexto actual

Hasani defiende que “permitir competir a los atletas es una obligación deportiva, no una declaración política”, y que la participación en competiciones internacionales “no equivale a reconocimiento diplomático ni alineamiento institucional”. A su juicio, una sociedad que distinga claramente entre deporte y política estaría “menos inclinada a presionar para la exclusión de deportistas”.

En un escenario internacional marcado por conflictos, el presidente de la European Weightlifting Federation concluye que mantener el principio de Sport Above Politics “no es un signo de debilidad”, sino “un compromiso deliberado con la equidad, la coherencia y la dignidad humana”, independientemente del número de guerras existentes o de las responsabilidades políticas asociadas a ellas.

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