La decisión de Florentino Pérez para echarse a la afición del Real Madrid en contra
Víctor García
enero 13, 2026

Florentino Pérez no necesitaba explicaciones. Tampoco excusas. Solo un pretexto y lo encontró en una derrota que, paradójicamente, dejó mejores sensaciones futbolísticas que muchas victorias recientes. La final de la Supercopa de España perdida ante el FC Barcelona (3-2), en Arabia Saudí, ha servido como detonante para una decisión que llevaba tiempo madurándose: el despido de Xabi Alonso como entrenador del Real Madrid.

No fue una derrota cualquiera, ni un partido cualquiera. El Madrid compitió, jugó bien por momentos y lo hizo con atenuantes evidentes: Mbappé apenas pudo participar por lesión, la defensa estaba en cuadro y la plantilla llegaba cogida con alfileres a una cita exigente. Nada de eso importó. Florentino Pérez viajó a Arabia con una idea clara: no alargar más una situación que ya no le convencía y aprovechar el mínimo resquicio para activar un cambio que consideraba necesario antes del tramo decisivo de la temporada. Incluso perder ahora no era un escenario indeseado si eso permitía empezar de cero cuanto antes.

El problema es que esta vez el movimiento no ha sido entendido. Ni asumido. Ni respaldado. Las encuestas publicadas por los dos grandes diarios deportivos del país, ‘Marca’ y ‘As’, han arrojado un resultado demoledor: más del 80% de los aficionados está en contra del despido de Xabi Alonso. El mismo porcentaje considera que Álvaro Arbeloa no es el sustituto adecuado. Una doble desautorización pública que sitúa a Florentino Pérez, por primera vez en mucho tiempo, frente a su gente.

La única vez que Florentino abandonó

Y eso, en el Real Madrid, no es un detalle menor. Florentino ya vivió algo parecido en su primera etapa como presidente, cuando los pitos desde la grada empezaron a ser más ruidosos que los aplausos y decidió marcharse. Ahora vuelve a exponerse, de forma consciente, a un escenario similar. No porque Xabi Alonso fuera intocable, sino porque la sensación generalizada es que el problema no estaba en el banquillo, sino en una plantilla descompensada y en una planificación incompleta.

No ha habido relevo para Kroos. Tampoco para Modric. Se habla abiertamente de vender a Vinicius. La defensa pide una reestructuración profunda. Son carencias estructurales, no coyunturales. Y buena parte de la grada cree que eso requería decisiones deportivas de fondo, no un cambio de entrenador que, además, gozaba de crédito emocional y futbolístico.

El riesgo de Florentino Pérez

Florentino Pérez ha tomado una decisión valiente, sí. Pero también arriesgada. Porque gobernar un club como el Real Madrid no es solo anticiparse, sino también saber escuchar. Y en esta ocasión ha optado por no hacerlo. Resulta difícil explicar cómo un dirigente puede poner en cuestión su posición en cuestión de días, cuando durante años ha construido un liderazgo casi incontestable. Una sola decisión puede precipitar escenarios que nadie contemplaba.

La última vez que el club se vio en una tesitura similar, la solución fue mirar a casa. Se ascendió desde el Castilla a Zinedine Zidane y la historia terminó siendo gloriosa. Hoy la apuesta vuelve a ser interna, pero el contexto es distinto. Álvaro Arbeloa no despierta consenso entre el madridismo. Su pasado ligado a José Mourinho y sus frecuentes intervenciones públicas sobre los árbitros no juegan a su favor. Llega señalado antes incluso de sentarse en el banquillo.

La imprevisibilidad del deporte

Así está ahora el club de fútbol más poderoso del mundo según Forbes, con una valoración de 6.750 millones de dólares. Una entidad que, por dimensión y estructura, debería funcionar con la estabilidad de una gran empresa global, pero que vuelve a recordar que el deporte es terreno imprevisible, dentro y fuera del campo. En los próximos partidos se empezará a medir el alcance real de esta decisión. Si fue un movimiento estratégico o un error de cálculo.

Florentino Pérez cumplirá 79 años en menos de dos meses. Sigue tomando decisiones como siempre: solo, convencido y sin mirar atrás. Esta vez, sin embargo, lo hace con la grada enfrente. Y eso, en el Real Madrid, nunca es un asunto menor. Veremos si el tiempo le da la razón o si el tiro, por primera vez en mucho tiempo, le sale por la culata.

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