Qué fácil es montar un escándalo sin ningún argumento real. Qué sencillo es manchar una camisa blanca. Lo que está ocurriendo ahora en World Triathlon podría suceder en cualquier otra federación u organismo deportivo y, hoy en día, con las redes sociales y la era digital, resulta difícil combatir la huella que dejan, por muy infundadas que sean. Se concede demasiada importancia a opiniones sin certeza legal, que se derrumban por su propio peso en cuanto se analiza la situación durante apenas cinco minutos.
La última serie de denuncias contra esta federación internacional comienza con un argumento llamativo: «¡Hay corrupción en World Triathlon, y esto se reflejó en sus elecciones!». Más o menos, este argumento presenta a dos tercios del electorado como corruptos y, más concretamente, a todos aquellos que no apoyaron a los perdedores en las elecciones como conspiradores y corruptos. ¿Existe alguna base legal para semejante suposición ofensiva sobre los miembros de WT?
Elecciones con un resultado claro
Las acusaciones resurgieron casi un año después de las elecciones presidenciales celebradas en Torremolinos. El 21 de octubre de 2024, Antonio Arimany fue elegido nuevo presidente con 90 votos, muy por delante de Ian Howard (29), Mads Freund (19) y Tamas Toth (2). El resultado fue abrumador y la pregunta es si tiene sentido cuestionar ahora la legitimidad de un proceso con semejante apoyo.
Peter McCrory, de la Federación Canadiense de Triatlón, presentó el pasado 25 de septiembre una denuncia ante el Tribunal de World Triathlon. En ella se refiere a corrupción, manipulación y presión a federaciones para votar siguiendo “listas predefinidas”. ¿Qué hay de nuevo en esto? Poco o nada: muchos de estos argumentos ya habían sido publicados en alguna web, fueron repetidos por la Federación Danesa de Triatlón y ahora se presentan otra vez sin aportar nuevas pruebas ni credibilidad jurídica (como ya ocurrió la vez anterior). Nada más que ruido.

Al mismo tiempo, la propia Federación Canadiense de Triatlón había propuesto para su aprobación en la Asamblea General que los miembros del Tribunal de WT viajen en clase business, apenas 20 días antes de presentar su denuncia ante ese mismo órgano. ¿Alguien tiene algo que decir sobre esto?
Qué dice el TAS de este ruido
El informe presidencial preparado para el próximo Congreso de Wollongong del 18 de octubre recuerda que una de las sanciones impuestas por el Tribunal de World Triathlon acabó en el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS). Y la resolución del caso, lejos de cuestionar el proceso electoral, lo cerró sin poner en duda la legitimidad de los comicios. Al mismo tiempo, la federación internacional subraya que no existen procedimientos abiertos en relación con esas elecciones.
Ante este escenario, surgen varias preguntas: ¿qué valor tienen unas acusaciones que aparecen una y otra vez con el mismo contenido? ¿Por qué no derivan en sanciones efectivas ni en procesos legales de mayor alcance? Y, sobre todo, ¿cómo encajan en la realidad de un Congreso que eligió a su presidente con un margen tan amplio?
El ruido, siempre antes de una fecha clave
El trasfondo parece estar más relacionado con disputas políticas internas que con pruebas. Se habla de un supuesto “grupo” que habría controlado las elecciones, pero los hechos lo contradicen: los informes financieros, resoluciones y planes estratégicos fueron aprobados con apoyos casi unánimes en las reuniones de Congreso.
En ausencia de decisiones contundentes, lo que queda es un debate abierto. Las acusaciones contra el actual gobierno de World Triathlon se repiten, se amplían con matices nuevos y secundarios y reaparecen en momentos críticos de la agenda política del organismo, como ahora, en la antesala del próximo Congreso de Wollongong. El tiempo dirá si alguna de ellas alcanza el rango de prueba verificable o si, como hasta ahora, se queda en ruido que choca con la fuerza de los 90 votos que situaron a Antonio Arimany al frente de la federación.
Es una lástima que, si todo queda en ruido, no sólo se frene el ritmo de crecimiento y desarrollo de una federación como World Triathlon, sino que además el desprestigio se extienda a toda la comunidad internacional del triatlón, una minoría de la cual fracasó en las elecciones y parece incapaz de aceptar los resultados en las urnas, cuya legitimidad ha sido incluso confirmada por el TAS.




