Cuántos Juegos Olímpicos de Invierno quedarán con nieve
Víctor García
diciembre 11, 2025

Milano Cortina 2026, Alpes Franceses 2030 y Salt Lake City–Utah 2034 dibujan un modelo de Juegos Olímpicos de Invierno todavía muy reconocible: sedes de montaña, pistas de esquí al aire libre, estaciones con décadas de tradición y un calendario que, en teoría, sigue dependiendo de la nieve. Pero todo esto ocurre en un planeta que ya ha superado puntualmente el umbral de 1,5 ºC de calentamiento respecto a la era preindustrial y que, con los compromisos actuales, se encamina hacia entre 2,3 y 2,5 ºC pasados la mitad de siglo, con escenarios de alto impacto que sitúan el aumento incluso por encima de los 3 ºC si no se reducen de forma drástica las emisiones.

La propia geografía de los Juegos se está adaptando a este nuevo contexto. Milano Cortina 2026 repartirá sus sedes por un amplio territorio entre Milán y distintas zonas alpinas del norte de Italia, un modelo pensado para reutilizar instalaciones existentes, pero que al mismo tiempo refleja la búsqueda de altitudes mayores y de condiciones de nieve más estables. Alpes Franceses 2030 llevará el evento al corazón de los Alpes franceses, apoyándose en sedes históricas y presentándose como un proyecto alineado con los criterios de sostenibilidad del movimiento olímpico.

Los Alpes, de cuna olímpica a termómetro del calentamiento

Los Alpes han sido el gran escenario de los Juegos Olímpicos de Invierno desde Chamonix 1924 y seguirán siéndolo en 2030, pero su futuro ya está marcado por el cambio climático. ¿Serán los de 2030 los últimos Juegos Olímpicos de Invierno en los Alpes? La cobertura de nieve alpina se reduce de forma constante desde los años setenta, con temporadas más cortas y espesores cada vez menores. En muchos puntos de la cordillera, la línea de nieve ‘fiable’ se está desplazando cientos de metros hacia cotas más altas, lo que pone en riesgo tanto a estaciones históricas como al ecosistema que las rodea.

Las proyecciones a largo plazo son aún más contundentes. Si el calentamiento global continúa al ritmo actual, una parte muy significativa de la nieve alpina podría desaparecer antes de final de siglo. Incluso con sistemas de nieve artificial, cada vez más estaciones tendrán dificultades para operar con regularidad, y la montaña europea perderá uno de los elementos que ha definido su actual identidad deportiva, económica y cultural.

El modelo olímpico, en riesgo

Esta evolución no afecta solo al turismo de invierno, sino al propio equilibrio de los Juegos Olímpicos. Los estudios sobre la fiabilidad climática de las sedes muestran que el número de ciudades capaces de garantizar condiciones seguras y equitativas para los deportes de nieve se reduce progresivamente. Muchas antiguas sedes olímpicas ya no cumplirían hoy los requisitos climáticos que se daban por supuestos hace apenas unas décadas.

Salt Lake City–Utah 2034 es un ejemplo de esta transición. La candidatura se apoya en sedes ya existentes y en la altitud como factor de protección frente a la pérdida de nieve, con un planteamiento de reutilización y menor impacto en nuevas construcciones. Sin embargo, incluso estos territorios considerados ‘seguros’ no son inmunes a inviernos más cortos, episodios extremos y una mayor variabilidad climática.

Más pabellón y menos montaña

En este contexto, una parte del futuro de los Juegos Olímpicos de Invierno pasa por los pabellones o recintos similares. Hockey hielo, patinaje artístico, patinaje de velocidad o curling no dependen de la nieve natural y pueden desarrollarse en entornos controlados, aunque con un elevado consumo energético. Esto abre la puerta a un programa más volcado en disciplinas de hielo y a la incorporación de modalidades híbridas o urbanas que no requieran grandes superficies de nieve al aire libre.

Sobre la mesa aparecen deportes que, sin ser olímpicos, cuentan con estructura internacional y tradición invernal suficiente para aspirar a ese estatus. El bandy, una especie de “fútbol sobre hielo” con once jugadores por equipo, lleva años reconocido por el COI y sigue reclamando su espacio. La escalada en hielo gana peso en el calendario internacional y se ve con buenos ojos en un escenario alpino como el de 2030. A su alrededor surgen propuestas como el triatlón de invierno, el esquí-orientación o formatos alternativos derivados de disciplinas ya olímpicas, todas ellas pensadas para un contexto con menos nieve natural y mayor dependencia tecnológica.

Arabia Saudí y el desafío del invierno en el desierto

Mientras las montañas tradicionales repiensan su modelo, Arabia Saudí emerge como un actor inesperado. Los Juegos Asiáticos de Invierno 2029 se celebrarán en Trojena, dentro del proyecto Neom, una estación de montaña diseñada para ofrecer deportes de invierno en pleno entorno desértico. Altitudes elevadas, nieve artificial y grandes infraestructuras técnicas sostienen una candidatura que se interpreta como banco de pruebas de cara a unos futuros Juegos Olímpicos de Invierno.

¿Cómo celebrar deportes de hielo y nieve en uno de los climas más extremos del planeta? El consumo de agua, la energía necesaria para mantener instalaciones operativas y la coherencia de este modelo en un momento de emergencia climática forman parte de un debate que va más allá del deporte. Arabia Saudí plantea un salto tecnológico mientras el resto del mundo observa si ese salto es una solución de futuro o una contradicción difícil de sostener.

Conciencia olímpica y mundial…

Milano Cortina 2026, French Alps 2030 y Salt Lake City–Utah 2034 podrían no ser los últimos Juegos Olímpicos de Invierno, pero sí de los últimos que se parezcan a los de siempre. El equilibrio entre tradición, sostenibilidad, tecnología y clima marcará las próximas décadas. La pregunta ya no es solo dónde habrá nieve, sino qué significado tendrá el invierno en el olimpismo del futuro y hasta qué punto el deporte podrá adaptarse sin perder su esencia… Y, lo más importante, si los JJOO de Invierno están en riesgo, la vida en el planeta tal y como la conocemos, también. Ojalá el termómetro olímpico invernal sirva para concienciar a todas las naciones para reducir emisiones y retrasar este calentamiento global que a día de hoy parece inevitable.

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