La muerte del campeón ruso de apnea Andrey Matveenko durante los Campeonatos del Mundo de la CMAS celebrados en Grecia ha suscitado serias dudas sobre la seguridad de los deportistas, la preparación ante emergencias y la supervisión institucional. Con un acceso oportuno a una cámara hiperbárica cercana, podría haber celebrado la Navidad con su familia.
Matveenko sufrió una emergencia médica el 6 de septiembre de 2025 durante una sesión oficial de entrenamiento en Mytikas, Grecia. Según los registros, el apneísta de 45 años perdió el conocimiento a una profundidad de 15 metros tras completar una inmersión a 126 metros. Se observaron síntomas neurológicos en el lado derecho de su cuerpo y fue trasladado al Hospital General de Lefkada.
Los protocolos médicos para incidentes en apnea exigen un acceso rápido a tratamiento hiperbárico. Las directrices de seguridad de la CMAS establecen que los deportistas lesionados deben ser trasladados a una cámara hiperbárica en un plazo de entre 2 horas y 45 minutos y un máximo de 3 horas y 20 minutos. En el caso de Matveenko, ese margen fue superado.
Fue ingresado inicialmente en el Hospital General de Lefkada, posteriormente trasladado a la Clínica de Urgencias Neurológicas de Triasion, en Atenas, y finalmente llevado al Hospital Naval Helénico de la capital griega, donde se le administró tratamiento hiperbárico. Los múltiples traslados y las demoras han reavivado las dudas sobre el cumplimiento de los procedimientos de seguridad establecidos.

Andrey Matveenko
Responsabilidad del país anfitrión y control de la CMAS
De acuerdo con la normativa de la CMAS, la responsabilidad de la seguridad durante la competición recae en el país anfitrión. Sin embargo, sigue sin estar claro qué nivel de evaluación realizó la CMAS sobre la capacidad de Grecia para ofrecer atención médica especializada inmediata en pruebas de apnea de alto riesgo.
La CMAS no ha explicado públicamente qué evaluación técnica sustentó la decisión de celebrar los campeonatos en Mytikas, ni cómo se valoró la preparación médica local. También persisten interrogantes sobre si se aplicaron las recomendaciones de seguridad emitidas tras los Campeonatos del Mundo de la CMAS de 2024, en los que se identificaron deficiencias en la respuesta ante emergencias y en la infraestructura médica.
Los críticos sostienen que tanto la CMAS como las autoridades griegas comparten responsabilidad. Mientras la CMAS aprobó la sede en función de las capacidades locales, el Ministerio de Deportes de Grecia autorizó finalmente el evento, lo que ha generado inquietud sobre si la seguridad de los deportistas fue una prioridad suficiente al conceder dicha autorización.
Silencio y dimisión
En Rusia, la cobertura mediática se centró en gran medida en los logros deportivos de Matveenko, con escaso análisis sobre las circunstancias de su fallecimiento o las responsabilidades de los organizadores y de los organismos rectores.
La CMAS está presidida por Anna Arzhanova, de nacionalidad rusa y ciudadanía serbia, quien ocupa el cargo desde 2013 y es miembro del comité ejecutivo de la Asociación de Federaciones Internacionales Reconocidas por el COI, tras una candidatura fallida a la presidencia de ARISF. La organización no ha emitido hasta ahora una explicación pública detallada que aborde los fallos de seguridad puestos de relieve por este suceso.
Tras los hechos, Alessia Zecchini dimitió como presidenta de la Comisión de Atletas de la CMAS. En su comunicado de renuncia no hizo referencia a la muerte de Matveenko.
“Durante esta temporada, y especialmente a lo largo de los Campeonatos del Mundo, quedó claro que este cargo requiere tiempo, continuidad y una presencia constante, especialmente en situaciones delicadas”, declaró Zecchini. “Competir al más alto nivel exige un compromiso total, y no considero correcto continuar en una posición tan importante sin poder dedicarle el tiempo que realmente merece”.
Aunque Zecchini aludió a la incompatibilidad de funciones como motivo de su dimisión, su salida ha hecho poco por disipar las preocupaciones sobre la representación de los atletas y la supervisión de la seguridad en un momento en el que este deporte se encuentra bajo un escrutinio creciente.
La muerte de Matveenko ha intensificado los llamamientos a favor de una mayor transparencia, una rendición de cuentas más clara y una aplicación más estricta de los estándares de seguridad en las competiciones de apnea de élite. Observadores señalan que estas cuestiones ya trascienden una tragedia individual y plantean interrogantes de fondo sobre la gobernanza de este deporte.




