El fútbol tiene un problema cuando presenta la desaparición de las casas de apuestas como una amenaza para su propia supervivencia. La decisión de Brasil de prohibir las apuestas y su publicidad obliga a revisar hasta qué punto los clubes han construido sus presupuestos sobre un negocio que también provoca daños fuera del terreno de juego. El Gobierno de Lula anunció este viernes una medida provisional que impide contratar nuevos patrocinios y permite mantener la publicidad ya contratada hasta el 5 de octubre. Su alcance supera, por tanto, la retirada de unos cuantos logotipos de las camisetas.
La preocupación económica de los clubes tiene fundamento, aunque eso no convierte sus ingresos en un argumento definitivo. Según el informe de la consultora Convocados recogido por Folha de S.Paulo, las empresas de apuestas aportaron alrededor de 200 millones de dólares en patrocinios a los equipos de la Serie A en 2025, un 66% más que el año anterior. Reemplazar ese dinero exigirá renegociar contratos, buscar otras marcas y, probablemente, ajustar gastos. Pero que una industria se haya acostumbrado a cobrar cada vez más de un mismo sector debería haber encendido las alarmas mucho antes de que el Gobierno decidiera intervenir.
Una publicidad que ocupa todo el fútbol
La dimensión del problema se entiende mejor al mirar a Europa. Una investigación de Investigate Europe sobre la temporada 2024-25 encontró acuerdos con empresas de apuestas en 296 de los 442 clubes analizados de 31 primeras divisiones; además, 14 de esas competiciones llevaban el nombre de una empresa de juego o lotería. La presencia alcanzaba tanto a todos los equipos de la Premier como a la mayoría de las camisetas de mercados más pequeños, como Hungría, Rumanía o Bulgaria. Las marcas han comprado espacios, pero también algo más valioso: la familiaridad y la confianza que genera verlas cada semana junto al escudo de tu equipo.
Brasil tampoco abre un debate desconocido. España prohibió el patrocinio de operadores de juego en camisetas y equipaciones mediante el Real Decreto 958/2020; Italia introdujo una prohibición amplia de publicidad con su Decreto Dignità de 2018, y Países Bajos puso fin al patrocinio deportivo de operadores de juego online el 1 de julio de 2025. Son restricciones a su promoción, con alcances distintos, que conviene diferenciar de la prohibición de la propia actividad anunciada en Brasil. Hay una tendencia a limitar la asociación entre apuestas y deporte, aunque todavía está lejos de constituir una respuesta uniforme.
Inglaterra resume bien esas contradicciones: desde esta temporada 2026-27, la Premier ha retirado voluntariamente los patrocinios de apuestas del frontal de las camisetas, mientras que la English Football League mantiene a Sky Bet entre sus socios comerciales. La medida de la Premier tiene un alcance concreto y no supone expulsar a estas empresas de todo el entorno del partido. Esa diferencia también anticipa una transición desigual: los clubes con mayor atractivo comercial tendrán más alternativas, mientras que los pequeños pueden verse obligados a aceptar menos dinero o a recortar sus presupuestos. Proteger al aficionado debería ser una obligación compartida, con independencia de la categoría en la que juegue su equipo.
El precedente del tabaco y el alcohol
El deporte ya ha recorrido parte de este camino. La Unión Europea prohibió el patrocinio transfronterizo del tabaco, incluido el de acontecimientos como las carreras de Fórmula 1, y Francia impuso con la ley Évin fuertes restricciones a la publicidad del alcohol que también afectan a las retransmisiones deportivas. Conviene precisar que el alcohol no ha desaparecido de la publicidad deportiva mundial ni está sometido a una prohibición uniforme. El precedente relevante es que una actividad puede ser legal y, al mismo tiempo, tener limitado el acceso al escaparate y al prestigio del deporte.
La comparación tiene sentido por la salud y la adicción, aunque sus efectos y mecanismos sean distintos. La Organización Mundial de la Salud incluye el fin de la publicidad, la promoción y el patrocinio deportivo del juego entre las medidas para reducir sus daños. Desde esa perspectiva, resulta difícil defender que la responsabilidad termine en un aviso de juego responsable mientras todo lo demás invita a apostar. El fútbol reúne a menores, familias y personas que intentan dejar atrás una adicción; debería poder ofrecerles un partido sin convertir cada momento de atención en una oportunidad comercial para las apuestas.
