Los Juegos Paralímpicos de Invierno de Milano Cortina 2026, que se celebrarán del 6 al 15 de marzo, volverán a poner el foco en una de las relaciones más singulares del deporte de alto nivel: la que forman los esquiadores con discapacidad visual y sus guías. En disciplinas como el Para esquí alpino, el Para biatlón y el Para esquí de fondo, ambos compiten como una sola unidad, comunicándose a través de sistemas instalados en los cascos mientras descienden a velocidades cercanas a los 100 kilómetros por hora.
En ese escenario debutarán los canadienses Kalle Eriksson y Sierra Smith, que pondrán a prueba cuatro años de trabajo conjunto en sus primeros Juegos. Eriksson, de 21 años, comenzó a perder visión en 2021; Smith, de 25, dejó atrás su carrera individual tras varias lesiones de rodilla. “Desde el primer día esquiando juntos funcionó muy bien. Tuvimos confianza inmediata el uno en el otro. Es la base de lo que hacemos”, explica ella. Él resume la dinámica con claridad: “Confío mucho en ella para que me lleve abajo rápido y con seguridad”.
Esquiar como uno solo
Durante la competición, la guía desciende por delante y comunica cada detalle del trazado a través de un sistema Bluetooth integrado en el casco. “Soy los ojos de Kalle en el recorrido. Puede ver un poco, tiene un seis por ciento de visión periférica… Me comunico con él todo el tiempo mientras bajamos. No tanto derecha o izquierda, sino cambios de terreno o cualquier cosa relevante que venga en el trazado”, señala Smith. El color rosa intenso de su mono no es casual: fue el tono que mejor distinguía Eriksson cuando comenzaron a entrenar juntos.
En Italia, el vínculo entre Giacomo Bertagnolli y su guía Andrea Ravelli ofrece otro ejemplo de esta coordinación milimétrica. Nacidos el mismo día, 18 de enero, con siete años de diferencia, comparten comunicación constante mientras descienden. “Cuando esquiamos, hablamos. Le digo derecha, izquierda, salta, más rápido, puedes empujar”, explica Ravelli. Para el guía, la exigencia no es solo técnica y física, sino emocional: “Lo más bonito es compartir las victorias, pero hay muchas derrotas y momentos difíciles. Cuando superas los problemas juntos y llega el resultado, es lo mejor”.

Comunicación constante a alta velocidad
En el Para esquí de fondo y el biatlón, la sincronía también resulta decisiva. El finlandés Inkki Inola y su guía Arttu Kaario trabajan para mantener una distancia corta y constante durante la carrera. “Cuanto más cerca, mejor. Si es más de tres metros, es demasiado”, afirma Kaario. Inola subraya la importancia del ritmo compartido: “Es importante que el guía controle la situación. Nuestro ritmo tiene que ser similar”. En estas pruebas, incluso el público guarda silencio para que el atleta pueda escuchar las indicaciones.
Eriksson y Smith, separados por 3.500 kilómetros durante buena parte del año —él vive en Kimberley, en la Columbia Británica—, combinan entrenamientos individuales con concentraciones conjuntas en nieve. El canadiense ha trabajado estrategias para gestionar los nervios y mantiene rituales previos a la carrera. “Siempre me pongo primero la parte derecha: el esquí derecho, la bota derecha, el guante derecho”, cuenta. Una lesión de hombro en octubre obligó a ajustar la preparación, pero en diciembre regresaron al podio con dos platas en St Moritz y después sumaron otra medalla en Santa Caterina.
Más que técnica: confianza y convivencia
La relación entre atleta y guía no se construye únicamente en la pista. En las concentraciones buscan actividades fuera del esquí —bicicleta de montaña, escalada o incluso baile en línea— para reforzar la complicidad. “Ha sido una transición enorme pasar de mi carrera individual a tener ahora un compañero. Me ha hecho redescubrir el amor por el deporte. Estoy muy agradecida de poder esquiar cada día con Kalle y vivir esta aventura”, señala Smith.
En Milano Cortina 2026, el Centro Alpino de Tofane acogerá las pruebas de Para esquí alpino con parejas que descienden unidas por la voz, el ritmo y la confianza. En cada salida, dos deportistas comparten un mismo objetivo y un mismo resultado: cruzar la meta como si fueran uno solo.
