El escándalo de dopaje que ha estallado en el rugby georgiano y de Europa no deja solo una noticia grave, sino una sensación de impostura, de repetición de los mismos errores, de anquilosamiento en el pasado, de falta de valores (¡en rugby!) y de la pregunta: ¿qué necesidad? El rey absoluto del Rugby Europe, campeón año tras año y que estaba llamando a las puertas de un Seis Naciones de siete países, se ha caído con todo el equipo. La puntilla la puso Portugal el pasado fin de semana cuando en Leganés ganó la final del Campeonato de Europa… primer partido serio para Georgia después de su sanción.
Por eso el golpe es mayor. La investigación conjunta de la AMA y World Rugby, bautizada como ‘Operation Obsidian’, confirmó violaciones de las normas antidopaje por parte de seis jugadores y un miembro del personal de apoyo de la selección masculina de Georgia. Según la investigación, hubo sustitución de muestras de orina, avisos previos sobre controles y fallos graves en la supervisión de las recogidas, unas irregularidades detectadas a partir del programa de pasaporte biológico de World Rugby antes del Mundial de 2023. La propia AMA llegó a expresar su pérdida de confianza en la agencia antidopaje georgiana.
Estamos hablando de Georgia, una selección que había convertido su crecimiento en uno de los relatos más sólidos y admirados del rugby europeo de la última década, hasta el punto de igualar su mejor puesto histórico, el 11º del ranking mundial, asegurar su presencia en el Mundial de 2027 y sostener una racha de 35 partidos sin perder en el Rugby Europe Championship.
No se cae solo un equipo, se cae un relato
Es devastador también por la arquitectura de la trampa dado que no es un hecho aislado, sino un sistema de protección alrededor del engaño con el consumo de drogas recreativas, intercambio de muestras y alertas previas sobre controles. Eso habla de una cultura sistemática y ahí es más complicado atajar el problema sólo eliminando a los jugadores que han dado positivo… La limpieza debería de ser de directiva, de la plantilla deportiva a todos los niveles… En definitiva, limpiar la zona infectada y el tejido que lo rodea.

Georgia había ganado 16 títulos europeos hasta 2025, enlazó siete campeonatos consecutivos antes de caer ante Portugal y llevaba años monopolizando el Rugby Europe Championship. Además, el ecosistema georgiano venía reforzado por el dominio de Black Lion en la Rugby Europe Super Cup, con cuatro títulos seguidos en 2024/25 y su presencia continuada en los Mundiales desde 2003… Ahora se sabe que todo esto era un castillo de naipes sujeto por trampas y mentiras.
Lo peor que deja este caso es la falsedad
¿Cuántas melés han estado manipuladas? ¿Cuántas carreras por las alas eran mentirosas? ¿Cuántos títulos levantados han estado ultrajados? La gran falsedad que deja el escándalo no es solo la de unas muestras manipuladas. Es la de una superioridad moral que acompañaba al relato georgiano. ¿Con qué cara podía mirar esos tramposos a su rival en el tercer tiempo mientras saboreaban la victoria con una cerveza? ¿Tan poco aman el rugby?
La AMA ya ha avisado de que ha perdido la confianza en la estructura antidopaje georgiana y World Rugby mantiene abierto el proceso disciplinario para publicar todas las resoluciones y sanciones. Eso significa que el caso todavía puede crecer. Georgia seguirá siendo una nación importante en el rugby europeo, porque su base, su afición y su tradición competitiva no desaparecen de la noche a la mañana. ¿A cuántos ha robado su espacio en el rugby internacional? ¿Cuánto podía haber ascendido mediáticamente el rugby en España, Portugal o Rumanía si hubieran sumado triunfos que fueron arrebatados por los Lelos?
