El deporte mundial atraviesa un momento de gran confusión por el momento geopolítico que atravesamos. Las invasiones de Rusia e Israel afectan en el panorama deportivo internacional y, cuando ya se llevan años de conflicto bélico se observa cómo, por ejemplo, algunas federaciones internacionales permiten competir a los atletas rusos bajo bandera neutral, mientras otras mantienen su veto absoluto. Esta disparidad no solo afecta a los deportistas implicados, sino también a los aficionados y a la propia credibilidad del sistema deportivo global. El mensaje que transmite es claro: no hay unidad.
El caso de esta semana de la Federación Internacional de Esquí (FIS), que decidió no readmitir a los atletas rusos ni siquiera como neutrales, contrasta con la Federación Internacional de Bobsleigh y Skeleton (IBSF), que sí estudia reabrirles la puerta. Dos enfoques opuestos que evidencian una fractura dentro del Movimiento Olímpico. Y los Juegos Olímpicos de Milano-Cortina están a la vuelta de la esquina… ¿qué supondrá esta distancia dentro del movimiento olímpico? Rusia debería de ser mirado con los mismos ojos por todo el olimpismo internacional, independientemente de un deporte y unos gobernantes de una federación u otra.
El comunicado del COI y un dilema abierto
La situación coincidió con un pronunciamiento del Comité Olímpico Internacional (COI), que en su última reunión del Ejecutivo se centró en un tema diferente pero relacionado: la importancia de garantizar el acceso de todos los atletas a los países sede de competiciones internacionales. La declaración fue contundente: “Estas acciones privan a los atletas de su derecho a competir pacíficamente y evitan que el Movimiento Olímpico muestre el poder del deporte”.
El detonante fue la cancelación de visados a deportistas israelíes por parte de Indonesia, lo que llevó al COI a suspender cualquier diálogo con su comité olímpico de cara a futuras candidaturas. Además, recomendó a las federaciones internacionales no llevar eventos a ese país mientras no existan garantías de acceso para todos.

El riesgo de una doble vara de medir
El principio enarbolado por el COI -acceso libre y sin discriminación para todos los atletas- choca con la práctica desigual que hoy se observa en las federaciones. ¿Cómo explicar que en algunos deportes un deportista ruso pueda competir y en otros no? ¿Qué mensaje se transmite a la sociedad cuando el criterio no es uniforme? ¿Es diferente la invasión de Rusia a la invasión de Israel?
El problema va más allá de un caso concreto en la cuestión rusa. Si el COI considera que nada ha cambiado desde hace un año en Ucrania, debe sostener esa posición con claridad y mantener las restricciones. Si, en cambio, estima que existen nuevas condiciones y que los atletas rusos y bielorrusos deben regresar bajo fórmulas neutrales, también debe decirlo sin ambigüedad, como lo dice de Israel, pese a que organismos como la ONU aún estén pidiendo a Benjamin Netanyahu garantías de paz y de que se permitan acciones básicas como la labor de ayuda humanitaria.

Una responsabilidad del Movimiento Olímpico
Sin unidad y claridad olímpica, cada federación seguirá aplicando su propio criterio, creando una especie de “mercado fragmentado” de decisiones que refleja división, no unidad. Y si algo necesita el deporte global en tiempos de tensiones políticas y sociales es coherencia. El deporte, en estos momentos, debe ser un ‘pegamento’ social y un ejemplo, como lo fue hace poco más de un año la convivencia sin problemas en la Villa Olímpica. En esta línea de aperturismo y de normalizar la situación fue Astrit Hasani, presidente de la Federación Europea de Halterofilia (EWF), quien envió la semana pasada una carta abierta a Kirsty Coventry, presidenta del COI. En ella, pedía el fin del estatus de ‘Individual Neutral Athlete’ (AIN), argumentando que contradice los principios de igualdad y justicia del olimpismo.
La paradoja es que el propio COI advierte de la importancia de que todos los atletas tengan acceso a competir, mientras que en paralelo mantiene un silencio sobre Rusia que deja espacio a interpretaciones opuestas. ¿Cuánto más puede el Movimiento Olímpico sostener esta situación sin poner en riesgo la credibilidad de sus principios?




