¿Hasta dónde se puede innovar en los Juegos de Invierno sin perder su identidad?
Javier Nieto
noviembre 20, 2025

A falta de pocas semanas para el comienzo de Milano Cortina 2026, los Juegos Olímpicos de Invierno están comenzando un proceso de revisión abierto por el Comité Olímpico Internacional -COI- dentro de la estrategia Fit for the Future. Entre las ideas exploradas aparecen la incorporación de disciplinas como el ciclocrós o el campo a través, además del posible traslado de algunos deportes de interior del programa de verano, como el judo. Estas hipótesis han generado una respuesta inmediata y negativa por parte de las federaciones de invierno, que han difundido un comunicado conjunto para fijar una postura común.

Aun con posiciones diferentes, todas las partes coinciden en la necesidad de atraer nuevas audiencias, reforzar la visibilidad y asegurar un modelo sostenible para los Juegos de Invierno. En ese escenario, surge una cuestión central: cómo puede actuar el COI para mantener la cohesión con las federaciones de invierno, responder a sus preocupaciones y, al mismo tiempo, avanzar hacia un programa que aspire a un mayor alcance global.

¿Provocarían un cambio las propuestas en los Juegos de Invierno?

El proyecto Fit for the Future parte de varios factores: la reducción de sedes viables debido al cambio climático, la necesidad de equilibrar el tamaño de los Juegos de Verano y de los Juegos de Invierno y la voluntad de modernizar un programa condicionado históricamente por su dependencia del clima. En este contexto han aparecido propuestas como el ciclocrós, el campo a través o la incorporación de deportes indoor que actualmente pertenecen al verano, con el objetivo de ampliar la base de participación y diversificar la oferta deportiva. ¿Pero realmente atraerían a un público masivo o provocarían un cambio? ¿Se quedarían como disciplinas invernales para siempre o serían solo medidas de prueba o temporales?

Estas opciones plantean interrogantes sobre su encaje en unos Juegos vinculados tradicionalmente a la nieve y el hielo. La posible inclusión de deportes sin esa relación directa podría tener un impacto limitado en audiencias globales y, además, desplazar protagonismo de las disciplinas invernales consolidadas. El COI, también propone modificar la definición de “deporte de invierno” en la Carta Olímpica. En este punto conviene recordar que modalidades como el curling o el bobsleigh disponen hoy de infraestructuras específicas más allá de la nieve natural, pero su origen, desarrollo y simbolismo están ligados al invierno y forman parte de la identidad histórica del evento.

El ejemplo del Bandy, sobre la mesa

En este caso también podría situarse un deporte tan atractivo como el Bandy, que aunque en la actualidad no es olímpico, cumple con todos los requisitos para ello y también se puede jugar en pabellones con una pista de hielo.

El esquí de montaña, el ejemplo natural

Las federaciones internacionales de invierno han expresado una posición conjunta en la que destacan el riesgo de que la incorporación de disciplinas procedentes del entorno del verano “diluya” la identidad de los Juegos Olímpicos de Invierno. Insisten en que estos se estructuran alrededor de deportes nacidos y desarrollados sobre nieve y hielo, con características técnicas, culturales y logísticas propias. En su comunicado citan el esquí de montaña como ejemplo de evolución natural del programa, y que se estrena en Milano Cortina 2026, al tratarse de una disciplina que amplía la oferta sin romper la coherencia del ecosistema invernal.

Su enfoque subraya la importancia de proteger un patrimonio deportivo construido durante décadas. También reflejan la voluntad de avanzar en innovación, siempre que se mantenga la conexión con el entorno invernal. En esta línea, destacan la necesidad de fortalecer la narrativa y el valor institucional de los deportes de nieve y hielo frente a propuestas externas que podrían alterar su posición dentro del calendario olímpico.

Cómo evolucionar sin romper su esencia

Las federaciones de invierno ven con mejores ojos otras vías para modernizar los deportes de invierno sin introducir disciplinas ajenas a su naturaleza. La optimización de formatos televisivos, el uso de nieve artificial en escenarios urbanos o la ampliación de variantes dentro de los deportes ya existentes podrían aumentar su atractivo para nuevos públicos. Modalidades recientes como el esquí de travesía o de montaña ilustran el potencial de crecimiento interno en disciplinas con fuerte arraigo en la montaña invernal.

La visibilidad durante el ciclo olímpico también es determinante. Una mayor presencia en medios, la mejora de la producción audiovisual o la creación de competiciones que conecten con audiencias jóvenes pueden contribuir a reforzar el seguimiento global. El esquí y el snowboard es practicado por millones de personas, ¿por qué no es tan atractivo verlo por la televisión? El COI mantiene en análisis la combinación de estas líneas de trabajo mientras estudia el equilibrio entre preservar la identidad histórica de los Juegos de Invierno y ampliar su capacidad para atraer a nuevos espectadores.

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