Unos recientes documentos internos del COI han reabierto un debate incómodo en Lausana con el conflicto de intereses que rodea al veterano miembro Ser Miang Ng (1949, Singapur) y su influencia en el camino hacia los futuros Olympic Esports Games. Las actas filtradas a ‘The Inquisitor‘ apuntan a que Ng habría impulsado la entrada de Virtual Taekwondo, un videojuego desarrollado por empresas vinculadas a sus hijos, dentro del ecosistema olímpico digital.
Ng ocupa posiciones de alto nivel en la estructura olímpica y en instituciones vinculadas al taekwondo, a la vez que su familia mantiene intereses en compañías como Refract Technologies y Pearl Trust, beneficiadas por decisiones relacionadas con los esports. Esta coincidencia de responsabilidades ha elevado la presión sobre el COI, cuya respuesta oficial, limitada a desmentir las acusaciones sin aportar documentación, no ha logrado frenar la polémica.
Un mazazo para la credibilidad interna
La difusión de estas actas ha provocado inquietud dentro del movimiento olímpico. Miembros de varias federaciones reconocen, en privado, que el caso abre dudas sobre el proyecto de esports. La denuncia presentada por un bufete londinense incluía documentación extensa que no habría sido evaluada en profundidad antes de desestimarse. Esta decisión ha reforzado la sensación de opacidad en un momento en el que el COI esperaba precisamente consolidar su credibilidad con el lanzamiento de los Esports Olympic Games.
El impacto económico ha elevado aún más la tensión. Las informaciones apuntan a un agujero financiero cercano a los 20 millones y a la pérdida del patrocinio saudí inicialmente previsto para impulsar los nuevos Juegos de Esports. En paralelo, Ng estaría promoviendo la creación de una nueva federación internacional de esports, algo que analistas interpretan como un intento de mantener influencia en un negocio muy cuestionado por su gestión.
La situación ha generado preocupación entre diferentes actores del deporte internacional, que temen que esta deriva comprometa la integración de los esports en el movimiento olímpico. El desafío ya no es solo financiero, sino también institucional, especialmente en un sector que exige estructuras estables, reglas claras y gobernanza reconocible.
El contraste con otras estructuras reguladas
En este escenario destaca el papel de Vlad Marinescu, presidente de la International Esports Federation (IESF), que durante años ha intentado dotar al ecosistema de esports de bases regulatorias sólidas. Su trabajo ha priorizado estándares de integridad, mecanismos de gobernanza y un modelo federativo con capacidad para evitar precisamente situaciones donde los intereses privados se mezclan con cargos públicos.
La comparación entre ambos modelos ha reavivado el debate sobre qué tipo de estructura necesita realmente el ecosistema digital si quiere formar parte del programa olímpico con garantías. Y, sobre todo, quién debe liderar ese proceso en un momento crítico para el olimpismo digital.




