David Chávez, el salvadoreño que convirtió la arena en nieve para llegar a Milano Cortina
Javier Nieto
febrero 7, 2026

El nombre de David Chávez quedará ligado para siempre a la historia del deporte salvadoreño. El esquiador de fondo se ha clasificado para los Juegos Paralímpicos de Invierno de Milano Cortina 2026, convirtiéndose en el primer representante de El Salvador en una cita invernal, olímpica o paralímpica. “Me siento orgulloso de representar a El Salvador y de ser el primer atleta clasificado a estos Juegos”, afirma. “Esto le abre camino a otras personas con discapacidad que quieran hacer este deporte”.

La clasificación no fue solo un resultado deportivo. Fue la culminación de una idea que durante años parecía imposible. “Si me lo decían hace uno o dos años, me habría parecido una locura”, reconoce. “Ser salvadoreño y poder clasificar a unos Juegos Paralímpicos de Invierno se me hacía totalmente imposible”. Su emoción fue inmediata al lograr la plaza: “Mi mentalidad era clasificar y hacerlo lo mejor posible. Cuando se confirmó, sentí ganas de llorar porque se había logrado el objetivo”.

Un disparo que cambió su vida

El 7 de enero de 2015, cuando estaba a punto de cumplir 15 años, su vida dio un giro definitivo. Fue víctima de un asalto en Santo Tomás, en San Salvador, y un disparo le alcanzó la espalda, afectando a su médula espinal. La consecuencia fue la pérdida de movilidad desde el ombligo hacia abajo. “Lo primero fue aceptarme como una persona con discapacidad”, recuerda. “No quería salir de casa, no me sentía independiente y eso me frustraba”.

El proceso de rehabilitación duró meses. En un centro especializado comenzó a convivir con otras personas con lesiones más graves que la suya. “Ahí entendí que podía seguir haciendo las mismas cosas, solo que con un poco más de dificultad”. Fue también el lugar donde apareció el deporte. Primero el baloncesto en silla de ruedas, después el atletismo, el powerlifting y la jabalina. En 2017 viajó a Brasil para competir en categoría juvenil. “Desde entonces no he dejado el deporte”, asegura.

Tirarse cuesta abajo en la nieve

Tras pasar por el surf adaptado —disciplina en la que llegó a situarse entre los mejores del mundo— surgió una propuesta inesperada: el esquí de fondo. Su entrenador, Rob Powers, veía potencial en él y en su compañero para intentar el salto a unos Juegos Paralímpicos de Invierno. El primer contacto con la nieve fue en Noruega en 2023. “Cuando me dijeron que iba a hacer esquí pensé en las montañas, en tirarme cuesta abajo”, confiesa. “Luego vi que era esquí nórdico y me llamó mucho la atención”.

Entrenar en un país sin nieve exigía imaginación. La solución estaba en la playa de El Cocal, en la costa del Pacífico salvadoreño. Allí, sobre arena caliente, comenzó a deslizarse con su sit-ski. “La arena se pega a los esquís, cuesta mucho avanzar. Es puro entrenamiento de fuerza”, explica. “Es más difícil la arena que la nieve”. Las primeras sesiones fueron extremas. “Nos sentíamos pesadísimos. El sol, el calor… pero poco a poco el cuerpo se adapta”. Cuando viajaron a competir al extranjero, muchos rivales se sorprendían. “Al principio nos miraban como diciendo: ¿qué hacen estos salvadoreños aquí? Ahora se acercan, me felicitan y hasta me preguntan qué hacemos para mejorar tanto”.

Más atletas salvadoreños

Hoy su rutina es la de un deportista de alto rendimiento. Se levanta a las seis de la mañana, entrena entre dos y tres horas diarias y combina sesiones en máquina con trabajo específico en arena. En 10 kilómetros ha logrado bajar hasta los 38 minutos y ha ascendido hasta la posición 37 del ranking internacional. “Competir contra los mejores del mundo te cambia la mentalidad; ahí entiendes de qué estás hecho”, ha explicado en declaraciones recogidas por medios internacionales.

Sin embargo, cuando habla de Milano Cortina 2026, el foco vuelve a su país. “Creo que habrá bastante gente apoyando a El Salvador. Tendré mi propia barra”, dice entre sonrisas. Su familia nunca dudó de él. “Siempre me han apoyado. Hasta me dicen en broma que les traiga un poco de nieve”. Más allá del resultado, tiene claro el propósito. “Quiero entrenar a otras personas en El Salvador. Si yo puedo hacerlo, ellos también. No quiero que haya uno o dos atletas de invierno; pueden ser muchos más”. Y mientras se prepara para viajar de nuevo a Europa y ultimar su preparación en Noruega antes de competir en Italia, repite una idea que resume su recorrido: “La discapacidad no tiene límites”.

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