Cómo la dispiclina del rugby llevó a Brad Hall a los JJOO
Javier Nieto
noviembre 18, 2025

El piloto británico de bobsleigh, Brad Hall, afronta la preparación para Milano Cortina 2026 como el momento más importante de su carrera, un recorrido que está a punto de llevarle a sus terceros Juegos Olímpicos de Invierno tras haberse convertido en el competidor masculino más exitoso del bobsleigh británico. Sin embargo, su trayectoria no siempre apuntó hacia el alto rendimiento: él mismo reconoce que, de no haber encontrado el deporte en su adolescencia, su vida habría tomado un rumbo muy distinto.

Durante su infancia en Crawley, en West Sussex, Hall acumuló peleas, suspensiones y ausencias escolares. Se describe como un joven con demasiada energía, sin un camino claro y sin una estructura que le ayudara a canalizarla. Aquella etapa estuvo marcada por impulsividad y problemas de conducta, con profesores que veían en él capacidades físicas notables pero escasa disciplina.

Un cambio de rumbo gracias al deporte

Ese escenario empezó a transformarse cuando descubrió el rugby a los 13 o 14 años, influido por su padre. El deporte le proporcionó disciplina, hábitos de trabajo y un espacio para ordenar su energía. Jugó en la posición de inside-centre, representó a Sussex y formó parte del combinado de South of England Colleges, un paso que reforzó su confianza y le permitió comprender que podía construir su identidad a través del esfuerzo.

Su evolución continuó en el atletismo, donde compitió en decatlón y alcanzó un Top-5 nacional en lanzamiento de disco sub-23. Más tarde, mientras estudiaba en la Universidad de Brunel, fue identificado por el programa Power2Podium, que buscaba perfiles con potencia y velocidad para deportes de invierno. Primero probó en skeleton, pero tras un test sin éxito en Lillehammer, fue redirigido al bobsleigh, disciplina en la que encajó desde el primer día.

Otras transformaciones gracias al rugby o el atletismo

Casos como el de la canadiense Heather Moyse, que pasó del rugby al bobsleigh para convertirse en campeona olímpica, ilustran cómo una primera disciplina puede actuar como base para un nuevo deporte. También el australiano Simon Dunn, jugador de rugby, reconstruyó su trayectoria personal y deportiva a través del bobsleigh tras trasladarse a Canadá, un cambio que transformó por completo su vida.

Otro ejemplo es el de la galesa Gemma Rowland, quien superó un problema grave de salud en la adolescencia y encontró en el rugby un camino para recuperar estabilidad, confianza y estructura. Estas historias tienen en común el deporte como vía para ordenar vidas complejas y dotar de propósito a trayectorias o incluso vidas que parecían desbordadas.

Brad Hall ante su gran oportunidad en Milano Cortina 2026

El crecimiento de Hall lo ha llevado a firmar algunos de los mejores resultados de la historia del bobsleigh británico, como el oro europeo de 2023 en Altenberg, la plata mundial en St. Moritz y el bronce en Lake Placid. Esa evolución coincide con un ciclo de preparación marcado por lesiones personales y bajas en su equipo, así como por la reconstrucción interna tras la falta de financiación en la etapa previa a Beijing 2022.

Su reto inmediato pasa por estabilizar el bloque técnico y físico para llegar a febrero con garantías. En un contexto de rivalidad con Alemania, que él mismo define como “David contra Goliat”, Hall afronta la temporada con el objetivo de competir al nivel más alto. Lo hace convencido de que su historia personal, marcada por el esfuerzo y la búsqueda de un lugar propio, es el motor que lo acompaña en su camino hacia Milano Cortina 2026.

Últimas Noticias