Ryan Fox: volver a disfrutar para vivir del golf y ganar su primer major
Javier Nieto
julio 20, 2026

Ryan Fox llegó al tee del hoyo 18 de Royal Birkdale empatado con Cameron Young. Solo cuatro jugadores habían conseguido un birdie durante la jornada en uno de los hoyos más exigentes del recorrido. El neozelandés comunicó a su caddie, Dean Smith, que atacaría: “Vamos a ir a por ello. Voy a intentar ganar el torneo y asumiré las consecuencias si lo estropeo”. Encontró la calle, dejó el segundo golpe a menos de cuatro metros y embocó para completar una vuelta de 68 golpes, terminar con diez bajo par y ganar el Open Británico por un golpe de ventaja. “No sentía las manos. Estaba temblando”, explicó después de conseguir su primer major a los 39 años.

El triunfo culminó una trayectoria alejada de los tiempos habituales del golf profesional. Fox comenzó a trabajar con un entrenador a los 18 años, se hizo profesional en 2012, con 25, fue novato del DP World Tour a los 30 y debutó como miembro del PGA Tour a los 37. Antes de levantar la Jarra de Clarete estuvo a punto de abandonar y atravesó temporadas marcadas por el duelo, las lesiones, los viajes familiares y la lucha por conservar su tarjeta. “Definitivamente, no estoy siguiendo la tendencia. Pero, si puedo seguir mejorando un poco cada año, estaré bastante contento”, afirmó. Se convirtió además en el segundo neozelandés que gana el Open, después de Bob Charles, y en el cuarto campeón de un major de su país.

Una familia de campeones sin obligación de imitarlos

Su padre, Grant Fox, fue apertura de los All Blacks y campeón del Mundial de rugby de 1987. Su abuelo materno, Merv Wallace, representó y capitaneó a la selección de Nueva Zelanda de cricket antes de entrenar al equipo que logró la primera victoria de su historia en un Test, en 1956. Ryan creció como la tercera generación de una familia vinculada al deporte de alto nivel, aunque dentro de casa Grant era su padre y Merv, su abuelo. “Los dos apoyaban cualquier cosa que hiciera. Siempre hubo deporte, pero ninguna presión real para triunfar”, recordó en el podcast ‘Life on Tour’.

Uno de sus primeros recuerdos es el de Wallace lanzándole bolas de cricket en el jardín para enseñarle a reconocer los efectos. También utilizaba unos palos infantiles que su abuelo pudo haber construido con trozos de bambú y bloques de madera. Fox practicó cricket, rugby, tenis y golf, pero abandonó el rugby después de sufrir “demasiadas conmociones cerebrales”. Al terminar el colegio comenzó Derecho y pasó unos meses llevando una vida convencional de estudiante. La ausencia de competición le hizo acudir por primera vez a un entrenador de golf a los 18 años. Dejó Derecho, siguió jugando torneos y obtuvo en 2009 un grado en Artes con especialización en Psicología.

La pregunta de su padre que evitó la retirada

Fox se hizo profesional tres años después y durante su segunda temporada en el circuito australiano comenzó a quedarse sin resultados y sin dinero. Después de fallar ampliamente el corte en el Australian PGA Championship, llamó a sus padres y les dijo que pensaba dejar el golf. Tampoco había conseguido los puntos necesarios para conservar su tarjeta y solo quedaban unas pocas pruebas. Grant viajó para acompañarlo como caddie en el Australian Masters de Royal Melbourne y le formuló una pregunta: “¿Por qué juegas al golf?”. Ryan respondió: “Bueno, se supone que tiene que ser divertido”.

Padre e hijo decidieron afrontar aquella semana sin expectativas, centrados en recuperar el placer de competir. Fox terminó quinto y ganó lo suficiente para conservar la tarjeta. El resultado redujo la presión y le permitió regresar al año siguiente, cuando comenzó a competir con mayor regularidad. Aquella decisión concreta de volver a disfrutar prolongó una carrera que estaba preparado para abandonar.

Una invitación convierte Europa en su siguiente camino

Su llegada a Europa se produjo en 2015 mediante una invitación para disputar una prueba del Challenge Tour en Francia. Fox aterrizó en Londres, tomó un tren hasta Calais y viajó después a Saint-Omer, donde terminó entre los diez primeros. Repitió esa posición en Escocia, accedió a otra competición en Alemania y se clasificó para el Open de St Andrews. Allí superó el corte después de jugar sus últimos cinco hoyos de la segunda vuelta con cuatro golpes bajo par y disputó la última jornada junto a Bernhard Langer.

Después del Open había preparado su regreso a Nueva Zelanda, pero su equipo consiguió otra invitación en Francia y le convenció para quedarse. Fox apenas practicó durante la semana y ganó el torneo por un golpe, un resultado que le aseguró la tarjeta del Challenge Tour. Su primer título del actual DP World Tour llegó en 2019. En 2022 ganó dos torneos del circuito y un año después conquistó el BMW PGA Championship, hasta entonces el título más importante de su carrera.

El duelo, la lesión y una vida entre hoteles

El crecimiento profesional coincidió con el periodo familiar más delicado de su vida. En 2023, mientras su esposa, Anneke, esperaba a su segunda hija, Margot, sus dos suegros fueron diagnosticados de cáncer. Su hija nació en mayo y una semana después Fox tuvo que viajar al PGA Championship, mientras su suegro empeoraba en el hospital. Antes del US Open se despidió de él cuando se encontraba en cuidados paliativos, consciente de que sería la última vez. En el podcast ‘Between Two Beers’ reconoció que gestionó mal aquel dolor y bebió varias veces durante la semana del torneo porque no sabía cómo afrontarlo. “El golf se convirtió en una vía de escape”, explicó.

Un año después, pasó cerca de 30 semanas viviendo entre hoteles y maletas, 20 de ellas junto a Anneke y sus hijas, Isobel y Margot. Competir en Estados Unidos le costaba entre 6.000 y 7.000 dólares semanales y fallar un corte significaba no recibir ningún premio. Además, una rotura del labrum de la cadera derecha apenas le provocaba dolor, pero impedía que su cuerpo ejecutara correctamente el swing. Fox terminó 118.º en la FedExCup, justo por encima del límite para conservar la tarjeta, y en 2025 consiguió sus dos primeras victorias en el PGA Tour. En Royal Birkdale completó aquel recorrido tardío con cuatro birdies en los últimos seis hoyos y llamó a su familia segundos después del golpe definitivo: “Me pedisteis que llevara un trofeo a casa, y eso es lo que voy a hacer, ¿verdad?”.