El agujero económico de los Juegos Olímpicos de Milano Cortina y cómo reinventar el invierno
Javier Nieto
abril 23, 2026

Los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano Cortina 2026 podrían cerrar con un déficit cercano a los 290 millones de euros, según la información publicada por Il Fatto Quotidiano y recogida por Calcio e Finanza, una cifra que ha devuelto al primer plano una pregunta recurrente en el olimpismo invernal: si el problema está solo en el presupuesto del evento o en todo lo que queda después, cuando toca sostener sedes, justificar inversiones y medir si el legado realmente encuentra una vida útil.

La discusión no afecta únicamente a la cuenta del comité organizador. En los Juegos de Invierno, el balance casi siempre se desdobla: por un lado, el cierre operativo; por otro, la factura posterior de infraestructuras muy específicas, costes de mantenimiento y demanda local insuficiente. ¿Puede hablarse de unos Juegos rentables si la competición sale adelante, pero parte del legado se convierte con los años en una carga pública o en una instalación sin uso claro? Esa es la duda que Milán-Cortina reactiva antes incluso de apagarse el pebetero.

Qué muestran los precedentes de los Juegos de Invierno

Los precedentes no dibujan un paisaje uniforme. Hay sedes que sí lograron convertir los Juegos en una infraestructura deportiva duradera. Lillehammer y Salt Lake City figuran entre los ejemplos más sólidos: el movimiento olímpico sigue presentando ambos casos como modelos de continuidad, y en Utah ese mantenimiento sostenido ha sido una de las bases para que el territorio vuelva a acoger los Juegos en 2034. El proyecto de Salt Lake City figura entre los ejemplos más sólidos de continuidad, y esa conservación del legado de 2002 —con 10 de las 13 sedes de competición reutilizadas para Utah 2034— ha sido una de las grandes fortalezas de su regreso al calendario olímpico, y que el propio COI ha señalado como una de las fortalezas centrales de la nueva candidatura.

Calgary también suele citarse como un caso exitoso, pero su interés está en otro matiz: no en haber conservado intacto todo el legado, sino en haberlo adaptado. WinSport decidió desmantelar los saltos de esquí y la pista deslizante en Canada Olympic Park para concentrarse en “growth sports” y en una programación más sostenible e inclusiva. En otras palabras, Calgary ofrece además un matiz relevante: WinSport optó por desmantelar los saltos de esquí y la pista deslizante de Canada Olympic Park para reorientar recursos hacia una visión más sostenible y hacia deportes y programas con mayor uso real, una decisión que convierte su legado en un ejemplo de adaptación más que de mera conservación.

Dónde empieza el problema: deuda, mantenimiento y sedes demasiado específicas

Los casos más problemáticos comparten rasgos bastante reconocibles. Nagano arrastró durante años el peso de la deuda y del mantenimiento de instalaciones costosas. Turín dejó una mejora visible en transporte e imagen urbana, pero también una herencia mucho más incómoda en la montaña: una estimación recogida por Reuters situó el coste en 3.300 millones de euros, con 2.500 millones en beneficios a largo plazo y una pérdida neta de 1.300 millones, mientras la pista de bobsleigh de Cesana quedó cerrada desde 2011 y los trampolines de Pragelato terminaron abandonados. Sochi llevó esa lógica a una escala extrema, con una inversión multimillonaria y una presión posterior enorme sobre el mantenimiento y la reconversión de varias sedes.

La pista de bobsleigh, luge y skeleton resume bien el núcleo del problema: es cara de construir, cara de mantener y útil para un número muy reducido de competiciones y usuarios. Lo mismo ocurre con algunos trampolines o complejos alpinos levantados fuera de ecosistemas con demanda real. Cuando el territorio no tiene tradición competitiva, calendario sostenido y masa crítica suficiente, el legado empieza a parecerse más a una obligación presupuestaria que a una inversión útil. ¿Tiene sentido seguir levantando infraestructuras de uso tan limitado para un evento de dos semanas? La pregunta vuelve una y otra vez porque el patrón se repite.

El futuro del modelo: menos nieve, más presión climática y la necesidad de seguir siendo relevante

Ese dilema económico se cruza ahora con otro más profundo. Un estudio publicado en Current Issues in Tourism examinó 93 localizaciones potenciales para los deportes de nieve de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Invierno y advirtió de una reducción de sedes climáticamente fiables en distintos escenarios de calentamiento. En paralelo, el COI reconoce cada vez más el papel de la nieve artificial y está orientando sus futuros procesos de elección hacia sedes climáticamente seguras, uso de infraestructuras ya existentes o temporales y modelos regionales. Si cada vez habrá menos lugares naturalmente adecuados, ¿tiene sentido seguir ampliando el mapa de anfitriones o tocará concentrar los Juegos en un grupo reducido de territorios preparados?

En ese contexto, la viabilidad de los Juegos de Invierno ya no depende solo de recortar costes, sino también de seguir siendo un producto relevante. Milán-Cortina 2026 incorporó el ski mountaineering como nueva disciplina olímpica, mientras el regreso de los jugadores de la National Hockey League -NHL- al hockey devuelve al torneo una parte del tirón global que aportan las grandes estrellas. A la vez, el curling está explorando otra vía de crecimiento: no solo la olímpica, sino también la comercial y de calendario. La Rock League, impulsada por The Curling Group, plantea una liga profesional mixta y global por franquicias, con sedes en varios mercados, una temporada que se extiende más allá del pico olímpico y una lógica menos dependiente de países y federaciones. La pregunta de fondo ya no es solo cuánto cuesta organizar unos Juegos de Invierno, sino qué tecla debe tocar el COI para que sigan teniendo sentido: menos construcción nueva, más sedes con uso posterior creíble, más estrellas, más seguimiento durante más meses y un modelo capaz de sobrevivir en un mundo con menos nieve natural y más exigencia sobre cada euro invertido.