Cuando Henry Caruso levantó el oro en la FIBA 3×3 AmeriCup 2025 en León, México, no celebraba solo un título. Celebraba el final de un recorrido que había empezado años atrás, lejos de los focos y lleno de incertidumbre. Aquella victoria, que ayudó a asegurar su nombramiento como jugador del año en 3×3 masculino por USA Basketball, fue, en sus propias palabras, “la forma perfecta de cerrar la temporada”.
En la Universidad de Princeton, Caruso aprendió a entender el baloncesto más allá del talento individual. El movimiento, el sacrificio colectivo y la lectura del juego se convirtieron en la base de su identidad deportiva. “La mayor conexión con el 3×3 es cómo puedes ser un gran compañero y ayudar a los demás”, recordaría más tarde. Sin embargo, su último año universitario terminó de forma abrupta tras una lesión en el pie que puso fin a su temporada antes de tiempo y lo obligó a replantear su futuro.
Sin posibilidad de continuar en Princeton, encontró una nueva oportunidad en la Universidad de Santa Clara, donde regresó a su California natal. Volver a casa tuvo un significado especial. Sus padres habían estudiado allí y su hermana Mamie asistía a sus partidos siempre que podía. “Es bonito mirar hacia arriba y verla allí, tener a alguien cercano”, recordaba.
La incertidumbre y el ‘golpe’ del 3×3
El primer contacto de Caruso con el baloncesto 3×3 se produjo en 2019, pero su camino en esta disciplina no se consolidó hasta años después, tras su etapa como jugador profesional en Europa. En 2023, regresó al formato con una mezcla de ilusión e incertidumbre. Su primer torneo internacional, en Clermont-Ferrand, Francia, fue una experiencia difícil. Dos derrotas rápidas tras más de veinte horas de viaje. “Me quedé en shock”, admitió. “Estaba pensando: esto es el 3×3”.
Una semana después, en Baoding, China, todo cambió. Con solo tres jugadores en la plantilla y enfrentándose a equipos consolidados, su equipo ganó el torneo. Aquella experiencia redefinió su perspectiva. “Por eso juegas”, explicó. “Una semana estás fuera, y a la siguiente, incluso con tres jugadores, ganas todo. Nunca sabes lo que va a pasar”.
Su progresión continuó con su incorporación al programa de USA Basketball, donde empezó a consolidarse como parte de la estructura nacional. En 2024, participó en el proceso de selección para los Juegos Olímpicos, pero finalmente no fue incluido en la convocatoria definitiva. Ese mismo año, ganó el oro en la AmeriCup, iniciando una etapa que transformaría su carrera. Representar a su país adquirió un significado especial. “Lo significa todo”, afirmó. “Es algo que te ganas cada día”.
El año que cambió su carrera y el reconocimiento de USA Basketball
El punto de inflexión definitivo llegó en 2025. Caruso se consolidó como el jugador estadounidense mejor clasificado en el ranking mundial. Ganó el oro en la AmeriCup por segundo año consecutivo y fue nombrado jugador del año en 3×3 masculino por USA Basketball, un reconocimiento que reflejaba no solo sus resultados, sino el camino recorrido desde sus primeros pasos en el formato.
En uno de los momentos más difíciles de esa temporada, durante un torneo en Shanghái, su equipo se encontraba al borde de la eliminación. En un tiempo muerto, los jugadores se reunieron en círculo y respiraron juntos durante unos segundos. El gesto, sencillo, cambió el rumbo del partido. Aquella escena resumía una de las lecciones que Caruso había aprendido en el 3×3: el control emocional puede ser tan importante como el físico. “Las cosas pueden cambiar muy rápido”, explicó. “Puedes ir perdiendo y volver al partido. Aprendes a aceptar todo y seguir adelante”.
Para Caruso, el 3×3 se convirtió en algo más que una disciplina deportiva. Se transformó en una forma de vida, definida por viajes constantes, adaptación continua y crecimiento personal. “El 3×3 es el deporte de equipo definitivo”, aseguró. “Construyes vínculos en los viajes, compites, creces y disfrutas del proceso”. Ese proceso, que comenzó con dudas y obstáculos, lo llevó a convertirse en el jugador del año en USA Basketball, un reconocimiento que simboliza no solo el éxito deportivo, sino el resultado de una carrera construida con paciencia, resiliencia y convicción.




