Durante la edición 138 del torneo de Wimbledon, la comunidad local ha intensificado su oposición a los ambiciosos planes de expansión del All England Lawn Tennis Club (AELTC). La propuesta contempla la construcción de 39 nuevas canchas, incluida una pista de exhibición para 8.000 espectadores, en terrenos del antiguo campo de golf Wimbledon Park. Aunque el proyecto busca consolidar el prestigio del Grand Slam sobre césped, muchos residentes consideran que se trata de una transformación desmedida del entorno.
El inicio de una revisión judicial esta semana marca un nuevo capítulo en una disputa que se arrastra desde 2021. Los vecinos denuncian la pérdida de espacios verdes, los 10 años previstos de obras y el posible incumplimiento de un acuerdo firmado en 1993, cuando el AELTC compró los terrenos bajo la condición de usarlos solo para ocio o recreación. A ello se suma la preocupación por el impacto ambiental, la presión sobre la infraestructura local y el precedente legal que podría sentar este desarrollo en otras zonas protegidas del Reino Unido.
Una expansión que divide opiniones en la cuna del tenis sobre césped
El AELTC defiende que el proyecto no solo beneficiará al torneo, sino también a la comunidad. Promete crear un parque público de 9 hectáreas, plantar 1.500 árboles y destinar seis millones de libras a la recuperación del lago de Wimbledon Park. Además, estima que generará 336 millones de libras anuales en beneficios y decenas de empleos permanentes y temporales. El director del torneo, Jamie Baker, recalcó que la organización escucha a los vecinos y busca el mejor resultado posible para el área y el país.
Sin embargo, las voces críticas persisten. Activistas como Gary Forde, del grupo Save Wimbledon Park, alertan sobre el riesgo de que se vulneren las protecciones de suelo verde metropolitano. Otros residentes temen una década de molestias, contaminación y sobrecarga urbana, mientras que algunos, como el entrenador de tenis Matt, valoran el acceso público al antiguo campo de golf. Entre el desarrollo deportivo y la preservación ambiental, Wimbledon enfrenta un complejo punto de inflexión que redefine su identidad local y global.




