Jaeger Stone volvió a navegar este año en la Margaret River Wave Classic, prueba integrada en el calendario internacional de la Professional Windsurfers Association -PWA-, en Geraldton, Perth, Australia Occidental. Su presencia no pasó desapercibida. En el agua, el australiano mantuvo ese estilo fluido y controlado que le convirtió durante años en uno de los nombres habituales en las quinielas al título mundial. “Este año todo encajó un poco mejor para mí y las condiciones fueron geniales; fue muy divertido”, explicó tras la prueba. “Navegué cada manga tan fuerte como pude, que es lo que siempre intento hacer”.
Hubo un tiempo en el que su nombre aparecía al inicio de cada temporada como aspirante serio al título del circuito profesional. Ganó pruebas de la Copa del Mundo y firmó actuaciones de enorme impacto en escenarios como Tenerife o en el Red Bull Storm Chase. En el tour se le definía como “almost World Champion”, casi campeón del mundo, una etiqueta que resumía su posición en la élite. Sin embargo, su trayectoria dio un giro. “Fue una decisión muy difícil, algo en lo que pensé durante meses”, reconoce.
Del circuito mundial al parque de bomberos
La pausa provocada por la pandemia le obligó a detenerse y reflexionar. Stone llevaba años combinando el circuito con su formación universitaria y el ejercicio como fisioterapeuta, una profesión que completó a edad temprana tras una grave lesión en el pie. “Siempre me gustó tener algo más aparte del windsurf. Me encanta aprender y afrontar retos diferentes”, explica. También era una cuestión práctica: “No gano lo suficiente con el windsurf como para dedicarme únicamente a ello”. Incluso en los años de mayor proyección deportiva mantuvo esa doble vía profesional. Durante un tiempo, la fisioterapia le proporcionó ese equilibrio, aunque reconoce que no se veía ejerciéndola a largo plazo.
El punto de inflexión no fue únicamente deportivo. En 2019 sufrió una lesión importante de rodilla —ligamentos y menisco— que le obligó a parar varios meses. No era la primera vez que el cuerpo le imponía una pausa. “Las lesiones te enseñan gratitud y paciencia”, afirma. “Te recuerdan que debes estar agradecido por lo que tienes y por lo que puedes hacer cada día, y te obligan a dar tiempo a las cosas”. Aquella etapa aceleró decisiones: ya no quería centrar toda su energía en la clasificación anual. “Me di cuenta de que estar completamente enfocado en la competición ya no era lo que quería”.

Equilibrio entre trabajo, mar y familia
En 2021 inició una nueva etapa profesional como bombero en Australia Occidental. El contraste fue radical. “Es extraño pasar de ser un profesional a tiempo completo al que le pagan por hacer windsurf a alguien que trabaja a tiempo completo en un empleo normal”, admite. Aun así, la elección fue consciente. “Me gusta saber que fue mi decisión y que tengo opciones”. Buscaba estabilidad, compañerismo y un trabajo que le exigiera mantenerse activo física y mentalmente.
Lejos de alejarse del mar, su vida sigue girando en torno a él. Vive junto a su pareja, Chelsea, en una propiedad cercana a Geraldton, no lejos de Coronation Beach. Entre el jardín, los árboles frutales y los animales —ovejas, gallinas y un caballo— encuentra una rutina distinta a la del circuito internacional. “Mi equilibrio entre trabajo y vida personal es increíble”, asegura. “Practico windsurf, surf, nado, buceo o pesco prácticamente todos los días, según lo que ofrezca el tiempo”.
La presión, una conexión entre ser bombero y atleta
Stone no reniega de la competición. Sigue atento a las pruebas del calendario y no descarta participar de forma puntual si la ubicación y las condiciones lo justifican. “No he echado realmente de menos competir”, reconoce, aunque admite que hay sensaciones del tour difíciles de replicar. “Los nervios y el estrés son normales, y hay que gestionarlos para poder centrarse en la tarea”. Esa gestión de la presión es, según explica, un punto de conexión entre su etapa como deportista profesional y su actual labor como bombero.
En paralelo, mantiene su implicación en el desarrollo de material junto a marcas y junto a su padre, Mark Stone, constructor de tablas desde principios de los años ochenta. En el taller familiar sigue experimentando con diseños, incluidos modelos asimétricos que buscan nuevas líneas en la ola. “Probamos cosas diferentes, aprendemos de ellas y tomamos lo positivo para seguir avanzando en el diseño”, señala. Y mientras su nombre vuelve a aparecer en carteles de competiciones como la Margaret River Wave Classic, Jaeger Stone continúa navegando casi a diario, convencido de que, si se trabaja con constancia, “siempre saldrás al otro lado como mejor windsurfista y mejor persona”.




