El teqball ha entregado sus primeras medallas en unos Juegos Asiáticos durante Aichi-Nagoya 2026, donde el programa incluyó cinco pruebas: individuales masculino y femenino, dobles masculino y femenino y dobles mixtos. Tailandia conquistó tres títulos, mientras Myanmar y Corea del Sur ganaron las competiciones individuales. La distribución de medallistas entre países de diferentes zonas del continente permitió a la disciplina presentar algo más que un campeonato: una prueba de su capacidad para funcionar dentro de un gran acontecimiento multideportivo.
La Fédération Internationale de Teqball -FITEQ- considera esa experiencia parte de un proyecto institucional cuyo objetivo inmediato es conseguir el reconocimiento del Comité Olímpico Internacional -COI-. “La comunidad mundial del teqball sueña con convertirse algún día en deporte olímpico”, afirmó su secretario general, Laszlo Vajda, durante la competición. La federación, creada en 2017, ha acompañado su expansión con Campeonatos del Mundo, presencia en eventos continentales y una estrategia de promoción apoyada por antiguos futbolistas como Carles Puyol. Clubes como Barcelona, Manchester United y Paris Saint-Germain también han utilizado sus mesas como herramienta de entrenamiento, aunque esa visibilidad comercial no sustituye los requisitos institucionales exigidos por el sistema olímpico.
Un reconocimiento todavía pendiente
FITEQ presentó en febrero de 2026 la documentación inicial para solicitar su reconocimiento. En julio, el COI le concedió acceso a su plataforma específica para continuar el procedimiento y completar el expediente. Según la propia federación, el cuestionario preliminar recibió una respuesta favorable, pero los departamentos olímpicos solicitaron información adicional y ajustes en diferentes apartados. La apertura de esa plataforma confirma que existe una evaluación formal en marcha, aunque no significa que el teqball o su federación hayan sido reconocidos.
FITEQ todavía no aparece entre las federaciones internacionales reconocidas oficialmente por el COI. Tampoco existe constancia pública de una propuesta formal para incorporar la disciplina al programa de Brisbane 2032. Son dos procedimientos diferentes: primero debe acreditarse que la federación cumple las condiciones necesarias para integrarse en el Movimiento Olímpico y, posteriormente, tendría que defender la incorporación de una o varias pruebas ante los responsables del programa de los Juegos. Superar la primera evaluación abriría esa posibilidad, pero no concedería automáticamente una plaza olímpica.
El examen de la federación
El COI no analiza únicamente si una disciplina resulta atractiva para el público. La evaluación comprende los estatutos, el sistema electoral, la distribución de competencias y los mecanismos de rendición de cuentas de FITEQ. También revisa su independencia, transparencia e integridad; la protección de los deportistas; la igualdad y la inclusión; la estabilidad del calendario internacional; los programas de formación; y la sostenibilidad económica y ambiental de sus competiciones. La federación deberá demostrar además que aplica el Código Mundial Antidopaje y las normas olímpicas destinadas a prevenir la manipulación de competiciones.
FITEQ afirma disponer de más de 150 organismos nacionales, pero el análisis deberá determinar cuántos funcionan realmente como federaciones activas, cuáles están reconocidos por las autoridades deportivas o los comités olímpicos de sus países y qué campeonatos, deportistas y programas mantienen. La federación distingue en sus propios registros entre entidades afiliadas y organizaciones con reconocimiento nacional. Su presencia como deporte con medallas en los European Games de Cracovia-Malopolska 2023 y ahora en los Juegos Asiáticos aporta experiencia operativa, mientras la participación de la Olympic Council of Asia -OCA- demuestra que una asociación continental puede integrarlo en un programa multideportivo. Ninguno de esos antecedentes, sin embargo, reemplaza la comprobación individual de sus estructuras nacionales.

Brisbane exige otro proceso
Una eventual entrada en el programa olímpico requeriría un segundo examen. Además de su implantación internacional, el COI y el comité organizador tendrían que valorar el número de deportistas y oficiales, el coste operativo, las necesidades de instalaciones, el formato de competición, la igualdad de género, el interés juvenil, la audiencia, la sostenibilidad y la compatibilidad con el límite global de participantes de los Juegos. El teqball puede utilizar recintos interiores de tamaño reducido y dispone de pruebas masculinas, femeninas y mixtas, características favorables para presentar una propuesta compacta. Tendría, no obstante, que acreditar que esas ventajas justifican su incorporación frente a otras disciplinas que persiguen el mismo objetivo.
El proceso hacia Brisbane introduce una circunstancia nueva. El COI ha modificado su método para poder evaluar pruebas o disciplinas concretas, en lugar de decidir únicamente sobre la admisión o exclusión completa de un deporte. Las cinco competiciones utilizadas en Aichi-Nagoya ofrecen a FITEQ un programa de referencia, pero no todas tendrían que formar necesariamente parte de una futura propuesta olímpica. La federación podría verse obligada a seleccionar un formato más reducido y demostrar qué pruebas aportan mayor equilibrio de género, alcance internacional y viabilidad económica. Esa flexibilidad amplía las posibles vías de entrada, aunque también permite comparar con mayor precisión cada propuesta de las numerosas federaciones interesadas.
El siguiente paso será completar el cuestionario detallado, aportar la documentación adicional solicitada y responder a las observaciones de los diferentes departamentos del COI. FITEQ deberá modificar, si resulta necesario, sus estatutos, reglamentos o prácticas de gobierno y acreditar el cumplimiento efectivo de los códigos de integridad, antidopaje y prevención de la manipulación. Si la evaluación concluye favorablemente, el organismo olímpico podría concederle un reconocimiento provisional o pleno. Solo entonces comenzaría una fase distinta: seleccionar las pruebas que integrarían una posible propuesta, demostrar su viabilidad dentro del programa, buscar el respaldo del comité organizador de Brisbane y obtener la aprobación del COI. No existe un calendario público para completar el reconocimiento, por lo que 2032 continúa siendo un horizonte estratégico y promocional, no una candidatura aceptada ni una presencia asegurada.
